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A B C. V I E R N E S i. D E A G O S T O DE 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G y acaso con ventaja, a los céspedes de un parque urbano. ÍYi correctos igualmente son los bosques, apretados de árboles perfectamente iguales. H e aquí, pues, l a victoria de l a civilización contra la Naturaleza. L o s que vivimos en los países del Mediodía, habituados como estamos a un cierto desorden en todas las cosas y a ver que, lo mismo el paisaje y l a agricultura como las poblaciones y l a vida en general, presentan el aire como de esas personas que no se lian afeitado en tres días, nosotros, los llamados latinos, sentimos a la aparición de la civilización de los pueblos de hablas germánicas una secreta e inevitable melancolía. Y pensamos: una vida así, tan inteligente y tan perfeccionada, ¡qué admirable sería si pudiéramos transportarla bajo nuestros cielos radiantes y al calor de nuestro sol jocundo... Pero se ve que el destino persigue un fin de justicia y reparte los bienes con una sagrada proporción de ganancias y pérdidas. U n poco más arriba de Neuchatel comienza a oírse hablar a la gente en alemán. Pero no era precisa la prueba del idioma. Los signos del paisaje están revelándonos que hemos entrado en la zona germánica. L a Naturaleza no ha variado nada; son las poblaciones, los edificios, las granjas y el mismo accionar de las personas los que nos anuncian el cambio. L a vida, de pronto, parece que ha cobrado mayor fuerza; éste es el cambio que a simple vista puede observarse apenas se penetra en la frontera de ese extenso mundo de hablar germánico que ocupa el centro de Europa, E s candinavia. Flandes, Inglaterra. L a arquitectura, sobre todo, sufre una transformación radical y repentina. ¿Qué es lo que ha pasado de pronto en el plano de Europa? Hasta aquí, mientras l a gente venía expresándose en francés. p arecía que Europa se había detenido en el tiempo y que y a no aspiraba a más, ni a renovarse ni a rejuvenecerse; desde ahora, mientras la gente se exprese en alguna habla germánica, parece como que Europa está en pleno trance de renacer o de devenir. Europa se nos ha vitalizado, alegrado, rejuvenecido ante los ojos. Todas las casas en el paisaje se han hecho de pronto nuevas; todas están recién pintadas; todas ríen sobre el verde tono de pradera con los colores más joviales, y atrevidos, más finos y delicados: todas tienen flores en las ventanas; todas, y lo mismo los pueblos, parecen casas y pueblos como para ilustrar los cuentos para niños o los libros de leyendas. Ahí está esa fábrica. U n a gran fábrica con sus altas chimeneas en medio del campo lozano. Y lo notable es ver cómo la fábrica misma es bella, recién pintada, de linda arquitectura, y cómo logra no ensuciar, no descomponer l a traza idílica y fecunda del paisaje. A su rededor no se descubren barriadas de obreros; los obreros, acabada la faena, se van en sus bicicletas a sus casitas, que parecen de juguete, y la comparación a cnia pronto en la mente. M e acuerdo del aire hosco, negro, implacable que en nuestras latitudes toman las factorías fabriles, y cómo las fábricas en Vasconia y en A s turias, dentro de una Naturaleza semejante a la de la Europa central, han roto, ensuciado y entristecido el paisaje con sus lamentables aglomeraciones proletarias, con sus caserones tristes y de una inculta fealdad. Se acabó. M i s reflexiones de viajero han terminado por ahora. E l tren me deja en Constanza, l a ciudad donde el hereje H u s fué achicharrado vivo, y yo me apresuro a buscar la terraza de un paseo para anegarme en la calma infinita del gran lago. Jo E CRITICA Y NOTICIAS DE LIBROS El pan de la emigración p o r D José Sánchez G u e r r a O t r o s libros. E L P A N D E LA EMIGRACIÓN. -Contiene este libro un ramillete escogido, de los ardemos que durante su expatriación escribió don José Sánchez Guerra desde París para A B C. Sospechamos que el título es de bautizo editorial. D e no ser así o en sentido figurado podría entenderse que se aludía al recuerdo de amargas miserias materiales del ilustre autor de los artículos en los años de ausencia de la Patria. La- inexactitud de ese supuesto es bien conocida del público español. Bastante fué que el señor Sánchez Guerra se sometiese al dolor de la ausencia, en. actitud de solemne protesta contra la Dictadura y la promulgación de algún decreto de la Dictadura; pero no era un fugitivo n i un desesperado. S i el señor Sánchez Guerra, a sus años, con su categoría y con su prestigio, hubiese padecido hambre en París, el caso, hubiera sido de indignidad y aun de oprobio no sólo para sus amigos y deudos, también, en. abstracto, para España; precisamente porque el Sr. Sánchez Guerra ha descendido siempre de los más altos puestos con la faltriquera vacía. P o r fortuna, el Sr. Sánchez Guerra vivió en P a rís con su presupuesto de ingresos habitual seguramente y, desde luego, con holgado decoro. Y si A B C le pidió una colaboración de tema libre, aparte el remunerarla proporcionalmente a la firma, no fué ello a título de pan de emigración del que no había de carecer el respetable y eminente hombre público, sino que fué un espontáneo ofrecimiento de D Torcuato L u c a de Tena para que el Sr. Sánchez Guerra lograse contacto con la opinión española... hasta el punto que lo permitiera la Censura, E s justo añadir que el Sr. Sánchez Guerra, restituído a su mejor época de periodista, triunfó con su destreza y su perspicacia para colarse sutilmente por el cedazo del censor; y así pudo deslizar críticas, advertencias, moralejas y hasta concretos avisos de lo que al cabo vino a ocurrir. E l Sr. Sánchez Guerra, hombre llano y amigo de la verdad, fué en las columnas de A B C- -a vueltas de amenos pretextos de actualidad o de lugar para sus crónicas- -un adversario tan leal y caballeroso contra el dictador y contra las anuencias propicias al dictador que sólo los ciegos o los mentecatos pudieron sorprenderse de la intentona de Valencia y de la aparición del propio Si Sánchez Guerra en Valencia. Otros artículos, los menos, que i n terceptó la Censura, aparecen también en este volumen. Tiene, pues, este libro el valor histórico de un antecedente con claridad diseñado, y por ello merecen ser conservadas sus páginas, en las cuales se reproducen artículos que, siendo flor de r n día, son también retazos para l a efemérides; algo así como acotaciones al margen de l a historia áfi l a Dictadura. r quidar responsabilidades y obtener garantías. U n a explicación pide como el mínimum el prólogo. Desde este lugar del periódico se comprenderá que no hemos de argüir, aunque estimemos que hay una tercera equivocación: la del prologuista. P o r que atribuyéndose la interpretación auténtica- -aquello de l a verdad verdadera -supone que el Sr. Sánchez Guerra no se ha desplazado de la actividad política, y olvida que el intérprete auténtico es el protagonista y que el protagonista repitió los versos puestos en boca de Francisco de Borja. Y como no es n i quiere ser republicano ¡y como no hay otro Monarca n i es cosa de buscarlo para que remita el señor Sánchez Guerra, y con éste Rey el señor Sánchez Guerra no actuará, l a deducción implícita, pero irrebatible, es que el Sr. Sánchez Guerra se halla fuera de la órbita activa. Su regreso sería una. rectificación de hecho; porque reinare otro M o narca, y entonces la rectificación sería ajena al Sr. Sánchez Guerra, o porque v o l viese el S r Sánchez Guerra a los gusanos, y entonces la rectificación sería suya; de ningún modo del Monarca n i de los gusanos. E l D r Marañón escribe muy bien; a veces, sugestiona con el argumento, y siempre cautiva por el estilo sanguíneo y flexible y por el propósito de una elevada trayectoria del pensamiento. Pero así como en la Biología hay üeyes que todas las disertaciones médicas no pueden torcer, en el discurso razonado hay una ley de lógica que todas las habilidades polémicas no pueden burlar. Y que nos perdone el admirado amigo. Marañón si se lo recordamos. F. S- O. EL T E M P L E D E L A R A Z A -C o n una prosa clara y en estilo sencillo y ameno, que i n v i ta a la lectura de su libro, D Claudio D u r a autor de esta obra, acomete l a de difundir los hechos de l a historia patria y dar a conocer- con toda l a grandiosidad y el relieve que adquiriera, sus figuras más destacadas. E l Sr. D u r a se acredita de ameno narrador, al tratar en este primer volumen de E l derrumbamiento de la Monarquía v i sigoda U n juramento del Rey Casto L a emancipación del condado de Castilla L o s siete Infantes de L a r a y sobre todo de Mío Sidi donde el C i d Campeador surge de las páginas del libro con toda su grandeza de espíritu, su indomable valor y acrisolada lealtad a la Patria y a su Rey. Queda, pues, dicho que en estos tiempos de excesiva literatura frivola, l a obra del Sr. D u r a enjundiosa y útil, es plausible por muchos conceptos y digna de la atención que la crítica y el público habrán de concederle. L A PRIMERA VUELTA A L MUNDO E N E L G R A F Z E P P E L I N por el doctor Jerónimo de E L T E M P L E D E L A R A Z A (época medieval) M. s SALAVERRIA Constanza, julio, 1930. i Completa el atractivo del volumen un prólogo muy entonado y entusiasta del doctor Marañón. L a tesis de este prólogo se extracta en la afirmación de que el momento más perfecto y eficaz del político es el de la soledad, cuando tiene el verdadero concepto del valor cívico para hurtarse a corrientes e invitaciones nocivas o erróneas. P a r a el Sr. Marañón, la postura actual del Sr. Sánchez Guerra es un gran acierto, y una lamentable equivocación la de los republicámos que le reprocharon no habérseles unido, y la de los morárquicos que no le imitan y continúan adictos a la Monarquía y a l Monarca sin sentir la necesidad de l i Megías. -U n lujoso álbum profusamente ilustrado con primorosas fototipias. Interés, amenidad, emoción son las notas salientes el bellísimo relato que del viaje alrededor del mundo hace el único español que tomó parte en el vuelo triunfal. De esta obra sólo se destinan a la venta 1.000 ejemplares, aplicándose su importe, por partes iguales al Colegio de Huérfanos de Médicos y a la Casa de Nazaret. Precio del ejemplar, 15 pesetas. De venía en las librerías de Fernando F e (Puerta del Sol, 15) y Editorial M a d r i d (Arenal, 9) en A M E R I C A -S e ha comenzado a publicar M a d r i d u n a revista titulada América,