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LOS A M A N T E S D E T E R U E L C U A D R O Í E M U Ñ O Z D E G R A I N do a, su hijo. E l h i j o de Hartzenbusch, comprendiendo el grave estado de su padre, quiso evitarle un trabajo que no estaba ya en disposición de efectuar: la insistencia de la dama le determinaron a hacer la petición, y Hartzenbusch aceptó, sin vacilar, el encargo, pero equivocó ¡a persona a quien los versos debían dirigirse, de m a nera que no quedó la dama complacida. (Hartzenbusch entendió que los versos se dedicaban a l a memoria de una señorita muerta hacía algún tiempo y a quien la madre del poeta Serra había querido con idolatría. H e aquí esos versos hechos cuando su cerebro había perdido su fuerza. Tienen algo de sub ime, de misterioso, hechos por el poeta una semana antes de m o r i r C o m o m a d r e te q u i s e v e r d a d e r a y c o n filial a m o r m i a m o r p a g a s t e y a en el cielo m e esperas. ¿C u á n d o nos u n i r e m o s? i or m i q u e r i d a C a r m e n c u a n d o q u i e r a s U n o de sus últimos autógrafos fué una carta de felicitación que dirigió a su entrañable amigo el marqués de Cabr ñana. E x i s t e otra firma suya posterior: la de l a nómina, pero es sabido, como dice un ilustre escritor, que esos documentos se firman siempre con alguna anticipación. El literato. Su labor fué muy fecunda: traductor i n fatigable desde 1823, refundidor de comedias antiguas autor original en 1831, crítico en 1840, y con mayor asiduidad en 1846 y 47, y docto y esmerado ilustrador de nuestros mejores dramáticos del s i glo x y i i Fué uno de los primeros que cultivaron el clrama simbólico, personificando urt v i c i o o una virtud con todas sus grandezas o feos colores, y deduciendo, lógica y poéticamente, de cada fase las legítimas lecciones morales. Se ensayó en el drama filosófico, llevando a la escena una tesis moral, desarrollada, no por medio de caprichosas imaginaciones, sino buscando ejemplos en la realidad y ahondando en las entrañas de la naturaleza humana. S u obra maestra es Los amantes de Teruel. Se estrenó el 10 del mes de enero de 1 S 37 en el teatro del Príncipe, ejecutando los principales papeles Joaquina Baus, C a r los Latorre, Teodora Lamadrid y Julián Romea. A consecuencia de las indicaciones de L a r r a refundió Hartzenbusch su obra, con g r a n acierto, en cuatro actos. E l asunto de Los amantes de Teruel fué y a manoseado por varios poetas y siempre con poco éxito. L a tragedia, escrita con el título de Los amantes por Andrés Rey de Artieda, el drama incluido en la segunda parte de las comedias de T i r s o y el de don Juan Pérez de Montalbán. sólo ofrecen i n terés bibliográfico desde el instante en que Hartzenbusch puso a contribución su ingenio privilegiado y su exuberante fantasía, haciendo un todo de maravillosa belleza. E l amor con todo su abigarrado cortejo de horrores y grandezas pocas veces ha señalado fisonomía tan robusta. A l sucumb i r sus Amantes al impulso de una pasión recíproca, no hizo Hartzenbusch sino interpretar en la escena un caso lógico, verdadero y humanamente conmovedor. E l insigne y malogrado Fígaro, a los tres días de la primera representación de Los amantes de Teruel, le consagraba u n artículo crítico en elogio del drama y de su hasta entonces desconocido autor; artículo muy sentido y que concluye con estas pa abras: S i oyese (el autor) decir que el final de su obra es inverosímil, que el amor no mata a nadie, puede responder que es u n hecho consignado en l a ¡Historia: que los cadáveres se conservan en Teruel, y la posibilidad, en los corazones sensibles, que las penas y las pasiones han llenado más ce- menterios que los médicos y los necios; que el amor mata (aunque no mate a todo el mundo, como matan l a ambición y la envidia que más de una mala nueva, al ser recibida, ha matado a personas robustas instantáneamente y como un rayo; y aún será, en nuestro entender, mejor que a ese cargo no responda, porque el que no lleve en su corazón la respuesta no comprenderá ninguna. L a s teorías, las doctrínaselos sistemas se explican; los sentimientos se sienten. Esto escribía L a r r a en 22 de enero de 1837. Veintidós días después (el 13 de febrero) se suicidaba, arrastrado por una pasión amorosa. Como sucedió con la obra de Montalbán, también la obra de Hartzenbusch fué puesta en parodia, primero con el título de Los amantes de Chinchón y años después Los novios de Teruel. E l ilustre Cotarelo ve el origen de Los amantes en una traducción de un cuento de Boccaccio, contenido en su- JDecamefone, bajo e! nombre de Girólamo y Salvestra. Finalmente, dejó inédito un drama titulado Doña Jnana Cocllo y muchas notas al Quijote libro que durante la mayor parte de su vida fué objeto de su estudio predilecto. Murió sin ver representada su zarzuela Heliodoro, a la que puso música el maestro A r r i e t a y que se estrenó en el teatro Apolo, de M a d r i d y Final. Sirvan estas deshilvanadas líneas para rendir un homenaje de admiración a aquella egregia figura, que supo reflejar en su obra ¡o que es permanente y universal en el hambre: idea, pasión, carácter, dando a sus concepciones esa inmortalidad que sólo le es permitido alcanzar al verdadero artista. JUAN G. LANDERO
 // Cambio Nodo4-Sevilla