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A B C. MIÉRCOLES 23 D E J U L I O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 entre el parvenú y el noble de rancio abolengo. Por eso España constituye l a obsesión y es l a pesadilla de cuantos extranjeros nos conocen, pues de igual modo que su suelo, en la múltiple variedad de aspectos, es compendio de las más sorprendentes bellezas naturales en sus ciudades ha quedado l a huella de la civilización romana, de la árabe y de la cristiana, con toda su diversidad de matices y de cruzamientos. H a sido restaurado el famoso paraninfo de la Universidad alcalaína, y eso no basta. Es preciso reconquistar igualmente la ciudad, devolverla el contenido espiritual a que es acreedora por su gloriosa significación histórica. H a y ciudades españolas que, por su tradición y por su alcurnia, son a l a vez museo, relicario v libro abierto, en el que todavía se puede leer el pasado. Así Toledo, Salamanca, Santiago de Comppstela, Granada, Córdoba y muchas más. Alcalá de Henares es una de ellas. Alcalá era ya A l c a lá, cuando M a d r i d empezaba a ser Madrid, y no creo que sea necesario mayor esclarecimiento para que el lector comprenda el alcance de esta afirmación. Pues bien; aun sin todas las prodigiosas fundaciones de Cisneros, bastaría solamente con haber sido la cuna de M i g u e l de Cervantes, para perpetuar su nombre y para que la privilegiada ciudad del Henares brille como luminar esplendoroso en el firmamento hispano. Pero es que Alcalá es ambas cosas a la vez: fué la Atenas española durante cientos de años y es la ciudad en que v i o l a luz el genio más peregrino de nuestra raza, símbolo de nuestra ideología y de nuestra lengua, valor representativo de tal universalidad, que su hegemonía se sostiene incólume en todo el vasto imperio de la civilización española. Por eso, además del paraninfo, hay que habilitar e infundir nuevo espíritu s todos los venerables monumentos a que dio vida el cardenal y que todavía se conservan en pie. pero 011 e son cuerpos sin alma. D e igual modo que ya ha servido no hace muchas semanas el histórico paraninfo de lugar apropiado para la sesión de clausura de u n Congreso de Abogados, puede habilitarse en lo sucesivo para otros actos de elevada significación académica e intelectual, cosa nada difícil, ya que la rapidez de las comunicaciones hace que Alcalá de H e n a res sólo diste media hora de M a d r i d por carretera. Y en otro orden de ideas y concepciones, lo mismo que Strafford ou A v o n es en Inglaterra para los admiradores de Shakespeare puede ser Alcalá de Henares l a Meca de los cervantistas, pues ya que la fatalidad hizo que se perdiera l a tumba del autor del Quijote la suerte ha permitido que se halle en pie, en la parroquia de Santa María, la pila en que recibió Cervantes las aguas bautismales, y si a esto se uniese la creación de la Casa de Cervantes y de! Museo Cervantino, no hay para qué decir lo que todavía podría llegar a ser la belia ciudad del Henares. E n un curioso manuscrito que, como tantos otros españoles, se conserva en el B r i tish Muscum se afirma que en la época de su mayor esplendor había en Alcalá más de 6.000 escolares; otros autores elevan l a cifra de estudiantes a 10.000. ¿Tendría Cisneros la visión de la C i u dad U n i v e r s i t a r i a? A s i se pregunta muy atinadamente un conspicuo periodista alcala mo en un reciente trabajo que ha visto la luz en El Eco Complutense. Pero sea de ello lo que quiera, y sin descartar la h i pótesis de un resurgimiento de Universidad no lejos de la capital, pero apartada de su bullicio, lo cierto es que, con un poco de buen deseo y un mucho de buena voluntad, Alcalá, a media hora de M a d r i d puede recobrar nueva vida, vigorosa y pletórica. De esta manera l a expansión de Madrid, como sedante para el ajetreo cortesano, podía tener estos cauces: el de Toledo y el de E l Escorial, que ya tiene, o sea la revisión de los períodos más accidentados de nuestra historia desde l a Reconquista hasta la grandeza austríaca y la severa majestad que el espíritu tétrico de un Monarca supo infundir en medio del paisaje adusto al ciclópeo monumento; el tercer cauce no rememoraría batallas, ni luchas, ni asaltos; no se apoyaría en viejos murallones ni haría refugiarse al espíritu en los sosegados claustros ni en las naves catedralicias, sino que traería a su evocación los avances de la cultura, las grandes conquistas realizadas por l a i n teligencia, simbolizadas en Alcalá de Henares por unos cuantos nombres gloriosos, y sobre todos ellos el de Cervantes, por unas aulas famosas, por la Biblia políglota, pollos venerables documentos depositados en sus archivos y per l a s obras de los editores complutenses del periodo de grandeza, esmeradamente coleccionadas y conservadas. No se ha hecho todavía a Alcalá toda la justicia a que es acreedora. A. RAMÍREZ TOME -U n a flor- -añadió la hija- -puesta en uri vaso de cristal tallado, lleno de agua transparente, en donde las rosas se aniquilan, a puro exhalar perfumes. L A M A D R E (entrometiéndose) -Aromas de- liciosos son estos suaves olores que no se acaban nunca en Málaga; empiezan en la Alameda... en la calle de Larios, en... e n L A NIÑA (no queriendo perder la carrera comenzada) -Y terminan. en el valle de los Galanes, donde se concentran en nubéculas; para recorrer montes, -laderas, cortijos y luego sahumar las olas del mar. L A MADRE (acentuando el picadillo) -Olas que son montones de luz azulada, llena de boquerones de plata. ¡U n a maravilla de sabrosos pescados! L A NIÑA (tomando más brío) ¡Mamá! No olvides los chopitos, que, van a flor de agua, vestidos de blanco, diciendo: ¡Contedme! ¡Qué ricos! Con su gris capucha de fraile y sus tentáculos vibrátiles. ¡Sembrador de ventosas! L A M A D R E (en el colmo del paroxismo) -Más ricos son los chanquetes. L A NIÑA. -No. Aproveché l a ocasión de l a disputa y pregunté: ¿Y no hay cuestiones obreras en M á laga? L A MADRE (poniéndose muy seria) -En Málaga no hay cuestión social, n i paros forzosos, ni huelgas; los obreros son señores... L A NIÑA (fingiendo cerezas con los rojos labios) -Y les ricos, príncipes. L A M A D R E ¿Y el sol? ¿Y los tornasoles del aire: ¿Y el escarchado de estrellas? L A N I Ñ A Aquéllo es gloria p u r a! A la caída de la tarde, Dios en persona se pasea por la Caleta y el Limonar, para saturarse, de brisa marina. L A MADRE. -Cuando la V i r g e n baja a l a tierra, toma por trono la Cozacha. L A N I Ñ A -D s d e allí se ve toda España, y la costa de África, y el mundo entero. No hay balcón como ese. E l miradero de la nación española, la más grande del U n i verso. L A M A D R E ¿Y el Parque, la Caleta y el Puerto, que parecen una cuajada de piedras preciosas, un airón construido con soles, arco iris y luceros? L A NIÑA. ¿Usted ha visto nunca una imagen divina, la More é Dio que llore y ría al mismo tiempo? Yo, que, por fin, puedo respirar: -E s o es imposible. L A N I Ñ A ¡Pues ahora la verá usted en Málaga, alma mía! H a y una V i r g e n que, si usted se aleja de la- hornacina, sonríe, y si usted se acerca al altar, Hora lágrimas de diamantes. ¡Será barbiana castiza la Virgen de mis entretelas Desde aquí la beso. L A M A D R E -É s a es l a Patrona de las mujeres de Málaga; la que, forma su carácter de corderas o leonas. ¿Te; vas? Pues me río; porque nada vale t u inconstancia. ¿Vuelves? Pues lloro de. alegría, porque esa fidelidad era lo que yo ¡buscaba. L a risa es desdén; las lágrimas, agradecimiento. Acerqúese usted al altar y verá- usted cómo se transforman en brillantes, las lágrimas de la que es consuelo de- afligidos, esperanza de desdichados, directora y madre de corazones que aman. Fué un almuerzo delicioso; yo hubiera estirado postres y café h asta el fin de los siglos; pero el padre, que no hablaba nunca, pronunció por excepción algunas palabras que imponían el término de la escena. Debíamos i r juntos a visitar al ministro y este recuerdo importuno dio fin al banquete. P e r o no hay mal que por bien no venga; x 1 LA MADRE. -Sí. BROCHAZOS TEMPLE M á l a g a la bella AL M e nombraron gobernador de Málaga, cuando yo esperaba ser archipámpano de Toledo. M e resigné, murmurando para mi gabán de entretiempo, porque estábamos en primavera. -Contentémonos, y que cada zurdo hile- -como con más claridad y desparpajo dijo Sancho el Bueno al censurar las entornapuertas, hurtacabezas y malandanzas venteriles. Sobre mi conciencia, exigiéndome atención, se esculpió aquel vieio- -temeroso- -refrán que dice: M a t a al Rey y vete a Málaga Luego diré cuan calumnioso es el aforismo popular. Entre los obsequios que se me hicieron antes de emprender el viaje, recuerdo un almuerzo en casa de cierto matrimonio andaluz, el cual tenía una hija hermosa, gentil y parlanchína, verdadera perla sacada del mar de la ilusión; es decir, el golfo de Málaga. L a madre tampoco dejaba en paz el gracioso ceceo, moviendo de continuo los fanales de sus ojos, que eran para cegar a un cartujo; pero la niña, que copiaba la gracia de la madre con las creces que añaden los pocos años a l a hermosura, era más andaluza que el primer vándalo, con escudo y framea, que se apoderó a traición de la tierra de María Santísima y le dio nombre. Por fortuna, el padre, aunque andaluz, era de tierra adentro, y mascaba con d i ficultad vocablos, manjares y frutas, cuya trituración retardataria daba espacio suficiente para que madre e hija, reincidiendo en sus despeños y carreras, se atrepellasen en su espontánea oratoria, tan notable como i m pensada. Aproveché un descuido de las dos fuentes sonoras, inagotables, y pregunté casi medroso de cometer una imprudencia: ¿Pueden ustedes decirme cómo es Málaga? -Málaga es una flor- -dijo la madre sin pestañear.
 // Cambio Nodo4-Sevilla