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NO DEIE USTED DE LEER TODOS LOS DOMINGOS OUE ES U N P O R T F O L I O por la diversidad de sus fotografías. U N L I B R O por la abundancia de su texto. U N M U S E O por la belleza de sus planas artísticas; y U N R E G A L O por la baratura de su precio. UNA PESETA E L EJEMPLAR E N TODA ESPAÑA 3 W E. R O D R I G U E Z- S O L I S L O S G U E R R I L L E R O S D E 1808 31 que la componían, decidieron retirarse a una ciudad del interior, reconociendo que donde ellos fueran iba la nación, puesto que en ellos residía el Poder Supremo, acordando alejarse del enemigo y pasar a establecerse en Badajoz. Antes de su partida realizaron un acto verdaderamente heroico. Los ministros de José habían enviado a la Junta Central enérgicos oficios para que prestase sumisión al Rey intruso, y para conseguirlo la pintaban con negros colores la situación del país, haciéndola responsable si se negaba y prolongaba la lucha de todas las venganzas de Napoleón. L a Junta, elevándose a la altura de las circunstancias, ordenó que os citados oficios fueran quemados en la plaza pública de Aranjuez, por mano del verdugo, entre los aplausos de la multitud. H e aquí la Gaceta extraordinaria que precedió a tan imponente acto (25 de noviembre) L a Junta decreta que estos infames documentos, en que con dolor se ven las firmas de algunos españoles, sean quemados por la mano del verdugo, y, sus autores abandonados a la execración pública, tenidos por infidentes, por desleales y malos servidores de su legítimo Rey, indignos del nombre español y traidores a Dios, a la Patria y al Estado. Los documentos iban firmados por los ministros Azanza, O Farrill, Romero, Urquijo, Arribas y Cabarrús; por el decano del Consejo de Castilla y por el corregidor de Madrid. Semejante determinación tuvo una gran resonancia dentro y fuera cTé España, y de todos los ámbitos de la nación salieron gritos de júbilo y llovieron bendiciones sobre aquellos valerosos patricios que así defendían la sagrada causa de la independencia, y que de tan heroica manera contestaban a las provocaciones de los afrancesados ministros de Uosé y a las draconianas órdenes de Napoleón. Antes de salir d e A r a n j u e z la Junta cumplió con otros altísimos deberes: ocupóse de la seguridad de los Tribunales y de la conservación del orden, tan necesario en aquellos supremos instantes; mandó a varios de sus individuos a las provincias para sos L Ú espíritu público y allegar, nuevos, recursos tG para la lucha, y- nombró una comisión para el más pronto despacho de los negocios públicos. A l pasar por Toledo, la Junta de esta ciudad confió a la custodia de la Central muchos ricos objetos, para librarlos de la rapacidad de los franceses, y la dio una escolta de honor, compuesta de un batallen formado por 300 estudiantes, base después del Colegio o Academia Militar, fundado, en. la isla de León, plantel de que salieron varios ilustres generales (1) E n los pueblos del tránsito celebró la Junta Central varias sesiones, para ordenar a los generales y a las Juntas el levantamiento del país y el armamento de los ciudadanos; en Talayera se detuvo dos días, y en Trujillo cuatro, para resolver asuntos militares y para conseguir del general inglés sir, Jhon Moore que saliera de Salamanca y obrara activamente en Castilla. E n Trujillo discutió la Junta Central, en vista de las noticias que la llegaban, si debía marchar a Badajoz, punto acordado anteriormente, o a otra ciudad, y después de larga meditación y de haberse propuesto por varios de los individuos diferentes poblaciones, resolvió la mayoría dirigirse a Sevilla. ¡Qué espectáculo tan grandioso el que presentaban aquellos valerosos patricios, resueltos a salvar, cual los antiguos patriarcas, el arca santa que guardaba la independencia y la libertad de España! L a Junta Central era recibida en todos los pueblos con alegre repique de campanas, al estampido de cohetes, con músicas, aplausos, colgaduras, vítores y aclamaciones... ¡Iba huida, y parecía marchar triunfante! ¡Iba sola, y la guardaba todo un pueblo! ¡Iba pobre, y disponía de las riquezas del país! ¡Nada tenía, y lo poseía todo! ¡Jamás se ha visto cosa igual! E r a la nación, marchando por entre arcos de triunfo, levantados por el amor de sus hijos... ¿Quién habría osado dudar de su poder? i Quién el infame que hubiese puesto sobre ella su parricida mano? Martín ftemero. JOsforto á ste ¿g 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla