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EN EL CINCUENTENARIO DE LA MUERTE DE HARTZENBUSCH YER, 2 de agosto, se cumplió el L a n i versario de l a muerte de D Juan E u genio Hartzenbusch. Soberana injusticia y olvido i m perdonable sería n o recordar e n esta fecha a uno de los hombres que más enaltecieron nuestro idioma, escribiendo obras maestras, que aún conservan l a lozanía y frescura de su tiempo. Genio tan ftexiVe como vigoroso, l o mismo cultivó l a tragedia y describió con verdad y colorido insuperable los dramas de l a historia, que descendía a los pormenores de la comedia. S u teatro no es prodigio de fecundidad comparable al de Lope, pero sí es uno de los más variados y completos entre el de los dramáticos españoles del siglo x i x E r a a l a vez poeta y erudito, cualidades que se reúnen con dificu tad. L o s escritores y los poetas consideraban a Hartzenbusch como u n maestro; su nombre traspasó fas fronteras y sus obras se calificaban entre las mejores de l a literatura universal. T e n i a además una cualidad que Queremos destacar: su alejamiento de la vida activa había reducido su trato habitual a pocos, poquísimos amigos; era, como decía u n i n signe escritor, u n poder moral sin cortesanos Y dicho esto vamos a señalar someramente algo de su vida y de su obra. Su vida. Hartzenbusch. que era h i j o de u n ebanista alemán, nació en M a d r i d el 6 de septiembre de i8o5, trabajando desde muy joven en el oficio y obrador de su padre. E n 1815, después de una ausencia de siete años de España, regresó a M a d r i d con su padre para continuar los estudios de la carrera eclesiástica en los Reales Estudios de S a n Isidro, en donde estuvo hasta 1- 822; mas como su padre advirtiera que dichos estudios los hacía más por obediencia que por vocación, él mismo le aconsejó que abandonara la carrera y consagrase sus esfuerzos en disciplinas más de su gusto, como era l a pintura, pero tampoco e r a éste el camino que estaba llamado a seguir. A y de semblante m u y expresivo, humilde en su porte, de costumbres sencillas, nada aficionado a los placeres tumultuosos del mundo, parco en el hablar, siempre igual en l a manera de producirse, ordenado y metódico, dócil y sosegado, más por hábito que por temperamento; alguna vez en la disputa y controversia, tenaz y vehementísimo; tan memorioso, que era índice vivo de todos nuestros clásicos; tan ingenioso, que no tuvo contrario mayor que l a excesiva sutileza amigo de disculpar y defensor- de errores gramaticales o lingüísticos, en que él no incurría j a m á s pródigo de su erudición en bien de los menesterosos, héroe de paciencia con los aprendices de literato, caritativo encomiado de o mediano o baladí, mudo para l a propia alabanza, exacto cumplidor de todas sus obligaciones. Hombre de gran humildad, jamás ocultó su Origen, antes bien frecuentemente gustaba sacarle a colación, diciendo; T a tercia r i m a con trabajo acoplo; mfis fácil instrumento necesita diestra q u e manejo mazo y escoplo. A este propósito cuentan sus biógrafos que en cierta ocasión, asistiendo a una fiesta aristocrática, entretúvose con minuciosidad en examinar una rica sillería, y cuando le preguntaron qué era l o que buscaba con tanto empeñOj respondió que la marca que tenía la costumbre de poner en todas sus obras cuando era oficial de ebanistería, poraue le parecía que aquellas sillas eran obra de sus manos Poco antes de estrenar Los amantes de Teruel preguntó una personalidad a los empleados del teatro el nombre del autor de l a obra. E drama- -le dijeron- -es de un s i llero. Entonces- respondió- -tendrá m u cha paja. N o hay que decir el efecto que le hizo al conocer las bellezas de la obra. Ufanábase de haber pretendido en sus mocedades la plaza de conserje de l a Academia Española. Llegué tarde- -decía- l a plaza estaba dada. Pocos días antes de morir hizo sus últimos versos. U n a señora, madre de un ilustre y malogrado poeta, deseaba tener en el reverso de una estampa u n recuerdo dedicav 1 JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH Se entregó con verdadero afán a l a lectura de los clásicos y ello le dio a entender que esa era la verdadera senda por donde debía encauzar su destino. Comenzó a escribir para el teatro, haciendo algunas traducciones de obras dramáticas con singular maestría. P o r este tiempo su padre, que era un acérrimo libera! perdió sus cuantiosos bienes a causa de la revolución de 1823. Caído en l a pobreza, tuvo que recurrir al oficio de ebanista para mantener al autor de sus días, que se encontraba gravemente enfermo. Trabajando en dicho oficio estuvo hasta 1 S 30, en que aqué pagó su tributo a la muerte. L a rudeza de su labor no le impidió dedicarse a l a labor literaria, continuando las traducciones del teatro extranjero y las refundiciones de a gunas de las tnás famosas producciones de nuestra escena antigua. E n 1835, escaseándole trabajo, consiguió una plaza de taquígrafo temporero en l a Redacción de la Gaceta de Madrid. P o r esta época escribió dos dramas históricos, pero sus representaciones tuvieron un fracaso rotundo; sin embargo, no se arredró por ello, persistiendo en su labor. E n 1844 se e dio una plaza de oficial primero en l a Biblioteca Nacional. E n 1854 fué nombrado director de la Escuela N o r mal, y en 1862 ocupó el mismo cargo en la Biblioteca N a c i o n a hasta 1875, en que fué jubilado voluntariamente. 1 1 1 El hombre y algunas anécdotas de su vido. P a r a formar idea exacta de l a personalidad moral de Hartzenbusch transcribimos a continuación las pinceladas que l a mano maestra de Tamayo dibujó en una de sus obras; E r a- -d i c e- -d e pequeño cuerpo MARIANO JOSÉ D E L A R R A F Í G A R O MANUEL TAMAYO Y BAUS