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cierto que fué labrada por el evangelista San Lucas y heredada luego de los Santos Aprsíeles por los obispos de Jerusalén y venerada en el Monte Sión... ¿Sois creyente, hermano? -C r e o en todo lo que es bello y es bueno... ¡Creo en Nuestra Se lora! -P u e s entonces sabed, hermano, toda la historia de este peregrino simulacro de la Santísima V i r g e n antes de entrar a saludarla con el A v e María. Por las súplicas del navegante Constantino Daniel consintió San Macario en que viniese desde el Monte Sión a la villa de Palos la hermosa imagen, que de vez en vez, por las jornaditas especialmente, traen a nuestra capilla desde la iglesia de San Jorge de ese pueblo, que la tiene por Patrona, en unión de dicho Santo, por haber elegido E l l a misma este lugar... Verá el hermano cómo fué. Temiéndose que los mahometanos profanasen la milagrosa copia de la Madre del Divino Verbo, fué acordado depositarla en el mar, como se hizo, con sentimiento y lágrimas de todos los vecinos y religiosos, el día 8 de diciembre de 719. Habíase perdido la memoria de esto; pero andando el tiempo y llegado el 7 de diciembre de 1472, víspera de la Inmaculada, p i dieron permiso los pescadores de iHuelva y Palos para echar las artes de la jábega a pesar de ser día santificado, lo que les fué concedido por él prior de esta casa, padre Juan Bautista Pedroso, diciéndoles que podían echar un lance para poder comer la vigilia ellos, y la Comunidad. Echaron las redes al sitio llamado Moría, y al sacarlas vieron que venía en ellas, después de setecientos cincuenta y tres años de estar sumergida, la imagen de Nuestra Señora. Pero no paró aquí el milagro, hermano; como se la disputasen los de Huelva y los de Palos para llevársela cada cual a su pueblo, el guardián propuso dejar el fallp en el deseo de. la Santísima Reina de cielos y tierra. Y pusieron a Nuestra Señora sola en una barquilla de vela, que dejaron ir al viento y a la ventura, conformes todos en que sería para el pueblo en cuya playa varase. L a embarcación franqueó, el paso a través del Odiel y, rompiendo la- corriente de este río, se entró en el Tinto con dirección a Palos, en cuyas arenas quedó quieta y firme. Y aquí está, hermano, la Señora ante quien vais a orar. Es V i r g e n marinera y protectora de los navegantes... Absorto y conmovido Colón por lá maravilla del relato, entró en- la iglesia y cayó de hinojos ante la imagen, que recibió por largo rato las saetas de sus rezos fervientes. Más tarde estaban reunidos en el refectorio alto del convento; -el refectorio de l u minosos ventanales abiertos sobre el emocionante paisaje de los esteros- -Cristóbal Colón, el joven franciscano fray Antonio Marchena, el guardián fray Juan Pérez, el físico Garci Fernández y otros religiosos de la Comunidad. E l lego portero había cerrado la puerta y servía el sobrio almuerzo conventual. Colón hablaba de sus proyectos y los demás escuchaban entre recelos y maravillados; pensaban si el huésped f taría en su cabal juicio; pero, por ot 1 FRAGMENTOS PINTADOS DE DOS D E LOS DÍAZ FRESCOS EN LA POR VÁZQUEZ RÁBIDA HUELVA. EL CONVENTO NOMBRE DE SANTA MARÍA D E L A MARCHENA RÁBIDA I, ASPECTO E X T E R I O R D E L E D I F I C I O 2, E L R E F E C T O R I O A L T O C O N O C I D O POR E L DE CELDA D E L PADRE parte, se entusiasmaban al considerar la magnitud de la gloria de España si todo aquello se realizase. Terminada la frugal comida le fué ofrecido descanso en una celda a Cristóbal Colón, con gran asombro del lego portero, que, habiendo oído a trancas y barrancas el relato de los fabulosos planes del viajero, no acertaba a comprender cómo quedaba dentro del convento un pobre loco de atar. E n esto llegó a la portería Pedro Velasco, un viejo marino narrador sempiterno e impenitente de las más prodigiosas aventuras del mar, que solía echar, mientras estaba en tierra, grandes paliques con el lego. ¿Sabéis la novedad? -dijo éste al marino. ¿Cuál es ella... -Q u e ha llegado, no se sabe de dónde, un hombre que asegura que hay tierras por, descubrir más allá del mar tenebroso. -Y no le falta razón- -afirmó Velascq con grave aplomo. -i Creéis, pues, que existen... -L o creo yo y lo cree toda la gente de mar de por acá desde que el piloto Alonso Sánchez, de Huelva, que hacia la rata de las islas Canarias y de la Madera, fué arrojado una vez a Poniente por la furia del viento y dio en una isla alejada de su de
 // Cambio Nodo4-Sevilla