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SU AKMAZON ES A L A VEZ MUSCULATURA Y OSAMENTA cales; y durante las horas diurnas, aun cuando podría creérsela inanimada e inerte, tiene una vida misteriosa, puesto que recoge las vibraciones más lejanas del pensamiento universal y las difunde a su vez por el mundo en una mágica sístole y diástole de noticias, de datos, de músicas, de discursos que vienen a prenderse un instante- -antes de dispersarse por el planeta- -en su hiperestésica nervadura de hierro. A veces en los films que llaman de vanguardia, en que se trata de descubrir el encanto de la arquitectura lógica de nuestra éj oca, de las líneas escuetas, de los planos lisos, de las espirales y los cilindros que tan extraños efectos producen por la perspectiva, aparece una vista de la torre Eiffel. Pero no como el ingeniero que la concibió la imaginaba: erguida, perpendicular a l horizonte, destacando su esbeltez sobre el caserío de l a ciudad, no, sino enfocada desde abajo o desde arriba, entre sus pivotes férreos, de modo que aparezca en toda su complejidad su trama de cables, vigas, arcos y arbotantes de acero. Y por muy enamorado que uno se sienta dé la arquitectura tradicional, lo cierto es que esa fábrica gigantesca, en la que una. m a teria tan grave aparece sutilizada, sin un aditamento superfluo, como un prodigioso encaje enhiesto y resistente a los huracanes, acaba por producirle una real impresión de belleza. Distinta, desde luego, a la que inspiran los templos y los palacios a n- tiguos. Inquietante, por tan lejana de todas das las formas naturales, por tan exclusivamente r a c i o n a l como un instrumento construido por un osado aprendiz dé b r u jo, del que no sabemos qué efectos se obtendrán un día, liberado de la voluntad que lo creó por el único medio de las fórmulas matemáticas. Sobre París, que es tan antiguo y gusta de conservar su pátina de vejez como un indicio de abolengo, esa torre parece señalar así el advenimiento de tiempos enteramente nuevos en que el espíritu de la gente se habrá desposeído de todos los residuos de otras épocas. -L a torre E i f f e l- -h a dicho no sé si u n arquitecto o un poeta de ahora- -anuncia como una inmaterialización de ese arte constructivo. Antes sé edificaba con masas y volúmenes. L a obra de Eiffel es una creación de meras y claras líneas. ¿Y los rascacielos? Con ser tan peculiares de nuestros días, los biiildings neoyorquinos al fin no son más que desdoblamientos y prolongaciones de formas ya conocidas. L a sensación de cubos y masas continúa predominando en ellos. E n tanto que la torre parisién no se parece a ninguna arquitectura del pasado. E s como un razonamiento sin palabras, como la proyección visible de una abstracción geométrica. -L a torre de lá razón pura. -Exactamente. P o r ella se ha consegui; do dar una impresión de ligereza, de i n g r a videz a esa enorme masa de acero. Y y a no se estima sólo su silueta armoniosa que sobre el horizonte de la ilustre ciudad c a m pea, sino que en los detalles de su armad u r a- -a la vez musculatura y osamenta sin adiposidad alguna, como el cuerpo de u n atlético deportista- -se descubre una suerte de poesía actual, u n modo de belleza p a rejp al de los automóviles de carreras, los aeroplanos, los puentes colgantes, ciertos buques de guerra, ciertas instalaciones fabriles de electricidad, en que hay una g r a n diosidad nueva y se buscan los fundamentos de una nueva estética. Y el transcurso de tan pocos años como relativamente hace que se creó ha bastado para dejarla y a d e finitivamente incorporada al panorama p a risién, que no se concibe sin ella. M á s todavía: su sobriedad, su falta de romanticismo encuadran bien los paisajes urbanos de París, como un marco que no distrae la atención y que se limita a subrayar esas perspectivas ante las que amaron y soñaron tantas generaciones. E n t r e los postes y los cañamazos de acero, el río, iluminado por él sol del ocaso, recuerda los lienzos de Whistler. Y a través de su férreo enrejado palomas, nubes, aeroplanos toman un momentáneo valor musical, como si se inscribieran por u n instante en un enorme pentagrama. JUAN (Potos Vidal. PUJOL
 // Cambio Nodo4-Sevilla