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A B C. M A R T E S 5 D E AGOSTO D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 10 NUEVA ASTRONOMÍA Comienzo de una película para William Haines Es por la mañana. E l mar- ¡tan lejano! -es una línea azul. William está tumbado en la cubierta del buque, sobre el suave oleaje. A veces se inclina para mirar el agua turbia del puerto. Otras sonríe cara al sol desde el interior de su traje azul, con el gorrito blanco de ia flota, norteamericana torcido hacia la ceja. Muy cerca alguien toca un acordeón. Una brisa cálida infla las velas inmaculadas. ¿Vieja- piratería? No. Romanticismo americano simplemente. La escena sería perfecta si no se notase- -a simple vista- -una tan total ausencia femenina. Los ojos claros, sencillamente, audaces, de William Haines parecen notarlo, y esto presta a todo un tedio especial, una cierta languidez de aburrimiento tropical muy en consonancia con esta decoración marinera de los mares del Sur. Pero de repente se oye un grito. Arrastrada mar adentro por la resaca, una mujer está en peligro de morir ahogada. Hay un momento de confusión. Carreras. Voces. Sólo él está tranquilo, certero. Varios se arrojan al agua, pero Haines antes. Varios nadan hacia ella. Sólo él llegará a tiempo de salvarla. De ayudarla a marchar después cuidadosamente hasta la arena. Es el comienzo de una amistad que va a durar toda la película. -i Qué suerte la suya! -I Por no haberme ahogado? ¡Oh, no! Por tenerme a mí de ángel de la guarda. Todas las mujeres la envidiarían. Y después el abrazo brutal. De repente. Sin pensarlo. Porque sí. Y o soy el hombre más grande del mundo -añade- Pero la girl le rechaza llena de indignación. Sus ojos le miran despreciativamente, como queriendo decir esta gran mentira: Preferiría haber muerto en el agua sucia del puerto Y se va. E l intenta detenerla, sin comprender ninguna de estas tres cosas: Que ahora debe marcharse y es inútil rogarla nada. Que esa mujtr ha de ser fatalmente suya, porque así está escrito en el libreto del argumentista. Y tercero, que todos los des- plantes de ella no servirán apenas más que para adornar con un poco más de emoción eso que se ha dado en llamar el beso final. Pero William, que desconoce la lógica de las películas, a pesar de haber hecho tantas, ruega inútilmente, intenta reírse. Y al fin, de repente- -en una reacción muy suya- -se entristece. En una palabra: reniega de su brutalidad de hombre, que pesa cien kilos a los veintinueve años. Hace ya algún tiempo que no veíamos este su estilo, un poco limitado, aunque impecable. A base de audacias excesivas y arrepentimientos sinceros. Después de su fracaso en Espejismos- -modelo. de películas absurdas- hemos visto tres más. Jimmy, el misterioso, es, sin duda, la mejor. N i el argumento viejo y policíaco, ni su moraleja, adivinada desde el principio de la película, podrían hacer pasar por alto una interpretación tan. ceñida, tan acertada. Es la fábula del eterno ladrón, que al final reconoce sus yerros casándose. Y lo mismo que se casa podría meterse a monje, de puro contrito y arrepentido como está. En ella William Haines se supera. H a sabido reunir el optimismo norteamericano y una cierta sobriedad emotiva de carácter europeo. Sobre todo en los momentos en que parece fracasar. Cuando sus músculos, faltos súbitamente de fuerza, dejan caer sin esperanza los brazos. Gesto tan desolador y espontáneo, que triunfa de las epidermis más groseras. De. las sonrisas más indiferentes. Y es en ese momento cuando sus compañeras de trabajo, súbitamente enternecidas- ¿quién no lo recuerda? sienten la tentación irresistible de apoyar, sus lindas cabecitas de pájaros sobre el pecho ancho, atlético. Antes. Hacía mucho tiempo que no veíamos trabajar tan bien a un. actor de cine, dentro, naturalmente, de su modalidad. Yo confieso mi emoción ante estas películas de trucos conocidos, pero de. un interés tan abierto, tan lleno de los pequeños detalles de la vida vulgar- -de los pequeños problemas íntimos- fondo preferido para las películas de este boxeador sentimental. Sus ojos grandes y sencillos, siempre abiertos a la luz. Limpios de emociones tortuosas o inconfesables. Manos grandés Y no sólo aquí donde las manos pequeñas es, tán en mayoría, sino incluso en los Estados Unidos y en Alemania, donde las manos que pudiéramos llamar humanas abundan poco. A l cerrarse forman ese algo maravilloso que se llama los puños de William, siempre triunfantes de todos los traidores de películas. Es la misma mano torpe que acaricia temblorosa los hombros de las muchachas. Manos de emoción aniñada, las que después. se descargarán como una tromba sobre las- espaldas de los borrachos que quieren abrazar a las mujeres indefensas. Fuerza terrible, pero a quien los ojos. azules de cualquier vendedora ambulante bastarían para dejar k. o. Haines nos demuestra- -con su sonrisa de siempre- -cómo sin ningún adelanto nuevo de técnica se puede hacer una gran película. La técnica es algo, maravilloso y definitivo. Pero tampoco es posible sacrificar toda una obra a sus pies, por lindos que éstos sean. L a gente se aburre ante esas cintas, cuyo argumento sólo es un pretexto mal disimulado para hacer virtuosismos de luz. Naturalmente, el público comprende el artificio y las. rechaza. L a perfección sólo se entregará al que logre unir las dos tendencias. Técnica. Sí. Mucha técnica. Toda la que se quiera. Pero no olvidemos la emoción. Ansiado secreto, que hace: de una cinta de celuloide algo vivo y vibrante. Maravilloso. Profundamente humano. de, de una manera patente y solapada a la vez, va encubierta la clave de problemas superiores. Realismo mágico, fácil al interés y la pasión del espectador, y donde el ánimo exaltado adivina en seguida- -con ese instinto emotivo, no racional, de las masas- -horizontes más amplios. La franqueza alemana nos revela su grado de. ingenuidad en estas materias. Y no del studio. Más que una cuestión puramente cineasta, corresponde a la parte literaria del cine. Más que un problema de técnica, es un problema de distinción, de elegancia l i teraria. En cuyo aspecto Rusia tiene una tradición j un prestigio de que Alemania carece. En lo que Alemania ha superado a todos ha ido en eso que pudiéramos llamar efectos artificiales del cinema. Metrópoli es un ejemplo de ello. Responde siempre- -o casi siempre- -a una realidad superior. Más racional que razonable. Demasiado intelectual para que el mapa vibre por entero. ALBERTO C O R R O C H A N O LA HISTORIA D E LOS ESTADOS UNIDOS E N FILM Will H Hays, presidente de la Asociación de Productores Cinematográficos, ha anunciado oficialmente que, por indicación del presidente Hoover, va a iniciarse la filmación de una verdadera historia cinematográfica de los hechos más culminantes de los últimos veinticinco años en los Estados Unidos, valiéndose para ello del archivo de negativos de las Empresas de actualidades establecidas en Norteamérica. Copias de todos aquellos acontecimientos de valor- -inauguraciones, actos oficiales, catástrofes, etc. -van a ser conservadas en bóvedas especiales, usándose de cuanto medio científico sea posible para preservar tales copias de la. acción del tiempo. Y en seguida, aprovechándose del moderno cinc hablado, de aquí en adelante se creará un archivo nacional de todo acontecimiento de cierto valor qué sea registrado por las cámaras cinematográficas y sonoras, de modo que las generaciones venideras puedan ver y escuchar los grandes acontecimientos y conocer los hombres de fama, políticos, artis tas, etc. de Norteamérica. l Paralelismos pasados de moda En el despertar de la industria cineasta alemana corrió por ahí una afirmación, que hoy ha llegado a la categoría de tópico cinematográfico. E l cine alemán es una imi- tación, un discípulo del ruso Teoría sustentada por críticos de peso e incluso famosos. Dicha afirmación se pudo hacer antes, cuando el cine ruso era algo así como una alegre leyenda. Un. mito lejano. Y tan extenso, que, como en una interviú de entonces la preguntaran á una actriz francesa, de esas que hay tantas, qué cine la parecía el mejor, contestó sin vacilar: E l ruso Cine que desconocía ella con tanta perfección como- los críticos. Pero ahora que la exhibición de películas de la U R. S. S. -aunque cortadas- -es un hecho, más que un laberinto artístico, la sola discusión del asunto es un caso de moralidad. Los alemanes más intelectualistas, al plantear un problema, lo resuelven de una manera simbólica: mediante abstracciones, que nos recuerdan los autos sacramentales de nuestro teatro. En sus películas sale el diablo, el vicio, la virtud, la mujer mala, no como simples arquetipos humanos, sino como símbolos de. un drama universa! Los rusos, por el contrario, prefieren coger los pequeños dramas humanos, con todas sus cualidades de intensidad y emoción posibles, don- EL COMITÉ ESPAÑOL DEC 1 N E M A E D UCAT 1 VO Ha quedado constituido en- Madrid un Comité español de Cinema educativo, de cuya labor nacional y social se espera mucho. Serán, sus tareas inmediatas las siguientes: Primera. Entrar en conexión con el Instituto Internacional, de la Sociedad de Naciones. Segunda. Abordar en España cuantos problemas plantea el cine en su relación con la cultura, organizando las estructuras precisas. Y tercera. Auxiliar la ponencia del próximo Congreso Hispanoamericano de Cinematografía en lo que se refiere a cine cultural, educativo, documental. Como presidente de esta institución ha sido elegido D Manuel G. Morente Vicepresidentes: Dr. Pittaluga y D. José Aragón. Tesorero, D. J A de Sangróniz. Vocales: D. Ricardo Urgoiti, D. Cándido Bolívar, Sr. Agramonte, D. L Jordana de Pozas, D. Carlos jBadía, D Inocencio Jiménez, D Fernando Viola y D. L Gómez Mesa. Secretario general, D. E Giménez Caballero.