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LA CAPRICHOSA Y E L BAÑO I E D I A N A O F R E C E N UN CONJUNTO ENCANTADOR bro la gruta Iris, que, como producto híbrido del ayuntamiento de una pagoda oriental c o n un templo gótico, se abre debajo del cauce del río y detrás de la C o l a de Caballo. L a s más famosas cuevas no pueden competir en fantástica grandeza con ésta tan privilegiada. Se descubrió en 1860, gracias a la constancia y el desprendimiento de D Federico Muntadas, dueño entonces del Monasterio, quien abrió una escalera subterránea de 180 peldaños, atravesando una serie d e superpuestas grutas, hasta llegar a l serio de l a nave encantada. T i e ne cien metros de profundidad por 40 de altura y 20 de ancho. E n ella se ven mórbidas superficies de caprichosa morfología; monstruos de acerados y nacarados reflejos, qae avanzan desde las sombrías paredes; columnas rotas, pájaros gigantescos de verdinegras alas, tallados en l a r o c a opalescencias, obscuridades cabalísticas, todo u n c o n junto caótico que parece soñado en la pesadilla febril de n n a imaginación alucinada; delante, cubriendo su espantoso boquerón, se suicida el río por ver la gruta, como escribió L u i s R o y o V i l l a n o v a y cae incesante, con ruido de tromba y transparencia de tul. A b a jo, en el fondo, duermen ias aguas quietas, i n sondables, se diría que atezadas por la penumbra, como las caras por el sol, reflejando la negrura e n u n techo parecido a u n cielo preñado de tormentas, del que se desprenden pausados y melancólicos, con cierta augusta solemnidad, los gruesos goterones, que se dirían precursores de la imponente nube. A f u e r a en la tiente llanada, después de dar el río el formidable salto de la C o l a de Caballo, como espantado de su ingobernable salvajismo, vuelve a su juicio sereno y renuncia para siempre a la indocilidad de sus locuras. B u s c a dulces remansos donde explayarse al sol, y escoge lagos donde reposar, como aquel de cristal y de azogue llamado del Espejo, rodeado de ingentes riscos que se retratan temblorosos en las aguas sedentes. P o r l a noche, cuando todo duerme, lle- gan a las galerías del antiguo cenobio rumor de aguas que se besan, tintinear de cascabeles, himnos de regocijo, alientos de huracán; y es que, bajo sus telones de frondas y de espumas, la Naturaleza se expansiona y el río juguetea como un niño desnudo sobre el halda de su madre la tierra, mientras ésta trae a la imaginación ¡a figura de una g r a n matrona que sonríe gozosa, c o n lozana fisonomía de espléndida m a durez. D e día, el sol curioso quiere sorprender los secretos que oculta el follaje, mira impertinente por las rendijas y manda los ardientes rayos de su luz a revolotear i n quietos sobre las aguas y sobre las rocas. T o d o habla allí, todo se mueve, todo vive en una inextinguible juventud. Y aguas, pájaros, vientos y frondas cantan la alegría de v i v i r y l a satisfacción de ser tan bellos. Luis M A R T I X E Z KLEISER (Fotos áel mismo autor.
 // Cambio Nodo4-Sevilla