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A B jC, M A R T E S 5 DE A G O S T O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA; P A G 3 Terminada aquélla, y á los gratos acordes de la bronca, aquél fué llamado al callejón y amonestado amablemente. U n a multa, quizás. E n el resto de la corrida, cada intervención del valenciano volvió a desencadenar, el huracán en el tendido. L o único que Enrique Torres hizo dé bueno, fué un quite mariposeante en el segundo toro. Parodiando la conocida frase del sacristán de Alma de Dios, se le puede recordar á ese chico: ¡A la plaza se viene dormido! L a primera, la más sentida ovación de la tarde, fué la otorgada, al romperse el pelotón de los toreros, a Galea y a Roales, j u n tos por una vez, aunque a las órdenes de distintos jefes, en el ruedo donde el L i t r i inspiró al conjuro de su sencillez ejemplar, rara como su arrojo, por ningún otro torero igualado, profunda idolatría. Fraternalmente unidos, como cuando al servicio de Manolito Báez ponían todo su saber- -más valioso al impulso de la cariñosa solicitud- -los dos notables lidiadores recogieron aquella conmovedora expresión de u n pueblo que no olvida al ídolo muerto, n i ha dejado aún de agradecer el calor que ellos le prestaran... Uno y otro, coh Romerito y alguno más, bregaron y parearon con sumo acierto. El cuarto toro volteó a un muletero espontáneo, rompiéndole la ropa por do más sentado había. -Juan María Vázquez. INFORMACIONES Y NOTICIAS TAURINAS E n H u e l v a A la plaza se viene d o r m i d o de dos diestros mejicanos. E n Tetuán: E n M a d r i d Presentación E n Migueláñez apunta un buen t o r e r o E n V i s t a A l e g r e O t r a novillada económica. E n S a n tander: D e prisa y corriendo. T o r o s en Barcelona, L a Coruña y V i t o r i a E n otras plazas. Novilladas EN HUELVA seando por el anillo, entusiásticamente ovacionado, en ambas ocasiones. E n los quites intervino bien, y en uno por chicuelinas obtuvo un gran lucimiento. Veroniqueando, n i fu n i fa. Julio García se arrimó mucho, mucho. U n a vez más, su arrojo ante el peligro fué lo más digno de ser tenido en cuenta en su labor. Recordemos que, sin embargo, el valiente lidiador de Palma del Río sabe torear con mando y moderno estilo cuando los toros le ayudan. E l domingo no le ayudaron, y el hombre no pudo lucir su arte. Pero a él fué debida la nota más emocionante de la tarde al dar al sexto una serie de muletazos de cabeza a rabo, tan encerrado en tablas, que no parecía sino que a cada lance el bicho iba a llevárselo en la cabeza. E l público, puesto en pie, aclamó aquel denodado alarde de Julio, que en el resto de la labor, como en todo el transcurso del trasteo al tercer bicho, estuvo cerquísima de las astas. L a principal deficiencia en que incurrió fué el intentar adornos que no encajaban en su temperamento n i con la mansedumbre de los toros. Aquellos molinetes sin sincronizar no hicieron buen efecto. Entrando por derecho, mató a cada bicho de media estocada, mejor puesta la del último, de la que salió con el chaleco roto. L a primera vez tuvo que descabellar. E l concurso le aplaudió mucho durante toda la tarde, le concedió las orejas y el rabo de su segundo adversario y le despidió con una ovación grande. Enrique Torres había toreado la víspera en su tierra. U n a hora antes de la corrida de Huelva, acababa de llegar de Valencia. Veinte horas en automóvil; siete pinchazos en la carretera; enervadora vigilia... Vélasele ausente de lo que hacía y- -como cada cual cuando no ha podido d o r m i r- -algo fosco. Movido y sin aguantar- -por lo que sufrió un buen achuchón- -había trasteado al primer manso y dádole muerte con media muy atravesada, al cuarteo, y un descabello. Pero llegado el momento de dar fin del cuarto, quedado en extremo, la gente, a coro, tomó a broma el perezoso trasteo del hijo del guardia, en quien el buen humor del tendido hizo el efecto de un despertador: ¿S e meten conmigo? -pareció decirse, abriendo los ojos- Pues esto se acabó... -Y para acabar antes, hizo un viaje- ¡o t r o! -hasta el estribo, en busca de un estoque mejor que el que tenía. Ninguno le gustaba. Parecía que eran sus estoques los que habían venido pinchando, hasta quedar romos, carretera adelante. Como la difícil elección se prolongaba, un espíritu generoso sugirió la solución y propuso: ¡Coge el sable de tu padre! N o cogió el sable Torres, pero cargó violentamente contra el desinteresado autor de la idea, lanzándole un dicterio bastante duro. P o r espíritu de cuerpo, todos los espectadores hicieron causa con el u l trajado, y sobrevino una chillería de pronóstico grave, prolongada hasta que el toro se tumbó- -para dar envidia al fatigado torero- -después de recibir una mala estocada y cinco descabellos. Durante la faena, Enrique oyó un aviso. Delicada ofrenda del novillero L e o p o l d o Blanco Huelva 4, 4 tarde. Ayer llegó a Huelva el valiente novillero Leopoldo Blanco, que actuará en la novillada que se celebrará hoy. T a n pronto llego se persono en el domicilio de su infortunado compañero Pedro Carreño y encargó una gran corona de claveles. Esta mañana, Leopoldo, acompañado de su amigo y compañero el novillero onubense Antonio Maestre (Nene) y algunos familiares y. amigos, estuvo en la necrópolis de la Soledad, depositando la corona sobre l a tumba del malogrado torero. A la plaza se viene dormido Las buenas maneras de A r m i l l i t a chico, el pundonor de Palmeño y la falta de sueno de Enrique Torres, dotaron a la corrida de Huelva d eunas notas bastante gratas, acusadas aisladamente en lucha con é levísimo deseo de pelea que llevaron al ruedo los toros del Sr. Conradi, tan feos, ventrudos y zancudos como apacibles. Y tlacotes, también, y abundantes de leña; peculiaridades físicas en las que fué excepción el bicho l i diado en cuarto lugar, corniexiguo y obeso. E l joven Armillita merece la primacía en el comentario; no sólo porque fué el que mejor quedó, sino porque el matiz colombino de las fiestas que ahora alborozan a Huelva de unas notas bastantes gratas, acurencia a los factores del otro mundo. S i n duda, el empresario de la corrida quiso extender a ésta el carácter general de los festejos, e incluyó, así, en el programa, a F e r mín Espinosa, una de las más recientes derivaciones del Descubrimiento. E l chaval mejicano estuvo muy bien penetrado del papel que representaba, y puso en su desempeño Una buena voluntad que se vio coronada por un éxito muy estimable. U n a cosa hizo que no nos agradó: el tomar las banderillas en el segundo toro, para traspasarlas a sus huestes después de cuatro o cinco intentos que el aplomo de la res no dejó prosperar. Eso no debe hacerse, E l matador que se lanza a banderillear, sin que nadie le obligue, por no haberse percatado de los obstáculos que van a oponérsele, no tiene otro camino que el de pechar con las consecuencias de su yerro y colocarlas cómo y dónde pueda. Pero no en la arena ¿eh? E n el toro, siempre. Aparte ese lunar, el trabajo de Armillita dio un conjunto de facilidad y discreción muy notables; singularmente al parear muy bien al quinto y en las dos faenas de muleta, sacando partido, con dotes de buen torero, de dos bichos que no valían nada. E l diestro consiguió, a veces, que uno y otro le tomaran el trapo, y cuando esto 110 pudo ser- -agotado el tenue empuje de los enemigos- -desenvolvió un toreo por la cara muy alegre, adornado y vistoso, que llenó de júbilo a la parroquia. Mató pronto, aunque alargando el brazo y sin acercarse a los cuernos, y cortó una oreja de su primer adversario y las dos y el rabo del otro, par EN MADRID Presentación de dos diestros m e jicanos A l excelente novillero Luis Morales sólo se le ve, ignoramos los motivos, muy de tarde en tarde en el coso madrileño, y resulta ello incomprensible, por cuanto se trata de un artista meritorio cuyas exhibiciones cortesanas se cuentan por éxitos, virtud suficiente por su amenidad para acusar una verdadera personalidad en el orden taurino. E l domingo sólo mató un novillo, el que rompió plaza, terciado y bravo, pero se quedó muy pronto, muy pronto, antes de concluir el tercio de varas. L o lanceó de capa con temple y suavidad; le clavó un par de rehiletes de dentro a afuera, y tras una faena reposada, valiente y torera, le propinó un estoconazo en lo alto, entre una calurosa ovación. D i o l a vuelta al ruedo y salió a los medios a saludar a la parroquia, que aún s i guió aplaudiendo un buen rato. E l segundo enemigo, grande y mansote, adelantaba mucho por el lado derecho, y en uno de los lances de capa prendió y derribó al espada, que, herido como estaba, tornó al toro y continuó lanceando hasta que, por arrojar mucha sangre de la pierna derecha, se entregó a las asistencias, que hubieron de conducirle a la enfermería. E l percance, lamentable por todos conceptos, impidió a Morales la consolidación legítima de su nuevo y definitivo triunfo. Dos nuevos novilleros mejicanos se presentaron en la corrida que reseño: José González (Carnicerito de Méjico) y L u c i a no Contreras, paisano del anterior y su pareja en la realización de grandes hazañas en el circo de Dominguín. E n el primero de los nombrados advirtió el público un valor frío y un banderillero sumamente fácil, pues clavó dos buenos pares de frente a su primer enemigo. A este toro, manso de solemnidad, le hizo una faena de aliño, a la que puso fin de un estoconazo atravesado. A l bicho que hirió Morales, cuarto de la tarde, le clavó Carnicerito de Méjico tres soberbios pares de garapuyos, que fueron otras tantas ovaciones, y ya en el último tercio realizó una faena v a lie te y reposada que coronó con un p i n- 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla