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A B G, M A R T E S 22 D E J U L I O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 17. expresó a bordo del transatlántico inglés en que retornaba a España. SANTANDER RECIBE C O N ENTUSIASMO A L M O N A R C A E l aspecto de la ciudad. L a entrada del Arlanza Desembarca el R e y Llegada a la M a g d a l e n a E l R e y expresa su satisfacción. E l c a p i tán del Arlanza habla del viaje de S u M a j e s t a d E l aspecto de la ciudad T Santander 21, 9 mañana. E l domingo amaneció un día espléndido. E r a uno de esos días maravillosos y de sol y cielo claro, que son tan frecuentes durante el verano en Santander. Desde primera hora comenzó a notarse animación en las calles, bajando las gentes al Paseo de Pereda y a los muelles desde todas las partes de la población. A las ocho presentaba ya ésta un aspecto anima. dísimo. Las Bandas municipal y provincial recorrieron las calles tocando alegres lianas, a cuyos ecos se lanzaban a l a calle los últimos perezosos. Todos los balcones de las casas comprendidas en la zona marítima, desde la Ribera hasta la Magdalena, lucían colgaduras. E n los edificios públicos ondeaba l a bandera nacional. Todos los barcos surtos en el puerto estaban engalanados con el telégrafo, de banderas. E n la parte norte del Club Marítimo había sido colocada una empalizada con vistoso toldó, para que se resguardasen del sol las entidades y corporaciones, a las que se había destinado aquel lugar por no haber cabida suficiente en los salones de la aristocrática sociedad. De acuerdo con lo dispuesto por- el gobernador y el alcalde, en el Real Club Marítimo sólo entraron los socios y los presidentes de las corporaciones y entidades de la población que tomaban parte oficialmente en el recibimiento. Acudieron a esperar al Soberano todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la provincia, representantes de todas las entidades, Cuerpo consular y personalidades más destacadas en todos los órdenes de la vida nacional. P a r a no hacer muy prol i j a la lista y no repetir nombres tan conocidos, o sea. los de las aludidas personalidades, citaremos solamente al capitán general de la región, duque de Maura, conde de Casavelarde, marqués de Haza, conde de la Barcena y D. Francisco A r i t i o Además se encontraban en la toldilla del Club Marítimo el jefe de l a división de cruceros, contraalmirante D. Adolfo Suances, con su ayudante, D Teodoro de Leste, y los comandantes del Almirante Ccrvera, don Francisco Márquez: del Príncipe Alfonso, D. Félix González Castañeda; del Méndez Núñes, D. Demetrio López Tomaseti; del Miguel de Cervantes, D. Julio Suances (hermano del contraalmirante) y del Blas de Lezo, D. Sebastián González. Hallábanse también en el Club un núcleo de aristocráticas damas. Había sido engalanado el Club Marítimo con banderas de distintas naciones, cubriendo la barandilla. E n el palo se había izado l a bandera de la Sociedad, y de las jarcias colgaban numerosos gallardetes. A medida que avanzaba la mañana la multitud se dirigía en grandes masas a lo largo de los muelles de Mañiaño hasta Huerto Chico y desde el espigón hasta el dique. U n enorme gentío se estacionó en el espléndido mirador de l a avenida de l a Reina Victoria. L a cinta humana, muy compacta, se desarrollaba en tina longitud de más de cinco kilómetros a la orilla del mar. E n la avenida de la Reina Victoria se estacionaron centenares de autos particulares, esperando el paso de la regia comitiva. L a entrada del Arlanza A l cortar majestuosamente el Arlanza l a línea que parte de l a península de la Magdalena y llega al faro de Mouro estableciendo la entrada del puerto, el espectáculo fué maravilloso. Sobre una terraza del parque de la Magdalena, la Reina con sus augustos hijos y todas las personalidades palatinas saludaban emocionados al Rey, que se hallaba junto al capitán del Arlanza, con el presidente electo del Brasil y la esposa de éste, en el puente de mando. Venía tan cerca, de tierra el barco inglés que el augusto viajero pudo saludar á su Real Familia de viva voz y sin hacer g r a n des esfuerzos, pues las frases llegaban ciarás del puente a ¡a terraza. E n este momento eran las nueve y treinta y cinco de la mañana. El Arlanza traía izado el pendón morado de Castilla en el palo mayor; y la bandera inglesa en el de mesana. A l pasar frente a Palacio saludó a la Real Familia con la bandera de su país. Obedeciendo a una maniobra que se realizó matemáticamente, los barcos pesqueros de Santoña y Laredo, que aguardaban fuera del puerto (adornados los vapores con banderas, en las que se leían cariñosas inscripciones de saludo al Rey) se unieron al buque la flota pesquera santanderina, procedente del fondo de l a bahía y engrosada por barcos boniteros de Ondarroa, Lequeitio y otros puntos vascos, y rodearon materialmente al Arlanza. E r a un verdadero enjambre, rio sólo por el aspecto diminuto de las embarcaciones al l a do de la mole del transatlántico, sino por la especie de zumbido incesante que hacían con sus sirenas. A medida que avanzaban todos estos barcos se unían a ellos los demás que. habían acudido al recibimiento y de los cuales he- mos hablado en párrafo anterior. Dos grandes yates de recreo, uno español y otro inglés, precedían a esta que podríamos llamar caravana marítima, y como si le abrieran paso. r r E l aspecto de la bahía Surcada por centenares de embarcaciones, animada con la presencia de los buques de guerra, de numerosos barcos mercantes y de los yates de recreo y balandros, la bahía presentaba un maravilloso aspecto. Sería preciso una descripción poética para dar idea al lector del cuadro incomparable de esta mañana espléndida de color y de luz, pues aun las fotografías no pueden recoger la magnífica imagen de que gozaba la vista de los miles de espe ctadores. Habituados los santanderinos a la contemplación diaria de su espléndida bahía, no éramos, n i aun en esas circunstancias excepcionales, los admiradores más entusiasta. Los elogios más cálidos los hemos escuchado de labios de forasteros, sobre todo de quienes admirados del panorama incomparable de esa soberbia cornisa que es el. paseo de la Reina Victoria, que aparecía el domingo como una arteria de gran capital por su animación y por el tráfico. A l dar las nueve se oyó el disparo de la bomba, y en ese momento las embarcaciones que, dispuestas para el recibimiento, y después de tomar a bordo a los invitados se habían situado frente al Club Marítimo, pusieron proa hacia el Abra, pues aquella era la señal de haberse avistado el. Arlanza. Aquella flotilla, que sumaba cerca de dos centenares de unidades, se componía de vapores y lanchas motoras, fletadas por particulares, y todos los vaporcitos del gremio de pescadores de Santander, más los gánguiles de la Junta de Obras del Puerto, a cuyo bordo iban las representaciones de los gremios femeninos populares (pescadoras, cigarreras, betuneras y modistas) los remolcadores, canoas automóviles, gasolineras, p i raguas, etc. Todas estas embarcaciqnes, engalanadas con banderas y gallardetes, estaban materialmente abarrotadas de gente. E n uno de los remolcadores se hallaba la Banda del regimiento de Valencia, que tocaba sin cesar, para dar más alegría al conjunto. Buque de mucho andar, el Arlanza avanzaba rápidamente hacia la boca del puerto. A las nueve- y media de la mañana pasaba la barra. Salvas Se esperaba, y así lo anunciamos en el número del domingo al dar cuenta de las disposiciones relativas al recibimiento, que el Arlanza fondearía en la boya de los correos, en San Martín. Esta era l a creencia del público y de las autoridades. Pero el transatlántico rebasó la boya y siguió avanzando, lo que produjo gran alegría en el público, porque se iban a poner de manifiesto una vez más las excelentes condiciones de nuestra bahía para el tráfico de los buques de gran porte, pues era evidente que el Arlanza proponíase atracar a los muelles. L a participación de los pescadores A l seguir su marcha el correo inglés fué desfilando, como si les pasara revista, por en el recibimiento delante de los cruceros de guerra españoles. Las autoridades, todas las entidades de A l llegar a l Cervera, que es el que está en Santander y el pueblo entero han puesto de primer término, rindió este buque la insigsu parte todo lo posible para dar brillantez al recibimiento de S. M el Rey. Pero se nia de almirante que arbola, y disparó veintiún cañonazos. L a tripulación, formada en han destacado, sobre ledo, los gremios de cubierta, dio los burras de ordenanza. Su pescadores de Santander, Santoña y Laredo, cesivamente fueron rindiendo éstos honoque dejaron el domingo de ir a la malres los otros buques. para sumarse con todos sus barcos- lo que es mejor aún, con todo su corazón- -a este A l efectuarse las salvas, el Rey y las perrecibimiento memorable, que sólo admite sonas que le acompañaban en el puente se comparación con el que el pueblo de Santandescubrían. der, siguiendo las inspiraciones y- ¡a direcElcañoncito del Club Marítimo disparó ción del Monarca y compenetrado con su estambién veintiún cañonazos. píritu de amor a América, tributó hace a l- Fueron estos momentos de emoción y. de gunos. años al presidente de l a República grandiosidad y para la multitud qué se haArgentina, doctor Marcelo Alvear. llaba en los muelles un. espectáculo inolviA los pescadores santanderinos, laredadable. n p s y santbñeses, se debe el calor del. reciL a muchedumbre prorrumpió en vítores bimiento hecho en el mar a Su Majestad. y aplausos. E l ruido de las sirenas de los Esto ha sido también lo que más vivamente barcos y disparos de cañonazos y cohetes era ha emocionado al Monarca, según él mismo verdaderamente ensordecedor. 1
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