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de los buques de guerra, de los aviones, de los edificios construidos al estilo americano nos han modificado insensiblemente el concepto de la belleza arquitectónica, ahora la torre Eiffel, tanfina, tan aérea, tanfirme, con apariencia tan frágil, nos parece que simboliza mejor que las viejas torres de piedra cincelada el espíritu de nuestro tiempo. Tiene ya la antigüedad suficiente para no parecer una improvisación. Ha resistido la prueba de varias modas y estilos, y está como fondo ideal de la vida parisién en ese periodo transcurrido entre las dos guerras con í usia en que la gran ciudad ejercía en el inundo su máxiima seducción. Tiempo de la? carretelas que iban por la mañana al bosque de Bolonia con mujeres que no se sabe cómo se las arreglaban para no sentarse sobre el polisson; del asunto Dreyfus y de las novelas de Daudet y de Zola. Personajes y escenas que fueron sus contemporáneos han envejecido atrozmente no se les puede evocar ni en la pantalla cinematográfica sin que susciten carcajadas impías. Mientras que la torre aguda, construida como una pura figura geométrica, lejos de envejecer dijérase que se rejuvenece día por día, sale al encuentro de las más extravagantes modas de arte y las realiza ofreciéndose en aspectos inesperados; y es en las noches como el espíritu luminoso de la ciudad, en cuyo negro horizonte está trazando intermitentes letreros verti- ENFOCADA ENTRE SUS PIVOTES, E X TODA LA COMPLEJIDAD D E SUS CABLES, VIGAS, ARCOS Y ARBOTANTES D E A C E R O EL POEMA DE LA TORRE DE ACERO va Anatole France quien, interrogado acerca de lo que le parecía más feo de París, contestó sin vacilar: -La torre E- iffel. A l viejo maestro, a quien los escritores de ahora desprecian, como Valery, o tachan de farsante, como J. jacques Brousson, que le sirvió y le espió al mismo tiempo, pero que sin duda amaba sobre todo artificio libresco la belleza clásica, ese monumento siderúrgico, que parece un precursor de los mástiles de radiotelegrafía, debía antojarse e realmente horrible si lo comparaba con ei Partenón, con los templos egipcios, hasta con la Catedral de Nuestra Señora, cuyas torres truncadas se reflejan en las mismas orillas del Sena. Y, sin embargo, sea porque a fuerza de verla reproducida en millones de imágenes ya nos hemos habituado a ella casi como a un emblema esquemático del moderno París, sea porque las líneas F PUESTA D E SOL DESDE LA TORRE E I F F E L
 // Cambio Nodo4-Sevilla