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l Arche, ¿no alude por modo manifiesto al baile y a lo que, en las actitudes y pasos del baile, puede todavía considerarse sagrado? Las curiosidades, las amenidades, los diletantismos, las malicias, las gracias pueblan este singular librillo, miscelánea de temas sobre erudición religiosa. Cierto delicado esnobismo asoma entre ellos, inclusiv e asoma y no es rechazado. Y si la apología de San Felipe N e r i el santo predilecto de Goethe, y que figura en los Divertissements como patrón de los humoristas responde a intereses esenciales y pérmañejítes de la vida cristiana y a la necesidad de desvanecer juntamente alguna mala interpretación, localmente francesa o bien ochocentescamente romántica, a que se le a t r i buye calumniosamente la exigencia de g r a ves tiesuras o de melancólicos humores; no puede negarse que la rememoración del Frere Fiacre tiene, hasta cierto punto, el tono y versa sobre las materias que podrían agitar, junto a la chimenea de un salón monárquico, dos señoras circunspectas del mejor mundo. Pienso, cuando escribo- -como tantas veces cuando escribo otra cosa- en nuestro Meriendes y Pelayo. E l historiador de El sentimiento religioso en Francia tiene quizá de común con el historiador de Los heterodoxos españoles una especie de estética corrí placencia por aquellas zonas arriesgadas de la literatura religiosa en que es preciso andar entre herejes, como el mundano o el extranjero en trance de realizar una tour née des Grands Diics anda entre apaches. Sólo que, dentro de esa clientela de lo- que llamaríamos e l m a l v i v i r devoto Menéndez y Pelayo, bravucón, prefiere habérselas con ios más chulos; el abate Bremmond busca los más equívocos, los más raros, los másfalots y desvaídos. Así, cuando la crítica del uno amenaza- constantemente con el drama, la crítica del otro no se rehusa las frivolidades del entremés. L A SOLITARIA D E L A S ROCAS. -Como entremés, lo será, si acaso calderoniano, esta Solitaria de las Rocas, verdad o ficción, con su aire salvaje, sus zapatos de raíces, una ardilla montada en el nombro y el esqueleto de tina ahorcada puesto en bandolera esta penitente de los Pirineos cuyas cartas al padre L u c de Bray ocupar o n en su tiempo tantas imaginaciones noveleras e hicieron correr en abundancia l a S E V I L L A L A PROCESIÓN D E H O Y tinta de las copias, antes de que fuera dedicada! a su honor la de las ediciones, puI M A C E N D E N U E S T R A SEÑORA D E L C A R M E N Q U E SE V E N E R A E N LÁ I G L E S I A D E LOS blicadas ya en el Setecientos, y la de los P A D R E S C A R M E L I T A S C A L Z A D O S D E L B U E N S U C E S O Y Q U E S A L E PROCESIÓN A L M E N T E comentarios doctos, escritos en el Ochocientos por los amigos de la historia del ESTA T A R D E F E S T I V I D A D D E SAXTTAOO jansenismo. Entremés calderoniano, imagen jcritores y el de los profesores, mo puede claramente barroca. Aquí está, a su lado, GLOSAS y trascender seriamente al uno o al otro. P o r Segismundo, entre rocas también. Aquí R o E L A B A T E B R E M M O N D N o es im- 1 su lado, si Maritain ha comprometido ex- binson- -probablemente versión laica y b r i posible que, a l hablar de La solitaria de la cesivamente su propio porvenir en el porve- tánica de lo mismo, del mismo espíritu, del rocas, la atención maliciosa y vigilante con- nir del escolasticismo, otras individualidades mismo estilo, a que la Solitaria debe la vercedida a las relaciones de este curioso epis- literarias sugestivas, incurables én su lige- sión jansenista y devota. Aquí está el H o m tolario seiscentista con el jansenismo haya reza, en su adolescencia, hasta en su acro- bre Selvático el IVilderman de las germádistraído al señor abate Bremmond de con- bacia, no alcanzan a convertir, por falta de nicas fantasías, que todavía- da nombre a siderar el problema como caso de historia compromiso, de responsabilidad precisamen- tantos hoteles provinciales en Alemania... ele i cultura dentro del capítuio de la evolu- te, esta sugestión en atracción... H e aquí E l Wilderman de que todavía hemos conoción de la sensibilidad barroca o, si se quie- una personalidad religiosa, sin embargo, cido la decadencia en las ferias, con aquel re, romántica... Porque la visión de los ár- que ha conseguido, a pesar de las múltiples Rama Same que visitó, a fines del siglo paboles, no sólo puede tapar la del bosque, inevitables limitaciones de l a labor propia, sado, tantas ciudades españolas y estuvo a sino que oculta y hace olvidar, de ordinario, crear una verdadera atmósfera en torno de pique de arraigar en el folklore de lá i n su espiritual alentar: no sólo detrás de la fancia, de donde sólo pudo destronarle otra la de sus propias raíces. Pero digamos una palabra acerca de la famosa querella dicha de l a poesía p u r a imagen, otro mito, en él transformado sobre figura del abate Bremmond y de su recien- aparece hoy en F r a n c i a- -y a ba. 10 especie de el dato de una anécdota criminalista de l a te libro Divertissements devant l Arche. A l- presencia, ya de sombra, ya de rastro- -la época, aquel Ravachol casi convertido en guien ha hecho- notar la actual carencia, en figura del abale Bremmond. designación genérica, símbolo del primitila literatura de Francia, de personalidades vismo desencadenado. influyentes. Cierto; lo que, para un inmedia DIVERSIONES A N T E E L A R C A L a Solitaria de las Rocas tiene un lugar to ayer, representaron un. Barres, un F r a n- Y aparece corrigiendo con su personal en la mitología barroca del mundo. Merece ce, nadie lo representa ya. L a lección de ejemplo las respectivas deficiencias de los que se le reconozca, por encima de los meMaurrás es demasiado concretamente polítir últimos aludi s, onerado con las cargas nosprecios- -desde el punto de vista justifica; la de Gide, demasiado oscilante y espe- de una solvencia, a la vez que capacitado, cados- hechos a la verdad de su existencial, y, para decirlo todo, demasiado antipáti- si puede sin irreverencia decirse, para los cia y al valor de su teología por la pluma ca; Valery está solo; Valery- Larbaud, es- juegos de una acrobacia. E s él, téngase en autorizada del aba- te Bremmond. condido; Alain, metido en una capilla; Ben- cuenta, el primero en decirlo. E l título de su da, en la frontera, entre el mundo de los es- volumen reciente, L ertisjements devota EUGENIO D O R S