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AL ATARDECER, E N LA P E Ñ A DEL ATENEO, CON SU PRESIDENTE ACTUAL, D O N MANUEL AZAÑA, (x) CONTERTULIO TAMBIÉN DEL REGINA, ADONDE ALGUNOS D Í A S VA DON RAMÓN ANTES D E RETIRARSE A CASA Cuando escribía yo la Sonata de primavera, cuya acción pasa en Italia, incrusté un episodio romano de Casanova para convencerme de que mi obra estaba bien ambientada e iba por buen camino. E l episodio se acomodaba perfectamente a mi narración. Shakespeare pone en boca de su Coriolano discursos y sentencias tomados de los historiadores de la antigüedad; su tragedia es admirable, porque, lejos de rechazar esos textos, los exige. Ponga usted en cualquiera de esas obras históricas; de teatro que se estrenan ahora, palabras, discursos y documentos de la época, y verá iisted cónrj les sientan... Otra de las dificultades con que yo tropiezo es mi afición a dramati. zarlo todo. Hay escritores que van detrás de sus personajes y les siguen la pista y cuentan todo lo que hacen. Y o necesito trabajar con mis personajes de cara, como sí estuvieran ellos en un escenario; necesito oírles y verlos para reproducir su diálogo y sus gestos. Mientras Alfónsito retiene a D. Ramón ante la máquina, los cuatro hijos del gran novelista brincan alborozados pensando en la fotografía que se les ha prometido. Son: Carlos, de doce años, que acaba de examinarse, con excelentes notas, del primer año de bachiller; Mariquiña, de nueve, morena, de ojos bellísimos y de expresión dulce y adorable; Jaime, de ocho, tan inteligente y vivo que ya se cuentan sus dichos ingenuos entre los admiradores del escritor; María Antonia, de siete, la más buena y cariñosa, el encanto de su papá dice el propio D. Ramón. La mayor de todos, Conchita, de veintidós años, casada ya, vive fuera de Madrid. -Jaimito, ¿lees tú las obras de papá? -No; pero no me hace falta. Como todo el mundo dice que escribe muy bien... -Y tíi, Cir os, ¿las lees? -Va lo creo. POR L A MAÑANA, D O N RAMÓN D E L V A L L E INCLAN SALE E N BUSCA DEL SOL, Y A VECES, SE L E V E PASEAR POR LA CASTELLANA CONVERSANDO ANIMADAMENTE CON D O N VÍCTOR PRADERA Y EL MARQUES D E SANTA CARA ¿Y las comprendes? -Yo no he leído más que dos sonatas y las comprendo muy bien, y me gustan mucho pero yo no sé si están bien escritas. -Pues claro que lo están- -replica Jaime- ¿No ves que todo el mundo lo dice? Papá escribe muy bien, muy bien, muy bien. ¿Verdad, tú? ¿Verdad, que escribe bien? Y es muy bueno, muy bueno. Ahora nos vamos a Élizondo a un palacio muy grande, y papá se queda solo. Pero como ya no está malo... ¿Verdad que ya está bueno papá? ¿Y qué hace ahora papá? ¿A qué hora se levanta? -Pues a las nueve. Se desayuna y en seguida se vuelve a echar. Como ha estado tan malo... Luego se marcha a la calle, a las doce, a dar un paseo y a comprar el queso y la leche Maybul. Y vuelve ara almorzar con mamá y con nosotros. Después se acuesta otra vez. E l médico le ha dicho que se pase todo el día en la cama. Pero él se cansa. Como lee tantos libros en la cama... Y a las siete, o así, pues se marcha a dar una vuelta al Ateneo o al cafó, y viene en seguida a dormir... Y o quiero salir con papá en el A B C. -Y yo- -gritan todos. Don Ramón los acalla amorosamente. Los sienta en sus rodillas y a sus pies, en racimo, y se inclina. con exquisita y natural cortesía, ante las exigencias de fotógrafo. i De dónde le vendrá la fama a D. Ramón? Es noble, generoso, amante de los suyos y de sus amigos. No hay sino mirarle a los ojos infantiles para convencerse de oue su fama ha sido creada por los estultos. Porque D. Ramón, eso sí, no transigió nunca con la estulticia, la malevo encía, la vanidad, la envidia- -esos pecados de escritores chirles... 1 Luis C A L V O (Fotos Alfonso.
 // Cambio Nodo4-Sevilla