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A B C. M A R T E S 29 D E J U L I O D E 1020. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG, 6 procederemos de distinta manera; a ttt ¡laclo también ios tales accidentes del suelo de España. Y así con todo lo demás. Y cuando tengamos hechas estas operaciones- -de un modo rigurosamente científico- -tendremos hecha la geografía de España. S i al lector le dieran la anatomía, la fisiología y hasta ¡a patología de una bella mujer, ¿s e atrevería a reconocerla? Sin embargo, tendría ante sí, de un modo indubitable, la mujer que él conocía antes y que ahora no puede reconocer. E n la misma mesa en que escribo tengo una de estas geografías de España, geografía científica, perfectamente científica, que me produce horror. ¡L o que ha llegado a ser la pobre E s p a ñ a! Números- y fórmulas; no la conoce nadie. Volvamos un poco a lo antiguo; todavía quedan geógrafos que no son enemigos de la Naturaleza; ahí están un Dantín Cereceda, un Carandell, un Echeverría, un Blázquez. Pero ¡qué raros son estos g e ó g r a f o s! Tengamos para ellos m saludo de respeto y de gratitud. Y tratemos de conciliar la vieja geografía con las exactitudes y precisiones de la ciencia. AZOR 1 N ESPAÑA Se ha publicado una abultada geografía de España. Contemplamos el grueso vo umen desde la calle, delante del escaparate de una librería. E l recio tratado de geografía de España nos da un poco de espanto, y al mismo tiempo enciende en nosotros el deseo de leerlo. E l lector tiene derecho a que expliquemos estas palabras ambiguas. L o haremos sin dilación. L a Geografía ha adelantado mucho en poco más de un siglo; recordamos- -y lo recordamos con delectación- -el volumen que D Isidoro de Antillón dedicó a España a principios del siglo x i x por cierto que en el prólogo el buen geógrafo señala distintos y pintorescos disparates que han dicho algunos geógrafos extranjeros que se han ocupado de E s p a ñ a si ahora un geógrafo hiciera cosa análoga, tendría que llenar muchas páginas preliminares. Pero continuemos con nuestra tarea; ha adelantado mucho la ciencia geográfica; antiguamente, los geóg rafos eran como viajeros curiosos; lo anotaban todo; describían los paisajes; nos daban noticia de las costumbres; se arriesgaban a decirnos lo que se comía en tal o cual país, o si era o no grata la estancia en él. Poco a poco todo esto ha ido cambiando. Todo esto, si nos da idea de un país, en cambio no es científico. ¿Y qué hacemos, amigo lector, con lo que no es científico? L a antigua manera de hacer geografía no ha. desaparecido de pronto; como una niebla que, agarrada a los picachos de la montaña, a las ramas de los árboles, tarda en desvanecerse, así la antigua manera geográfica, tan pintoresca, tan simpática, parecía aferrarse a los tratados y a t e ma- Geografía nuales, y ha sido necesario todo el solemne aparato de la ciencia para que, al fin, la pobre se haya esfumado en lo pretérito. Y a no quedan apenas rastros de la vieja geog r a f í a paz a los muertos; a otra cosa. L a otra cosa es la geografía nueva, la geografía, científica. Queremos hacer ver, plásticamente, cómo es esta geografía. Imagine el lector una inmensa raedera; esta raedera va ¡jasando por la superficie de Españ a naturalmente, se lo va llevando todo; se lleva las montañas, los bosques, los ríos, los valles; todo queda como una patena de liso y pulido. Tenemos ante nosotros la superficie lisa, plana, de nuestra E s p a ñ a es decir, de lo que era España. Ahora vamos a hacer, de un modo científico, de un modo exacto, la gcograf a de nuestra Patria. A r r e manguémonos los brazos, como hacen los prestidigitadores que juegan limpio; m á s limpio que nosotros no va a jugar nadie. E n la plana superficie de España colocamos primero, a un lado, los montes; todos los montes los aperdigamos a una banda. Y a los tenemos juntitos todos; todas las eminencias de las montañas, todas las sierras, todas las cordilleras. A otra parte colocamos los r í o s que no se nos escapen los r í o s hemos de hacer con ellos un hermoso haz aquí los tenemos todos hacinados; no nos falta ninguno, ni grande ni pequeño, ni caudaloso ni escurrido. Pues con los vientos hacemos otro tanto; todos los vendavales, austros, céfiros, brisas y demás, categorías de vientos los tenemos también ya reunidos en una banda de la plana y brillante superficie. Idéntica operación realizamos con las lluvias. Las lluvias de todas las regiones de España las juntamos en un determinado sitio de la llana descrita. Con los valles y con las depresiones, no digamos que EL POSEEDOR DE CUADROS FALSOS Caracteres Casi siempre he visto que los poseedores de cuadros falsos eran, por algún lado, falsos ellos mismos. Alguna brecha de falsedad tenían en su casa o en su alma por donde los cuadros falsos entraron: vanidad, codicia, AUMENTA Y CONSERVA 1 X D INFINIDAMENTE EL RIZADO P E LOS CABEL L O S JJA L O C I Ó N O B D U L I a A base X- oción eficacísima vegetal. Inofensiva hasta para cabecitas infantiles las i i e n e l m i s t e r i o s o O r i e n t e Iialíaré 5 s o j o s t a n s u b yugadores c o m o los de pestañas arqueadas c o n Precio, 3,51. SUDO I. A L O C I Ó N D E E F E C T O S MAS RÁPIDOS Y D E ABSOLUTA HIGIENE. NO IMPIDE L A TRANSPIRACIÓN. NO MANCHA. NO X R R I T A. 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