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ASCENSIÓN D E U N GLOBO MONTGQ 3 LFIER OLEO D E ANTONIO CARNICERO (MUSEO MUNICIPAL) veces, al discutir su opción a un puesto, sacaron las espadas y promovieron duelos. L e s polizones aparecieron desde las primeras ascensiones. Ignoro si monsieur Robespierre acarició el proyecto de elevar a la diosa Razón en un mongolfiero tricolor. E n seguida el globo cautivo sirvió a los Ejércitos revolucionarios en l a campaña de Bélgica y fueron creadas las dos primeras compañías de Aeronáutica militar. E l grosero Bernádotte, que había de ser más tarde monarca escandinavo, recusó este instrumento de progreso diciendo: Prefiero continuar en el camino de los asnos. Pero tampoco el genio táctico de N a p o- león dio importancia alguna a los globos en el puente de Lodi, n i en Rívoli, n i en Jena ni en Marengo, ni en Austerlitz, precediendo tal vez- así al mariscal F o c h á quien, con verdad o sin ella, se ha atribuido una posición desdeñosa hacia la aviación como elemento de combate. T o d o eso es sp ort dicen que dijo en una gran revista aérea. L o cierto es que hacia 1815 los globos, luego de haber enloquecido a la opinión pública y de haber hecho concebir esperanzas de orden trascendental, se redujeron a ser una gran atracción espectacular y pomposa en días de fiesta nacional primero y poco a poco en fiestas y ferias departamentales. Acróbatas, funámbulos, mujeres de circo, aventureros, falsos capitanes de M a r i n a subían en grandes globos decorados con banderolas y pinturas, y a veces se tiraban con aparatosos paracaídas. Hacían la competencia a los que pasaban el alambre sobre la plaza pública. Y a a fines del siglo x v i r r un grabador español había presentido este destino festival y humorístico de los aeróstatos, dibujando una corrida de toros suspendida de dos globos cautivos, que ofrecemos aquí a nuestros lectores. Estaba todavía lejano el tiempo en que proezas como las Cinco semanas en globo, de Julio Verne, significasen el principio de un renacimiento aeronáutico, que debería luego superar las previsiones de la imaginación humana. No han faltado quienes disputen a la nación francesa la gloria del primer viaje aéreo. Monsieur Julien T u r g a n en su obra Sur les ballons, relata una experiencia pública, realizada con éxito en L i s b o a en el año 1736 ante el Rey D J u a n V y su Corte. Pero el aprovechado francés añade que cuando el inventor de la máquina voladora, un tal Guzmán, quiso repetir la prueba, fué detenido por la Inquisición ominosa como hechicero y encerrado en un calabozo, de donde sólo, hubiese salido para la hoguera a no ser por la intervención del propio Rey. E l erudito español Pedro Vindel ha documentado la experiencia del portugués G u z mán en su reciente Historia de la Qcronáittica. D e esta lujosa obra elegimos el diseño de la máquina guzmaniana, con otras estampas elocuentes y divertidas que nos refieren los principios de la navegación aérea en España y Portugal. N o faltan los coches volantes, los artificios complicados e ingenuos para obtener la dirección y ¡as panorámicas ascensiones en regios jardines y plazas de toros o ante hermosas fachadas de palacios reales. E l lector se deleitará cotí estas bellas vistas más que con ningún comentario. RAFAEL SÁNCHEZ MAZAS EL CAPITÁN ARBAN, AERONAUTA
 // Cambio Nodo4-Sevilla