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ASC M A R T E S 5 D E A G O S T O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 ¡TOSÉIS PORQUE QUERÉIS! Las depuración de las pasiones, consumiendo la escoria y conservando el oro sentimental. Nunca estuvieron tan cerca como ahora los corazones. ¿Que el ritmo del progreso y de la cultura no se acompasan? No importa. Nosotros no debemos sentirnos vejados porque aquel continente se nos haya adelantado. Múltiples causas a su superioridad. E l peso de la tradición no les ha estorbado, como a nosotros, los movimientos para engrandecerse espiritual y económicamente. E l pasado no ha sido para ellos, como fué para nosotros, una tiranía. Porque decir tradición no es enunciar solamente sentimientos exclusivistas, sino rutinas y negligencias difíciles de corregir cuando están defendidas, como ocurre en España, por la vanidad nacional. Es, pues, comprensible que América nos haya dejado un poco atrás en el camino del progreso. Pero ¿cómo podrían desconocer aquellos países amados que su punto de partida fué la civilización que heredaron de nosotros? Joaquín dé Vedia me refería no ha mucho un episodio, un tanto pintoresco, que patentiza nuestra común identidad espiritual. En uno de aquellos accesos de mal humor que le acometían con frecuencia, sobre todo en los años postreros de su fecunda existencia, el gran Sarmiento se dejó decir una vez: ¡España! ¡España! ¡Qué parecidos somos a t i! ¡Nos legaste tus virtudes, pero sin reservarte ninguno de tus defectos! E l insigne escritor argentino no disiente de esa opinión. No nos separan más que diferencias eufónicas del lenguaje; por dentro somos iguales. ¿Qué importa el que nos. aventajen en cultura y en bienestar? Descollando ellos, nos destacan en el mundo. L a lozanía de las ramas indica el vigor del tronco. ¿Celos? ¿Envidia? E l sentirlos nos rebajaría por igual a todos. No. Esa superioridad es el resultado de caucas diversas. L a primera, una menor fidelidad de aquellos países o tradiciones que, aun siendo respetables, no pueden ser adoptadas y menos defendidas como normas definitivas del progreso. Es una idea que hemos expuesto antes de ahora. Los pueblos hispanoamericanos se abrieron temprano a otras influencias que han contribuido a dar a su mentalidad y a su fisonomía una r i queza de matices que en vano hubieran pedido a la tradición racial. Si la emigración española ha llevado a aquel continente lo más sano de nuestras energías populares y si esas energías han proliferado en todos los sentidos de la cultura y de la riqueza, no se puede negar que Suramérica ha recibido otros aportes interesantes que, penetrando en el cuerpo continental, mitigan si no neutralizan los efectos de un españolismo que, a ser exclusivo, disminuiría el relieve del carácter y del pensamiento americanos. Y a es mucho lograr que en la puja o competencia de factores exóticos se hayaimpuesto nuestro idioma y con él una parte considerable de nuestra idiosincrasia. Lo mismo sucede en la América del Norte. Quieran o no, los yanquis no son sino ingleses que piensan algunas veces en alemán o en italiano, pero que, al expresarse en el idioma de sus antepasados, vierten en él algo de la substancia familiar. Muchas veces nos hemos planteado este problema: ¿es un bien o un mal el que se despueble España a beneficio de otros países? Hay que tener presente, dicho sea sin propósito de ofender a nadie, que para nosotros el español que emigra vale más que el español que permanece aquí. Todo emigrante es, si no un rebelde, un descontento de lo que le rodea. Desde que se asoma a la realidad, protesta. E n esa protesta, que puede ser muda, está implícitamente todo: desde el horizonte de su aldea hasta el ré Pastillas S O N A L D curan radicalmente la tos. A f 11 A M h Q HUUHIIHu ACADEMIA CELA, Fernanflor, 4, Madrid. v P A P E L DE FUMAR, IKOIA Por su calidad y presentación lo prefiere e l lumador elegante M Ü. Í U AGUAS CABREIROA Cálculos hepáticos y nefríticos, estómago, artritismo, gota. GRAN H O T E L en el Balneario. Abierto de 1. de julio a 30 septiembre. La mejor y más pura agua de mesa. Sea Vd. exigente cuando compre un aparato de radio. Únicamente el mejor le dará satisfacción completa. Decídase por un -KJBNT RADIO AUTO ELECTRICIDAD S. Agustín, 3- Madrid Barcelona- Valencia- Sevilla- Bilbao Alicante E l automóvil americano perfecto. MARIANO SANCHO, S. A. Martínez Campos, 9. Tel. 32823, Madrid. K 1 S S E L Francisco Alvarez. Constantino gimen político que le gobierna. Si el emigrante fuera demasiado sensible a la seducción de lo que ve y siente en torno suyo, no abandonaría surincón. Se quedaría, como uno de tantos vecinos, a vegetar en un ambiente que, por mucho que lo poeticemos desde la ciudad, suele ser insoportable, pollo mezquino. Es probable que algún emigrante ya enriquecido desapruebe esta observación nuestra. Si, sobreponiéndose a una emoción un poco pueril, reflexiona, convendrá con nosotros en que la vida en la aldea es de lo más. monótono y embrutecedor. La aldea está bien para más tarde, cuando el emigrante retorna ya rico y un tanto fatigado de las pompas y vanidades urbanas. Yo tengo un amigo millonario en la Habana que viene a pasar tres meses todos los años en el burgo montañés que fué el escenario de su infancia. Pero, según confesión propia, mientras descansa a la sombra del cajigal de su huerto, su pensamiento vuela hacia el otro continente. Lej os de los ojos, lejos del corazón, dicen los franceses, adulterando la verdad. Se puede amar y se ama profundamente lo que está muy distante de nosotros, y si nos separa lo imposible, más. A l partir de España, como el emigrante se lleva, con sus energías, su caudal de descontento, priva a su Patria de los fermentos de rebeldía promotores de todo progreso. ¿Que, una vez poderoso, el que se fué envía su dinero a España? Pero como ya de rebelde se ha hecho conservador, aJ regresar lo encuentra todo bien. E l optimismo de los ricos es una causa del atraso de un país, pues estorban con la fuerza de su dinero todo intento innovador. Hubiera sido preferible que el emigrante se hurbiese quedado en España, pues, de esa manera, su descontento, sumado a la inquietud del vecino, habría creado ese sentimiento colectivo de protesta que saca de la rutina a los elementos conservadores que gobiernan. L a tesis contraria es igualmente defendible. E l emigrante, venciendo su descontento, se queda en la aldea, y poco a poco la atmósfera espiritual del lugar absorbe sus impulsos y lo desarma para Ja lucha- por la vida. Ausente y abandonado a sus propios medios, duplica su vigor, y a cada obstáculo que se le presenta opone un arma recién adquirida en la cultura y en el trabajo. En la conocida anécdota de las Memorias de Darwin, las mariposas que volaron contra el viento en la isla de la Tasmania contrajeron, al reproducirse, una reciedumbre de alas que no. tenían, y las especies que se dejaron mecer por el aire se extinguieron. E l fuerte. se coloca, por instinto, de cara a la dificultad, hasta que le llega la hora de la renunciación total. Entonces el desamor de todo lo que le atraía le empuja lentamente hacia el yermo de la indiferencia. Y a no pelea por nada, porque se ha despedido de todo. A esa trágica situación de ánimo se puede llegar por dos vías: el éxito, que es la saciedad, y la tardía apreciación de ambiciones, que, consideradas en frío, no valen el más ligero sacrificio. E l que no quiere nada es más fuerte que el que lo tiene todo. Los hartos tiemblan ante los desheredados. Toda la política actual del mundo no es sino una serie de capitulaciones de los poderosos con los débiles. ¿Misión del emigrante español en América? A esa pregunta de La Razón contestan todos los consultados: Resumir en un solo amor lo distante y lo cercano, la Patria que se abandonó y la tierra en que se ha encontrado, si no la felicidad, su aproximación, que es el dinero... -MANUEL B U E N O AM 1 S S A I ISIDRO París, julio, 1930.
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