Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA CASOADA D E LOS FRESNOS, C O T O S J U E G O S D E AGUA R E M E D A N LOS D E UNA F U E N T E MONUMENTAL J C A P R I C H O S A S E L A N Z A A L V A C I O C O M O U N NIÁGARA PEQUEÑO lias y las hojas petrificadas sobre los bordes de las vertientes, para prolongar el suelo en forma de visera o de concha invertida, hasta crear, con sucesivas prolongaciones, bóvedas de cavidades y de grutas bajo sus pies; en este lugar, a poblar l a atmósfera de polvo de diamante; en aquél, a vestir las peñas con el albo miriñaque de sus aguas, cubierto con velos de gasa y terminado en volantes de espuma; en dondequiera que recibe la luz del sol, a descomponerla en todos los colores y los cambiantes del espectro, filtrándola a través de los inquietos prismas de sus gotas. E n un espacio que no pasará de tres k i lómetros forma el río quince cascadas. Antes de entrar en el término de! M o nasterio se lanza a la aventura de su p r i mera calaverada, afrontando las del V a d o y de la Niña, que en realidad forman una sola; saltan primero las aguas resueltas; tiemblan un momento en el vacío; se golpean después sobre sí mismas en el fondo al caer; se detienen en seguida en un remanso, como aturdidas por el formidable e i n esperado bataneo, y se deslizan, por último, más cautas y temerosas, sobre los escalones de una gradería de peñas que forma como l a basa caprichosa y artística de l a columna de agua. Más abajo hierve la espumosa corriente en forma torrencial sobre los Peñascos, y ya, niás ágil y habituada a las atrevidas cabriolas, se lanza a l espacio desde el borde de la g r a n Requijada a u n salto de 30 metros, magnífico, valeroso, gallardo, que sus- pende el ánimo y aprisiona la atención de quien arrobado l o contempla. A partir de este punto, añorante del placer y a gustado en l a ejecución de las arriesgadas piruetas, busca tenazmente ¡as ocasiones de saborear nuevos deleites acrobáticos, de voltear por el aire, de poner a prueba su arrojo y su vitalidad; pero discuten entre si las gotas dé agua, y una parte más cachazuda y sosegada del raudal, rendida después de los pasados excesos y temerosa del prurito aventurero que espolea a l a restante, se d i v o r c i a de su hermana gemela y se dirige pacificamente a solazarse e n fe. rica huerta del interesante Monasterio b i zántino- gótico- reaacentista, donde se tiende perezosamente bajo l a sombra de los árbo- les. E n t r e tanto, su hermana, incansable, corriente de azogue mejor que de agua, retoza, brinca, se divide y se subdivide como bandada de chiquillos desparramada por el campo a l salir de la escuela y entregada al audaz recreo de realizar- las más descabelladas travesuras. A s í forma la Caprichosa y el Baño de D i a n a que a la luz tibia, filtrada a través del apretado tejido de las ramas frondosas, parece un pequeño Niágara coronado de sauces; l a T r i n i d a d una en su fuente, trina e n sus brazos y derramada después como la G r a c i a la Solitaria, avergonzada de su pequenez en medio de tanta grandeza; l a Iris, semejante a u n abanico de blancas plumas cuajado de resplandeciente pedrería; las de los Fresnos altos y bajos y de los Chorreaderos, y las llamadas Sombría y Carmela, con nombres que recibieron en las propias aguas de la pila donde se acuestan al descender. P o r fin, el hermano plácido y apacible y los hermanos corretones y picaruelos se reunen nuevamente en l a casa común de su estrecho cauce. Se diría que, avisados del peligro que les amenaza, quieren congregar todas sus fuerzas para arrostrarle impertérritos y decididos. N o pierden, s i n embargo, ante la amenaza su alegría. Descienden pendiente abajo murmurando, charloteando, arrojándose unos a otros chapuzones de agua y vellones de espuma, hasta el balconaje de un abismo de 50 metros que se abre de improviso bajo su c u r s o se detienen un momento silenciosos; parece que se reconcentran en sí mismos y que medit a n se asoman vacilantes al borde; se diría que quieren retroceder, pero, empujados por los que les siguen, se ven obligados a tomar u n a resolución heroica, y, por fin, lanzando, con voz potente y grave, una exclamación que es a l mismo tiempo grito de desafío y gemido de angustia, avanzan para saltar serenos, reposados, impetuosos, imponentes, trazando el airoso perfil de la suntuosa cola de caballo, y cubriendo c o n su cortina r e fulgente l a puerta negra y velada de l a portentosa cueva que se oculta detrás de su caída. A ambos lados de las antiguas sendas de sus pasadas correrías ofrecen el tesoro de sus bellezas primorosas g r a t a s en ellas se pueden admirar toda u n a feraz herborización petrificada y fosilizada; encajes de estalactitas, filigranas de piedra y platerescas labores que sé dirían hechas por un delicadísimo cincel. Pero, entre todas, piounce modo asom- POR L A G R A N R S O C I j A D A S E L A N Z A E L RIO A U N S A L T O D E 30 METROS