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PEZ AEROSTÁTICO E l LV D G f PI ASENCTA GLOBO ELEVÁNDOSE DIBUJO D E GOTA vación del primer mongolíiero en el cielo de la Ciudad Luz, y como le preguntasen cuál sería la suerte del nuevo invento, respondió con aquella frase que debía pasar a la historia ¿Cuál debe ser la suerte de un niño que nace? Todo iba a ser nuevo e idílico en el mundo, y el paisaje de Dafnis y Cloe o de Pablo y Virginia volvía renovado y mejorado con globos aerostáticos, calderas de vapor y telégrafos ópticos. Si Franklin era un puritano de la nueva Inglaterra, José Mongolfier era un rousseauniano procedente de los Altos Alpes, que son como la tierra de promisión del Emilio. Se había preparado a su invención viviendo solitariamente en una cabana del Vivarais, alimentándose, como un Robinson- de caza y de pesca, y explotando la fabricación de sales colorantes y azules de Prusia, que él mismo vendía a los aldeanos del contorno. A este protagonista de cuento filosófico de Marmontel y a su hermano Esteban- -fabricantes los dos de papel en la villa de Aunonay- -cupo la gloria de iniciar esa época gloriosa de la navegación aérea que sería inmediatamente ilustrada por los Pilátre des Rosiers, los D Arlande. los Charles, los Robert, los Blanchard, los Proust, los Biot, los Robertson, los Gay Lussac, los Lunardi y tantos otros héroes del humano progreso. Ellos inauguraban, con una especie de festival científico, la gran época de los Darwin, los Spencer y los Elíseos Reclus. E l globo era el signo de los tiempos. Por una parte era triunfo de la ciencia positivista. Pero por otra parte ensueño del poeta y del ideólogo; incertidumbre, vaguedad en el elemento vago; conquista de las nubes o derrota patética que permitía también las alusiones a la mitología clásica- -Icaro, Dédalo, Faetonte- en que sobreabundaba la demagogia oratoria de la revolución. Inmediatamente los mongolfieros tuvieron una aureola de odas A.
 // Cambio Nodo4-Sevilla