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HUELVA, CIUDAD N U E V A VIGOROSA Y ACTIVA Ya no existe el pretexto de las dificultades para atravesar las aguas del Gdiel y el Tinto, ante las que retrocedían los visitantes de los lugares colombinos, sin llegar a Muelva. Ahora un flamante transbordador brinda a personas y vehículos sus cómodos y baratos servicios constantes, además del encanto de una travesía sobre la confluencia de los ríos gloriosos en el m á s nuevo de los medios de navegación. Su novedad se conjuga con el monumento que el arte novísimo de la señorita Witney levantó en la Punta del Cebo a la memoria de los descubridores para formar un contraste singular, con el grupo pregonero de los viejos recuerdos formado por L a Rábida y l a nao Santa María, anclada al pie después de haberle dado a la Exposición Iberoamericana el máximo tono evocador. Sin ese motivo de discontinuidad queda ya completa la ruta de turismo colombino: M o guer- Los Pinzones, Los Niño, Santa C l a r a Palos- La Fontanilla, Garci- Fernández, San Jorge; el Monasterio, con toda su conmovedora expresividad de Portal de Belén de la era hispánica; la carabela acariciada por el rojo líquido de una vena abierta de E s paña el monumento nuevo, ofrenda del continente nuevo, que busca su estética; H u e l va, en fin, con el recuerdo al precursor A l o n so Sánchez, el que tenía un pequeño navio y trato de comercio entre E s p a ñ a y las islas Canarias y de la Madera, y, andando en aquella navegación, le dio un temporal deshecho, y como buen piloto, se dejó llevar de la mar y estuvo antes que nadie en la isla que ahora llaman de Santo Domingo L a Rábida cuenta ahora un nuevo motivo, que colma su emoción, con la obra artística que realiza Daniel Vázquez Díaz sobre los muros gloriosos... E l ilustre pintor, nacido en la Sierra, desde donde bajan al mar los ríos que dieron el impulso a las carabelas, ha dado, en homenaje a los hombres que realizaron la magna empresa de desdoblar el mundo, la sazón de su espíritu, sutilizado por la eterna aventura del arte. Obra moderna, modernísima, pero con las raíces empapadas en la savia del gótico que presidió las horas del Descubrimiento, los frescos con que Vázquez Díaz enriqueció la pobre estancia de los peregrinos contigua a la portería del Monasterio ponen aquel tiempo en relación con el nuestro por l a vía del espíritu, para que éste pueda recibir con dulce suavidad, después de gustar en silencio la emoción de los recuerdos, l a impresión de vida nueva que inmediatamente va a ofrecerle el espectáculo de la actividad de H u e l va con sus muelles monumentales sobre. l a ría, el trajín incesante de los trenes mineros, las estridencias de las sirenas de los numerosos buques, el ritmo de los esfuerzos humanos en muelles, talleres y fábricas, y por último, la visión de una ciudad de fisonomía influida por todas esas actividades, pero sin dejar que lleguen a dominar en absoluto sobre su carácter de ciudad andaluza de l a vera del mar. Huelva carece, sin embargo, de esos venerables vestigios que abonan el pasado ilustre de las poblaciones andaluzas: los monumentos; memorias arqueológicas, rastros l u minosos que la Humanidad en marcha va dejando tras sí. archivos del recuerdo y puntos de partida para l a continuación... Pero sí Huelva no los tiene, está asentada sobre el lugar mismo donde los hubiera, y el suelo donde se desenvolvieron hechos de honda huella en l a Historia v se movieron con afanes progresivos fecundas razas civilizadoras tiene igual prestigio transmisible qtie el solar estremecido por los vaivenes 3 LA CTUDAD DE H UELVA I, 1. A AGStlPACION DE LA CIUDAD SIRÜE LAS C A R A C T E R Í S T I C A S L A PLAZA URBANAS AXD. V I U Z A S 2, U N PINTORESCO ASPECTO D E L A R Í A 3. DE LAS MONJAS