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MADRID- SEVILLA 2 D E AGOSTO D E 1 9 30. NUMERO 10 C T S SUELTO REDACCIÓN P R A D O D E S A N SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ CERCANA A TETUAN, SEVILLA ABC r DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G É S 1 MOSEXTO N. 8.612 OLIVE, DÍA D E FIESTA E N ALEMANIA Interpretaciones Desde muy temprano los alrededores de la estación central de Munich se ven invadidos por hombres y mujeres con su z u r r ó n a la espalda. Gentes que van a alguna parte, es decir, que saben adonde van. A divertirse. A pasar el día del domingo en el campo, en l a montaña, en un lago o en un río. A visitar un panorama o un Museo d i s tantes. Y a comer y beber, entre tanto, abundante y alegremente. Y o voy también a i n ternarme en las llanuras cultivadas y en las Colinas boscosas, contemplando desde mi observatorio de la ventanilla del vagón el espectáculo de la Alemania en plena madurez estival, cuando los valles rebosan- de trigos en sazón y las interminables praderas se ofrecen a los ojos como una amable invitación a la serenidad. D e dos en dos, en cuadrilla o individualmente, los buenos alemanes de rostros enrojecidos por la salud y la cerveza se disponen a extraerle al domingo el mayor zumo de placer posible. H a n trabajado fuerte durante la semana ahora desean distraerse fuertemente también en el día de fiesta. Todo el mundo les exige intensidad. L a s naciones victoriosas les exigen que entreguen, marco tras marco, esa inmensidad de miles de millones que por l a culpa de haber perdi do la. guerra tienen, D i o s sabe hasta cuándo, que pagar, y además se les obliga a i n ventar nuevos c métodos industriales, nuevas disciplinas filosóficas y sociales. Se les exige un m á x i m o de intensidad vital. ¿P e r o eso q u é importa? L a permanente juventud del mundo g e r m á n i c o puede con todo. E n vano pretenderemos sorprender en el semblante de- A l e m a n i a un gesto de tristeza o de abatimiento. Cuando los viajeros de las naciones vencedoras contemplan la rebosante plenitud vital que muestra esta nación vencida se dejan arrastrar por l a indignación y suponen que Alemania les e n g a ñ a que Alemania oculta algún secreto de negociante felón. Pero, n o Alemania no engaña a nadie. Tiene que alimentar a m á s de dos millones de obreros parados y debe pagar sinualmente una cantidad fabulosa de m i llones. N o hay n i n g ú n secreto. L a explicación del sorprendente fenómeno está a la vista de cuantos sepan ver. E s t á en esa- vitalidad inextinguible del mundo germánico que puede con todo, hasta con las m á s i n creíbles adversidades; tal como un joven forzudo lleva sonriendo la carga que a un hombre canijo o avejentado abrumaría. Con el morral a l a espalda y vestidos de tiroleses; así les gusta a estos buenos alemanes del Sur emprender sus excursiones. Estad bien seguros de que todos ios minutes del domingo serán aprovechados escrupulosamente, o mismo que son aprovechados todos los minutos de las jornadas de trabajo semanal. E n el restaurante o l a cervecería no hay noticia de que un alemán de éstos deje en el plato ni una hoja de perejil sobrante ni una gota de cerveza o de café en el vaso. U n desganado seria un espectáculo asombroso. Pues esa es l a ley por la. cual pueden sesenta millones de seres humanos desarrollar en el breve espa- cio de una nación un esfuerzo nunca en la Historia conocido. L o s ingleses- l o habían dicho y a el tiempo es oro. ¿P a r a la ac ción, para, l a ganancia, para el trabajo? Pero la m á x i m a no es suficiente, mientras se olvide de mencionar a la diversión, a la amenidad y la alegría. E l liempo es oro, sí, mientras las horas sean repartidas proporcionada y sabiamente. H o r a s p a r a l a labor, para los afanes y los juegos de la- inteligencia y para el regocijo. Y todas las horas con la misma intensidad. E l pueblo que sepa utilizar de este modo las horas es el- que puede decir exactamente que el tiempo; es oro. L o contrario, o sea el trabajo sin; alegría, eso se llama servidumbre o estupidez. E l tren avanza por los campos adelante. Panorama de. plenitud. Los trigos están a. medio segar; el heno se amontona en p i náculos regulares, esperando a las carretas portadoras. L a s aldeas se suceden a cortos trechos, dejando espacio a las, pequeñas ciudades con sus campanarios, esbeltos y sus Chimeneas de fábricas- paralizadas por el santo ocio del domingo. ¡Q u é íntima expresión de reposo y de júbilo ofrece el día de fiesta! Grumos de paseantes, vestidos con sus trajes mejores, saludan animadamente desde l a carretera al tren que pasa. Otros i m provisan la kermesse a la puerta de las hospederías campesinas. Otros buscan la sombra de los hermosos árboles junto al río o la laguna. Y por todas partes, como poseídos de un frenesí ambulatorio, los viandantes de z u r r ó n a la espalda y traje tirolés transitan con paso firme, curiosos de todas las cosas que ofrece la tierra, ambiciosos de todos los paisajes, de todos los castillos pintorescos y todos los rincones históricos. Llegando la época de las vacaciones, veinte o treinta millones de alemanes se echan a recorrer Alemania, y ellos sí que pueden asegurar que conocen a so Patria, que poseen de veras a su Patria. H a y en el Fmisto una escena que deja al espíritu conmovido para siempre. Aquella en que se- describe el regocijo de l a Pascua de Resurrección, cuando Margarita, ignorante de la tragedia que le prepara el destino, se mezcla con la muchedumbre festival y oye el canto grato de las campanas al vuelo. E s el momento de la gran tentación para el caduco sabio que aspira a una vida de, eternidad. Desde mi observatorio de l a ventanilla del: vagón veo a Alemania como si la genial fantasía- de Goethe se h u biera convertido en- realidad. Se me figura que he de oír. cantar en el aire calmo de ese delicioso- paisaje las campanas de l a Pascua de Resurrección, L a vieja Germania asiste al milagro; de su eterno rejuvenecimiento. Y los: suspicaces o los rencorosos podrán añadir que, en efecto, la. viej a Germania logra ese milagro de renovado vigor por su amistad o su parentesco con el diablo. Pero el espiritu del mal es incapaz de ningún milagro que valga la pena. E s otro espíritu mejor el que- infun- de a la vieja Germania esa robusta y alegre entereza juvenil con que se abre paso a través de las m á s duras adversidades. Y oorque la Humanidad necesita de ella, que los dioses no se fatiguen nunca de consumar el milagro. C A N T O D E O PTI MISMO Telégrafos y Correos Por esta vez, y para ajustar l a referencia a l a exactitud cronológica, es preciso alterar el acostumbrado enunciado de Correos y T e l é g r a f o s e- invertir sus términos, si bien, en el fondo, -y. tratándose de dos Cuerpos fraternos, identificados en la abnegación y. en la inteligente laboriosidad, no pueden existir rivalidades ni competencias, que, a lo sumo, se traducirían en una noble emulación para el desempeño de- la delicada función y en un mayor amor a E s p a ñ a Porque es; el- caso que. en estos mismos días, primeramente desde la Central de T e légrafos- y después desde la. de Correos, han sido radiadas hasta los m á s apartados confines del territorio nacional dos edificantes y alentadoras informaciones, en que los ilustrados y beneméritos funcionarios de C o municaciones han explicado al invisible auditorio detalles de gran interés, reveladores de una organización perfecta y- de un celo entusiasta. Honran a E s p a ñ a los dos Cuerpos hermanos, y así se proclama abiertamente en el extranjero; lo prueba el hecho de que en concursos internacionales nuestros funcionarios han cosechado laureles para la Patria, y para el Cuerpo, alcanzando en ocasiones 1- os primeros lugares. -E l esfuerzo, -constantemente centuplicado por unos y otros, tiene su mejor recompensa en el perfeccionamiento del servicio y en la gratitud del público, que, aparte de los eternos contradictores, siempre se ha mostrado orgulloso de los encargados de atender a una de las necesidades que la vida moderna ha convertido en sagrada e i m periosa. Y ya que de contradictores se habla, bueno es advertir que rara será la obra o la actuación, por buena que sea, que no los tenga; pero sépase también que los contradictores, los que protestan y regatean m é ritos, los parcos en l a alabanza y fáciles para la censura, los que cambian de color al escuchar el relato de los triunfos ajenos, no son solamente los ruines y los envidiosos, sino los ineptos, p o r h o l g a z a n e r í a o por ignorancia. Quiénes tuvieran ocasión de, oír. hace pocas noches e l c a r i ñ o con que se expresaban los telegrafistas; al hablar. de su trabajo y de las condiciones en que l o realizan, y del mismo- modo cuando enumeraban los m ú l t i ples aspectos en que han- de desenvolver su actividad para; servir al públicD con m á s rapidez y c o n más- eficacia, se m o s t r a r í a n satisfechos, y- desigual manera cuando, hace algunas tardes, escuchaban a los- empleados de- Correos ¿cómo funcionan- los diferentes servicios y las manipulaciones que son necesarias para que una carta depositada en el buzón llegue lo antes que sea posible a poder de su destinatario. E n cuanto al- manejo de los aparatos, en el creciente progreso de éstos, buscando siempre la mayor rapidez y el mayor rendimiento, es maravilloso lo que acontece en Telégrafos, pues sin ceder el cuerpo a la JOSÉ M, SALAVERRIA P a r í s julio, 1 9 3 0
 // Cambio Nodo4-Sevilla