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IMPRESIONES DE ARTE A L G U N O S C U A D R O S D E L A GALERÍA DEL P A L A C I O D E LIRIA Pinturas religiosos. N O de ésos pintores flamencos cuyos nombres se desconocen y a los que los eruditos en pintora bautizan por tro remogne e que recuerda alguna de sus condiciones artísticas, el maestro de La Virgen entre tas Vírgenes, pintó en ana tabla, que se conserva en el palacio de l i ria, el divino suceso de l a Anunciación. Como pasa en casi E L MAESTRO D E Ut LA VIRGEN ENTRE L A S VÍRGENES todos los cuadros de Y E L CONDE D E A L B A esta escuela, el milagroso hecho acontece en el aposento más reservado y secreto de que, envuelto el cuerpo en amplias vestiduuna casa, en el cuarto donde vive la Virgen ras plegadas, apoya su diestra sobre el libro escogida por Dios. E s a modo de ana cá- y con la otra mano parece apagar los latimara. A l fondo, ahuecado en el muro, vese dos de su corazón, mientras, vuelve hacia el un asiento con cojines donde reposar cerca divino mensajero el rostro ingenuo, corode la abierta ventana. Por ésta divísase un nado con espléndida cabellera destrenzada. severo paisaje, llanura desnuda que parece Junto a l a doncella, subiendo de un jarro española, alto torreón de tin castillo, mu- colocado en el suelo, Manquea la simbólica rallas almenadas, otras, macizas torres, re- azucena. cortándose sobre m cíelo claro y un monte E l arcángel portador del mensaje de Dios escueto. N o hay en aquel panorama a i aguas, vístese con rozagante ropaje. Inmensa y ni árboles, íii ríentes jardines. T a l vez el preciosa piedra prende su manto, luce alto pintor conoció las adustas mesetas caste- cetro labrado; mientra que a la espalda sus llanas. Más al fondo muéstrase ef casto Te- alas son fuertes como de águila y candidas cho de María, pakraérrimo, de altas almo- como de paloma. E n medio de rayos fulhadas y sábanas sm una arruga. U n am- gentes revuela un pequeño Espirita Sanio. püo recBmtorioy donde reposa mt libro de y las palabras del salado angélico y ¡le su preces, sostie -las rediífes de ht prosier- sumisa respuesta pueden leerse en ef aire, maéa grácil mucha lia, casi niña, entre la Virgen y I celeste reeaáero íatfoW U elfo dibujado, colocado y compuesto con el arte cuidadoso de la época, lleno, no obstante su minucia, de vida, de fuerza y de cautivador encanto. EITó soló bastaría a hacer este cuadro ya muy interesante, pero hay en él una figura qué atrae ana más la atención y que es i n olvidable. E n mt ánguio de l a tabla arrod í l l a s e el donador, que es e í conde de Alba. ANUNCIACIÓN Según la costumbre de entonces, la figura del donante es pequeña, para testimoniar asi la humildad de los nombres ante tos seres divinos. E í conde de Alba está ante un reclinatorio igual al de fa Virgen, pero también más diminuto. Junto a él, posado en el suelo, muéstrase el rodo casco, de donde ascienden dos; altas plumas. E l conde de Alba se cubre con un amplío ropón sin mangas y forrado de cebellinas, que deja ver una recia armadura labrada. Sus manos se juntan en mego, desnudas, sin guantelete defensor, sin sortijas ni anillos que las- ornen. Todo ello podría componer un cuadro sin carácter, ñ a s la cabeza del orante está pintada con tal fuerza, con una visión tan real y vivida, que ht hace pareja de cttaícgñer otro fuerte trozo de pintura. Eí naestro pintó a l conde de Alba déscnfeíert ta cabeza, de donde penden, lasos, 1