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SEVILLA. r. I. A KII. HSIA DE SANTA ANA, I MINADA. L A S TÍPICAS 2, l. A TOS S A N C T I P Z V E L A D A S TR 1 A Ñ E R A S DE TJKT, L A 0 APIT. 1. TTA PANDO) CARMKX, K N Kl. Pl KXTK t E TRTANA ITXMINACIO. V LAS T Í P I C A S V E L A D A S T R I A N ERAS Las veladas de Santiago y de Seña S Antaño, que, con tanto rumbo como entusiasmo, se celebran en el populoso barrio de Triana, constituyen su fiesta mayor. Ninguna de las otras fiestas, con ser ellas tan populares y tan tipicas y tan alegres, alcanzan a un grado de exaltación y jolgorio y regocijo como el que llega a sacar de sus casillas, no sólo a los trianeros, sino a la gente m á s festera de toda la ciudad. Todo buen hijo de T r i a n a es un ferviente devoto de la morena Abuelita de Jesús y por ella siente profundas veneraciones. Palmarias pruebas son los suntuosos y espléndidos cultos que en honor de Santa A n a se celebran con ocasión de su día en la parroquia de su nombre, tan bella y tan rica como una Catedral. Su edificio, mandado edificar por el Rey Alfonso X el Sabio, es uno de los m á s bellos tesoros arquitectónicos del siglo X I I I encerrando el renombrado cuadro La Virgen de la Rosa, de A l e j o F e r n á n d e z otras muy interesantes pinturas de Campaña, y azulejos primorosos, de las mejores épocas, fabricados en los alfares trianeros. Colócanse para los cultos a las peregrinas imágenes de Santa A n a la Virgen M a r í a y el N i ñ o Jesús en un magnífico altar de plata, primorosamente cincelada y repujada, y esplendente como un sol en mediodía canicular. Y luego, en la noche maravillosa del día de la Santa, se suele sacar en procesión, algunos años, a aquellas bellas imágene? qué constituyen uno de los m á s interesantes grupos escultóricos del arte religioso. E l vecindario de Sevilla que habita la parte frontera al barrio trianero también sintió siempre profunda devoción por Santa Ana, y en un principio acudía en romería para asistir a los cultos, prestando a l a r r a bal co n su presencia una inusitada, anima; ción. A esta alegre y devota romería se refiere el poeta sevillano Micer Francisco Imperial, en uno de sus m á s bellos y expresivos versos, describiéndola con detallados pormenores y ensalzando la hermosura de una dama sevillana, que conoció entre los romeros. D e s p u é s s e fueron, colocando puestos en los alrededores de la iglesia, llevándose mas tarde al lugar m á s expedito de la calle del Betis y de la plaza del Altozano, donde desde entonces se vienen celebrando las veladas de la víspera y del día de la Santa, cada a ñ o con el mayor número de festejos y con la más hermosa ornamentación. Esplenden, las iluminaciones del célebre puente de T r i a n a aún con m á s brillo y resplandores que las constelaciones estelares; refulgen las de la plaza del Altozano y calles Pureza y Betis como guirnaldas de luceros y ajorcas de estrellas, y las de la última se reflejan en las corrientes cristalinas del Guadalquivir, esmaltándolas como con destellos de las más ricas joyas, con todas las luces del iris y con todas las. irisaciones del raso, y de la plata y el oro bruñidos. Bajo los arcos luminosos y las vistosas banderas va y viene la gente con un vivo afán de regocijo y un inquietante deseo de diversión, saciando su gusto en los cafetines, en los puestos de buñoleras, en los tíos vivos, en las rifas y en las casetas, donde se canta y se baila ajustándose a las normas más tipicas y populares. Y luego, en las casas de los trianeros ¿siempre abiertas a la hospitalidad y a la alegría, se hacen también animadas fiestas, donde se derrocha la gracia y la afectuosa cortesía trianera en honor de cuantos las visitan y presencian. E n ellas se rinde culto a la amistad y se reverencia a la hermosura, obsequiándose con rumbo y largueza a la gente, y haciéndose gala de la hipérbole en forma deL más fino y encendido piropo, en cuyo perfume van escondidos muchas veces invisibles dardos del amor que en la velada ronda, travieso y donairoso. Las fiestas de la noche, esplendorosas y bullangueras, tuvieron su prólogo en las de la tarde, regocijadas y muy concurridas. Se juegan cucañas en el río, disputánd 5 se el éxito la mocedad varonil, diestra y atrevida, y constituyendo el m á s animado espectáculo, tanto para los mayores como para la inocente e ingenua chiquillería. Durante las unas y las otras fiestas no cesa el ir y el venir de la gente a la parroquia para visitar a la titular, cumplirle sus promesas y pedirle nuevas gracias y misericordias. Y todo el barrio arde en animados regocijos, y toda T r i a n a es como una gran, fuente de alegría, y como una inmensa hoguera de amor y de fe. J. M U Ñ O Z S A N R O M Á N