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de caballería; se encrespaba ante la vani aad estulta, no suina la impertinencia y esgrimía su bastón corno un rebenque. Los poetas jóvenes- -y los macuiros, y el mismo Rubén, de quien fué amigo y consejero- -iban a ó u s c a n e por los cafés, para ver y escuchar cómo florecían en sus barbas renacentistas las más bizarras historias de amor y de aventura, mezcladas con c i t a s latinas aprendidas en las aulas de Santiago, con versos clásicos o m od e r n i s tas -Petrarca a ratos y a ratos D A n n u n z i o- -y con raras y luminosas teorías estéticas. Tres son las rosas estéticas... Y no es que escribiera D. Ramón (que siempre fué llamado D Ramón) Es que cincelaba. Cincelaba como Benvenutto Celüni. Don Ramón era. un Don Quijote, ausente de la realidad liviana y huidiza; sus proezas desafiaban la eternidad, y en ellas mis- L. A HORA D E L ALMUERZO, CON SU ESPOSA, JOSEFINA BLANCO, NOTABLE E X ACTRIZ, Y CON SUS CUATRO HIJOS. ¿N O H A Y ALGO D E TOLSTOYANO E N LA FIGURA PATRIARCAL D E DON RÁMON? mas, en. su logro, tenían la recompensa. La vida del gran literato repugnaba toda del xvi- -llegó al conocimiento público pechados llega su imaginación extraordinanorma, toda vulgaridad, toda indignidad, y ria. ¿En qué país y en qué época ha habi- antes que la gloria de su pluma. Su raro obedecía siempre a los requerimientos de su do en la histeria de las letras un hombre pergenio soliviantaba la familiaridad apoimaginación. Valle- Inclán ha vivido conti- comparable a D Ramón del Valle- Inclán? cada de la vida cortesana de entonces. Su nuamente de la fantasía, y sólo los que lo han La tama de sus hazañas- -y eso que M a- concienzuda impertinencia provocaba riñas tratado pueden saber a qué extremos insos- drid no podía ya parecerse a la Florencia y algaradas. U n día, en uno de aquéllos cafés donde s o l í a n antes reunirse loses- tudiantes y oficinistas con hospedaje en la calle de Jacometrezo, las solteronas y las demimondaines, aficionados, los pobres, a la música de Wágner- -era en el ca, fe Nuevo Levante... todo el concurso relig i o s o de melómanos se alzó con iracundia reclamando silencio al barbudo poeta, que, en pie y erguido, exigía también s i l e n c i o a los, músicos. -Que se calle la música, que no se me oye- -decía. Don Ramón se encaró briosamente, a gritos, con el público, el bastón en. la mano, y no pasó la cosa a mayores porque sus a m i g o s contuvieron d i scretamente la furia de los wagneristas. Pero otras veces sí que pasaba a mayores... Y se d e s b o r d a b a Sin que D. R a m ó n perdiera nunca la serenidad, la impavidez ni la acometividad. Luego de esa fama, vino la otra. SIEMPRE F U E DON RAMÓN D E L V A L L E- I N C L A N AFICIONADO A LA POSTURA HORIZONTAL. E N LA CAMA H A CON- -Pues si r e s u l t a CEBIDO Y ESCRITO SUS LIBROS, Y EN LA CAMA SE HA PASADO- -DICEN MEDIA VIDA. PERO AHORA QUE E L que ese de las barbas es un gran escritor. REPOSO ES OELÍGADO, AHORA ES CUANDO MAS AMA DON RAMÓN L A C A L L E Y LOS CENÁCULOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla