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Rincones ingleses. El parque de la Abadía de St Mary, en York. ocos jardines del mundo tendrán el e n canto sugestivo, la serena belleza y el arte sencillo y espontáneo de este pequeño retiro. Rumas diseminadas, a r boledas esparcidas, por entre cuyo encaje se silueta la traza de un pilar o la rota línea de un a r c o recogido silencio... todo respira u n ambiente de añejo romanticismo, los macizos de verdes acacias dormidas, las libres praderas, donde juegan pacíficos niños; ías sombras quietas de los muros derruidos, de las bóvedas inestables, de las tumbas polvorientas; hasta el aire que discurre parece respetar el reposo de las horas, y los ruidos, que trae de lejos, llegan muertos; todo respira el ritmo de u n latir pausado de corazón viejo. L a s ruinas, como páginas sueltas de un libro arrancadas por el viento, yacen acá y allá, al azar, donde las abandonó el postrero impulso de la r a c h a se. sostienen, en la ya inconsciencia de su vejez, como por atavismo, en una posición de equilibrio forzado el m u r o de una nave, un trozo de pórtico, resquebrajado y cansino, y u n arco del crucero, levantando re sobre una alfombra de hierba, que salpican baldosas y cimientos, muestran el lugar que ocupó la antigua Abadía de St. M a r y un letrero avisa al visitante la zona de posible peligro. P E s t a pequeña iglesia fué fundada en el año ioSS por Guillermo II, apodado Rufus, o Rojo, a causa del color de su pelo; R e y de mucha importancia en la historia antigua de Inglaterra. Destruida en parte d u rante un incendio, Simón de W a r w i c k la reedificó en 1271, y son los de ésta los restos que ahora idealizan uno de los más bellos parajes del parque de Y o r k S i n embargo, aunque venerables, las r u i nas de St. M a r y no poseen la supremacía de la antigüedad en el umbroso recinto; ésta le corresponde a las ruinas romanas, la muralla y una interesante construcción anexa, que figura en la guía con el nombre de hospital de San Leonardo. Data éste del año 937, en que le mandó construir el R e y Athelstan, para conmemorar una victoria sobre los escoceses; posteriormente, el arzobispo Tilomas le amplió y dedicó a hospital, bajo el patrocinio de S a n Leonardo, siendo arrasado en la época del cisma anglicano por los esbirros de E n r i q u e V I I I Únicamente se conservan en bastante buen estado la capilla y el A m b u l a t o r y galería abovedada, sostenida por dos hileras de columnas, cuya arquitectura, de antiguo estilo normando, tiene una influencia dórica, que se hace perfectamente ostensible en los c a piteles. L a capilla es una construcción de forma octogonal, sencilla, y que sirve de paso a u n obscuro corredor, donde se amontonan losas y sarcófagos romanos, algunos de éstos de viejísima márfega, carcomida y casi negia. Enfrente de S a n Leonardo, y unida a uno de sus ángulos, se encuentra la muralla r o mana, vasta fortificación de unos cien metros de longitud, cuyo final se derrumba en el anfiteatro que forma la torre poligonal de E d u a r d o I I I la parte más antigua de esta torre constituyó el extremo Suroeste del recinto amurallado que. rodeaba a E b ó racum, nombre primitivo de la ciudad de Y o r k L a muralla fué construida entre los años 108 y 3 C 0; maciza, sin torreones n i salientes, parece una inmensa serpiente dormitando entre el follaje, dejando ver a trechos el cuerpo robusto y desplomado. A lo largo, sobre el verde césped de las pt aderas, una fila de tumbas, negra piedra c o m i da por el tiempo, dan a las murallas, torre, anfiteatro y ambiente, una fugaz impresión de tristeza, que se hace más palpable en el semicírculo de la torre, donde el silencio de los muros reconcentra lo que queda del carácter de una vida que fué. L a mayoría de los objetos de origen r o mano hallados en estos jardines y en los alrededores de l a ciudad han sido reunidos 1 fea 1 i RUINAS D E L A ABADÍA D E ST. MARY
 // Cambio Nodo4-Sevilla