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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VJGES 1 MOSEXTO. ABC JACINTO gA, ¡mfíffi? t N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MOy y? w SEXTO. EL DÍA DE... DON BENAVENTE -Bueno, D. Jacinto; veníamos a hacer le unas fotos y a averiguar cómo pasa usted las veinticuatro horas del día. ¿Rada más r Pues muy sencillo. ¿Ve usted? Ahora mismo me levanto de la cama. Y ahora mismo como, y me marcho a la calle. Son las tres de la tarde. E l secretario de don Jacinto, Ernesto Acevedo, nos explica algo m á s Desayuna a las nueve en punto de la mañana. Aquí todo se hace puntualmente, como en los cuarteles. Desayuna en la cama; y se pone a leer 1o s periódicos o ailgún libro que dejó abierto sobre la mesilla al caer dormido. A las doce en punto se baña y se vuelve a acostar. Hasta las tres... -Entonces D. Jacinto se pasa media vida en la cama... Benavente se nos ha fugado. V a de un cuarto a otro, trayendo y llevando libros; se aproxima a nosotros un instan ie, y, al oír la conversación, se vuelve a marchar de nuevo, y regresa con un voluminoso cigarro puro, que nos regala. Y otra vez hu- ye, inquieto, como un pajarito. Su casa es sencilla; retratos f a m i l i a r e s retratos de actrices v actores, cuadros, un grabado bellísimo de Shakespeare, un poema manuscrito por pendolista, de K u dyard Kipling; libros- -eso, sí: montones y montones de libros por toólas partes- sillones pequeñitos, bibe ¡ots. E n una de sus idas y venidas, D. Jacinto nos dice: -Como usted ye, todo está manga por hombro. Preparando el veraneo... ¿Y adonde este año? -Á París y a San Sebastián. No pienso ir más lejos... -Sigamos con nuestra investigación. Si g u n d o derecha. Todo el muinde -e l m u n d o de los teatros- -lo sabe. Y todos, actrices y actores, comediógrafos y empresarios, periodistas de España y de América, todos se han acercado, como nosotros, alguna vez, al cajón de la portera: ¿Don Jacinto Benavente? -Ha salido. ¿Quería usted algo? -No. Quería verle. -Pues acaba de salir... ¿Tan pronto? ¿Pronto? Si son las tres... -L o d i g o porque como D. Jacinto trasnocha tanto... -Pues acaba de salir. ¿Y a qué hora vuelve? -No tiene horas. Si, por casualidad, llegáis al piso sin pasar r e v i s t a ante la portería, os recibirá una mujer sencilla y obesa: ¿Don Jacinto Behavente? -No está. ¿Quería usted algo? -No. Quería verle. -Pues acaba de salir... ¿Tan pronto? Etcétera. Hasta que uíi buen día lográis ver en la calle o en el cuarto de una actriz el rostro agudo y ornitológico, de ave ganchuda, de D. Jacinto... -Quería conversar un momento con usted acerca de... -Bueno; vaya usted mañana por casa a eso de las cuatro de la tarde. Si os retrasáis cinco minutos, D Jacinto se habrá evaporado. Es hombre puntual. No sufre la espera ni obliga a los demás a sufrirla. Tiene la impaciencia del gorrión y parece que siempre está huyendo, a saltitos. Huyendo de todo y de todos de las murmuraciones de los amigos, de las recomendaciones... Hace lo que quiere; habla con quien quiere y de lo A TOCHA, 20, se- DON JACINTO BENAVENTE. (FOTO W A L K E N) que quiere. No soporta conversaciones ni molestias extrañas: las soslaya, como haría un pajarito, huyendo, saltando, con paso menudo, de un sitio a otro, de un tema aj otro, con aparente frivolidad. Pero es de una rectitud inexpugnable. Cumple lo que promete; no falta a ninguna cita: tiene una memoria cabal...