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A B C. M I É R C O L E S 23 D E J U L I O D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 11 EL DEPORTE EN EL EXTRANJERO causas que originan Jos AUTOMOVILISMO Las múltiples accidentes en carretera A l referirse a los accidentes que ocurren en las carreteras y de automóviles, es necesario hacer una comprobación previa, dice una revista italiana. N o es cierto que el automóvil ocasiona mayores accidentes que los coches tirados por caballos. Para hacer una comparación exacta, deberla tenerse en cuenta, no sólo el número de los vehículos, sino también su recorrido, porque un coche tirado por caballos tiene un recorrido mucho menor que el de un automóvil, sin considerar que la estadística es favorable a éste. E n el año igoy, en condiciones medias, se han comprobado dos accidentes por cada mil vehículos de tracción a sangre, y 1,88 por cada mil automóviles. Por consiguiente, el automóvil es menos peligroso que los coches a tracción animal, a pesar de su mayor velocidad; evidentemente, éste está más que compensado por sus particulares medios de protección, frenaje, etc. Vamos a hacer ahora un poco de análisis de los accidentes. U n accidente puede o c u r r i r por causas debidas al estado de la carretera; a defectos del motor; a las condiciones de uso del vehículo; a las del fondo de la carretera; a la culpa del conductor; a circunstancias fortuitas. Examinaremos brevemente estas diversas causas de los accidentes. Las carreteras, por su construcción, dan origen a u n í serie de accidentes cuya causa es fácil de encontrar. Las carreteras no han sido construidas para los automóviles, sino para los transportes a tracción animal; esto es, para vehículos mucho más lentos. Por otra parte, se han construido cuando la población y los intercambios eran sumamente inferiores; es decir, para un movimiento mucho menos intenso, y, por consiguiente, crean en las condiciones actuales peligros dependientes sobre todo de su propio trazado. Los inconvenientes debidos al trazado de la carretera se presentan principalmente en las curvas, y se deben a varias causas. Por ejemplo, a la falta de visibilidad de lo que se encuentra al otro lado de las curvas. E n este caso el conductor se encuentra precisamente en las mismas condiciones en que se hallaría si por un accidente cualquiera no pudiera ver más que a pocos metros de distancia. Evidentemente, para evitar siempre posibles accidentes, es necesario que el conductor regule la velocidad en proporción a la visibilidad. Otro de los efectos de un mal trazado depende de que el radio de la curva se restringe, de manera que la curva disminuye de radio; en este caso es fácil que un coche veloz salga de la misma. E n Italia se trabaja activamente en mejorar las carreteras en estos dos puntos, y se puede esperar que con el auxilio de los carteles indicadores, que se van colocando ahora con método y raciocinio, los accidentes serán evitados en los caminos de gran circulación. N o es probable, en cambio, que el trabajo que se va haciendo hoy pueda extenderse a los caminos de importancia secundaria, pero la circulación sobre los mismos deberá ser reglamentada por largo tiempo en for- ma diferente de la que rige para las carreteras principales. E l paso a nivel representa también un peligro desde dos distintos puntos de vista. Ante todo, muchos pasos a nivel están s i tuados en forma que sólo pueden ser vistos en el último momento. S i n embargo, hoy las guías de carreteras indican los sitios de los pasos a nivel, por lo cual el conductor puede darse cuenta con anticipación del lugar donde debe encontrarse uno de ellos y prepararse, y por otra parte, los nuevos sistemas de los carteles indicadores sirven de modo bastante seguro para este objeto. E l paso a nivel constituye todavía un peligro porque muchos de ellos, especialmente sobre- Tos caminos secundarios, no son vigilados; y el conductor mismo, antes de pasar, debe mirar si algún tren está. por llegar, lo cual muchas veces no es fácil, por cuanto la visibilidad lateral es escasa. Naturalmente, todos los accidentes que pueden ser debidos a la naturaleza de los caminos no solamente son originados por esta causa; si. así fuera, ésta no sería irremediable. Todos los accidentes son, sin embargo, evitables si el conductor tiene la habilidad y la prudencia suficiente; es cierto que en las condiciones actuales la prudencia requerida es algunas veces excesiva. Además del camino, también la máquina puede causar accidentes, pero éstos ahora se han reducido a un número muy insignificante por el per feccionamiento dé este factor, que puede ser comprendido en los casos fortuitos inherentes a cualquier manifestación mecánica. L a rotura de una de las varillas de d i rección o de los frenos se reduce ahora a proporciones ínfimas, y pueden evitarse con tan pequeño cuidado que no deben registrarse más entre los casos normales; también el repentino encandilamiento de los faros, que constituye un real peligro, hoy día es casi desconocido. Por lo tanto, Tos accidentes debidos a las condiciones, de. l a máquina pueden circunscribirse a los que derivan de la rotura de un neumático. Pero ni éstos son hoy frecuentes; en nueve casos sobre diez se a t r i buyen a la rotura de los neumáticos los accidentes que dependen de otras razones y en los que la rotura de los mismos es la consecuencia y no la causa del accidente. Quizá un porcentaje de casos es atribuíble a los neumáticos, pero no puede considerarse un accidente inevitable. E n efecto, ni la pinchadura de un neumático, que es inevitable y lo hace desinflar, ni las desgarraduras mayores o menores producidas por un vidrio o un guijarro son tales que puedan causarlo tan rápido que constituya un peligro para el conductor que conozca apenas su oficio. E l peligro surge solamente cuando hay una explosión que en una fracción de segundo pone en contacto las dos paredes de la cámara. Entonces la explosión ele un neumático normal, en buenas condiciones, debe relacionarse, como sucede frecuentemente, con los otros accidentes mecánicos del coche, porque si es posible que un neumático normal y aparentemente en buenas condiciones explote por un defecto de construcción, el hecho es más que raro. L a explosión se debe al uso de neumáticos que han perdido toda su goma y cuyas telas interiores comienzan visiblemente a. romperse, y que continúan prestando servicio sin que se tome precaución alguna, o al uso de neumáticos muy viejos y que se utilizan aún por un falso criterio de economía, porque los pocos kilómetros extra que pueden rendir son más que compensados por el deterioro de la cámara y por los gastos que su reparación demande. E n consecuencia, también para este gé- ñero de accidentes hay que aceptar- -salvoi el porcentaje de accidentes inevitables en todas las actividades del hombre- -que sorj debidos a un erróneo criterio del conductor, Vienen después los accidentes debido verdaderamente a las condiciones de uso del vehículo. Primeros, entre todos, son los que acontecen por efecto del camino lateral. Aquí, llegamos, en realidad, a l tema del accidente. E l conductor que maneja su coche por la carretera libre, aun a gran velocidad, no solamente está en su derecho, sino que conduce; su coche como debe hacerlo. Luego existen los accidentes debidos a la culpa de los conductores, de aquellos que guían su coche a una velocidad excesiva en relación a la capacidad y al tipo del mismo. E s evidente que, según el coche, según la práctica, según la sangre fría del conductor, y las mismas condiciones de la carretera, puede alcanzarse mayor o menor velocidad para estar en condiciones de evitar cada peligro. Cuando se hace aquello que no se debe hacer se va a peligros que no pueden atribuirse al medio de locomoción. O t r o tanto debe decirse de los accidentes que ocurren cuando se trata de cruces visibles de carreteras importantes. Y esto porque ni el cruce de los caminos ni el de los vehículos es un peligro fatal; bastaría que cada conductor disminuyera convenientemente su velocidad y que tuviese mano apropiada para evitar cualquier posibilidad de peligro. Diversas son, en cambio, las circunstancias cuando se trata de pasar a otro coche o vehículo, y esto porque no siempre se puede estar seguro de que el conductor de una máquina que precede, el carrero, que guía un carro o el que dirija u n coche cualquiera, ha visto las señales que se le hanl. hecho. Por otra parte, si la vía es libre, no se puede pretender que el autqmóvil continúe permaneciendo detrás del. carro o de otro vehículo simplemente porque el conductor de éste no demuestre explícitamente haber entendido la señal, y desgraciadamente no es raro el caso que en el mismo momento en que se está por pasar a un vehículo éste corte el camino en forma de hacer, algunas veces, inevitable un accidente. Además, para adelantarse, aun debiendo en el momento de cruzarse los vehículos d i rigirse pronunciadamente hacia los lados de la carretera, encuentran generalmente un terreno menos propicio, que puede desviar la máquina. Aquí deben venir en socorro del conductor de un automóvil el golpe de visita, el sentido de la carretera, para juzgar si es posible o no sobrepasar. H a y otros accidentes, y generalmente los más graves, que son debidos a la culpa del conductor. O se trata de un conductor que quiere adelantarse a cualquier precio, en un momento impropio, por ejemplo, cuando la polvareda le impide ver si l a vía está libre, y que se encuentra después frente a otro vehículo que viene justamente sobre la misma mano y que no le fué posible notarlo. O bien se trata de quien quiere sobrepasar en una curva, mientras no puede ver si un vehículo viene sobre la misma mano por la parte opuesta, o lo encuentra de frente en el momento en que se halla entre el otro automóvil y el borde de la carretera y no tiene ningún sitio donde resguardarse. E n este caso la culpa del conductor es evidente; no se debe pasar a un coche si no se tiene suficiente visibilidad.