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A BC MARTES 5 D E A G O S T O D E 19 30. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 3 bres estropeados, rendidos, soñolientos, qué habían pasado toda la noche encerrados en aquellas cajas veloces, atravesando Aragón y una parte de Castilla la V i e j a en una carrera vertiginosa para llegar a Santander a tiempo. Aquellos hombres rendidos, que al salir del coche se desperezaron sacudiendo el polmo del camino, eran los toreros. Habían salido de Valencia la noche anterior y el viaje lo habían hecho deprisa y corriendo, para no perder tiempo, porque un contrato les obligaba a estar vestidos de luces en la plaza de Santander, a las cuatro de la tarde del día siguiente. D e prisa y corriendo subieron al hotel, se sentaron a las mesas y comieron cualquier cosilla, y a prisa y corriendo se lavaron la cara y se vistieron con los trajes de plata y oro. Se volvieron a meter de nuevo en otros coches que los esperaban para llevarlos al circo, en tanto que la multitud se apretujaba en la alameda y la música lanzaba al aire las notas del pasacalle flamante que había de decidir a los más perezosos a ver las proezas de aquellos hombres, aún dormidos. Todo se hizo de prisa y corriendo. L a corrida duró hora y media, que es el máximo de la velocidad taurina. Los toreros, debido a aquella precipitación con que iban haciéndolo todo, no tuvieron tiempo de ver que los seis toros de Concha Sierra, que mataron, eran de lo más parejo, bonito y bravo que se había lidiado en toda España. Cagancho y Gitanillo tenían verdadera p r i sa en acabar, porque en cuanto se arrastrara el último toro tenían que meterse otra vez con todos sus hombres en los coches que los trajeron de Valencia, para marcharse a V i toria, donde habían de torear el lunes. E n estas condiciones, y con ese impulso de rapidez, los dos gitanos se rieron del res- petable público, que no debía serles nada respetable cuando de tal modo le desatendieron. Cagancho, en medio de todo, pretendió hacer algo que le disculpara de la burla, pero Gitanillo no se tomó en ello la menor molestia. Salió con una venda negra en forma de casquete que le hacía parecer un faquir, y una cara de guasa que no estaba a tono con el casquete. De prisa y corriendo dio unos cuantos lances como los podía haber dado el Merengue Chico. Otros lentos muletazos incoloros, dos pinchazos, media estocada y una entera que terminaron a dos hermosos animales que le correspondieron en turno. 1 P a r a qué detallar lances, muletazos y estocadas si ninguno merecía la pena? E s decir, hubo algo que debemos consignar, y fué la manera de entrar a matar Cagancho en su segundo toro, perfilándose muy bien, adelantando la muleta y cruzando como mandan los cánones. Fuentes Bejarano fué el héroe de la jornada. Como no tenía prisa y había dormido tranquilamente la noche anterior en su hotel, se enteró de los toros que le habían tocado y estuvo en ellos superior de verdad, lo mismo con el capote que con la muleta y el estoque dio la sensación de serenidad y de valor, y al lado de los otros estuvo hecho un coloso. E l cuarto toro a! entrarle a matar le prendió por el brazo y le dio un puntazo en una mano sin consecuencia alguna grave, por fortuna. H i z o un quite formidable en la caída al descubierto de un picador que si hubiera esperado a la intervención de los otros matadores, medio dormidos, lo hubiera pasado muy mal, v bregó y bulló toda la tarde, destacándose notablemente de aquel conjunto de toreros moribundos por la salida del viaje y la falta de sueño. A las siete, otra vez los autos polvorientos volvieron a encerrar en su fondo a los hombres cansados que llegaron por la mañana. U n a nube de polvo los envolvió a todos en la primera curva del camino. E r a la chazo soberbio y una estocada terciada. Salió a continuación su segundo enemigo, más manejable que los anteriores, salvo el que rompió plaza, y el mejicano lo lanceó de capa con valor, haciendo después un quite artístico y temerario que consiguió desbordar el entusiasmo del público. Tomó las banderillas por tercera vez y dejó dos buenos pares al cambio y otro, soberbio, por los terrenos de dentro. Las tres ovaciones que escuchó fueron nutridas. Brindó al público el espada en homenaje de gratitud y se fué al novillo, con el que ejecutó una buena faena, a la que puso término de un pinchazo hondo y un estoconazo en lo alto. Se le aplaudió mucho. ¡A h! y me olvidaba de consignar que cuando Morales era corneado en el suelo, entró al quite, con verdadera decisión, Carnicerito de Méjico, que logró llevarse al bicho mientras los espectadores le aplaudían con estrépito. Luciano Contreras no mostró nada de particular en su primer toro, pues que lanceó sosamente, le aliñó con l a muleta y le mató de un pinchazo en hueso y una estocada corta. Cambió l a cosa en el último bicho, al que hizo una gran faena de muleta, adornada, pinturera, dominadora y valiente, que entre otras virtudes tuvo la de sujetar en sus asientos a los espectadores, a los que sorprendió gratamente, ya que el bicho, que era un marmolillo, lo toreaba en cada pase el torero con temple y suavidad envidiables. Dos pinchazos y una estocada en lo alto concluyeron con la res, escuchando una merecidísima ovación el último debutante por ahora, al que se paseó en hombros y todo. E l ganado, de la divisa de Veragua, propiedad a la sazón de D Manuel Martín Alonso, era terciado, sin cornamenta exagerada, de bonita lámina; pero tan manso, tan manso, que salvo los bichos soltados en primero y quinto puestos, estimo debieron ser fogueados todos. Con las banderillas destacó, por su guapeza al clavar, el diminuto artista Alfredo Cuarial, al que se aplaudió calurosamente. -E. P. Durante la lidia del tercer toro ha i n gresado en l a enfermería Manuel Pérez, con una contusión en la región lumbar izquierda, lesión que le impidió continuar. Durante la lidia del cuarto toro ha i n gresado en esta enfermería Luis Morales, con una herida por asta, situada en la cara posterior de l a pierna derecha, con aponeurosis, que interesa la masa muscular, en d i rección oblicua descendente, con orificio de salida, de pronóstico menos grave. EN TETUAN Manuel Blanco, que dieron juego, especialmente el quinto y sexto, bravitos y suaves y manejables para el capote y la muleta. E l cuarto novillo, rabicorto y de insigní- ficante lámina, fué retirado y sustituido por) otro. (Vimos en Mariano Verdasco un muchacho animado de buena voluntad, pero aún poco- suelto para pisar el terreno de los toros y despegárselos con el capote y la muleta; salvando estos reparos, dio algunos lances l u cidos y con la franela roja, aunque no dominador, mostróse valiente, lo mismo que al entrar a herir. E n su segundo, que estaba quedado y daba terribles arrancadas, fué derribado en el primer pase; siguió por ayudados, quedándose muchas veces ante la cara, y colocó un pinchazo y una estocada, saliendo rebotado y con un varetazo en una ingle, que le obligó a pasar a la enfermería. E n Joselito Migueláñez apunta un buen torero; su modo de estar colocado en la plaza, su capote oportuno en las ocasiones de peligro, le acreditan como de estar muy enterado de la lidia de reses bravas; sabe además manejar el capote y la muleta con soltura, dominio y arte, y tiene valentía en los parones. Con el capote mostró el moderno repertorio; dio un emocionante cambio de rodillas y banderilleó sus toros al quiebro y con buenos pares al cuarteo. Sus faenas de muleta tuvieron gran sabor, especialmente en la que empleó en su segundo bicho, en la que destacaron los pases de rodillas, afarolados y de pecho, para dos pinchazos y una estocada, premiada con una ovación y l a oreja. Tuvo una gran tarde y salió en hombros. E l tercer espada, José Neila, tiene buen estilo de capa, pues baja la mano, cualidad indispensable para llevar bien toreado al enemigo. D i o lucidas verónicas, chicuelinas y reboleras, por lo que oyó muchas palmas. A su primero, previa faena laboriosa, le recetó media estocada tendida. E n el que cerró plaza empleó faena pinturera, con pases de costadillo y de la firma, saliendo volteado, sin consecuencias. D i o tres pinchazos buenos, una estocada y descabelló con la puntilla. E l muchacho produjo excelente impresión. A l público le satisfizo la novillada. -J. Carmona. SN VISTA ALEGRE O t r a novillada económica E l domingo se celebró en esta plaza otra novillada, lidiándose bichos de Zaballos. De ellos sólo dos fueron buenos, uno regular y tres mansos. E l Niño de los Angeles toreó valentón de capa y muleta en su primero, al que despachó de media estocada. D i o l a vuelta al ruedo. E n su segundo, mal, y escuchó un aviso. Rabadán toreó muy bien de capa a su p r i mero y colocó un par y medio de banderillas, valiente. L a faena de muleta también fué lucida, terminándola con un pinchazo y una atravesada. Saludó desde el tercio. T a m bién fué aplaudido con capa y muleta en su segundo, al que despachó de dos pinchazos y media buena. Cortó la oreja y dio la vuelta al anillo. José Brageli mostró un excelente estilo con capa y muleta, escuchando muchos aplausos. Mató a su primero de una estocada y cinco intentos de descabello. D i o la vuelta al ruedo. E n el último pinchó cuatro veces. L a entrada no pasó de regular. -M. R. EN SANTANDER E n Migueláñez apunta un buen torero M a d r i d 4, 3 tarde. E l domingo se celebró en esta plaza una novillada sin caballos, con el espejuelo de la rifa de varios objetos entre los espectadores, que acudieron solamente en cantidad para cubrir media entrada, porque las novilladas sin caballos van limitándose exclusivamente a los pueblecitos sin recursos, que anualmente celebran la fiesta del santo Patrón. Pero estas novilladas ofrecen, en cambio, casi siempre, ocasión de poner dé relieve las aptitudes de noveles diestros, que, inflamados de entusiasmo y afición, aspiran a ocupar un puesto entre las figuras taurinas, y así, el domingo, el festejo que el público consideró en principio como uno más, sirvió para hacerle pasar la tarde entretenido y aun para entusiasmarle con las faenas de los jóvenes l i diadores que figuraban en el cartel. Fueron éstos Mariano Verdasco, Joselito Migueláñez y José Neila, quienes se las hubieron con seis terciados novillos de don D e prisa y corriendo Santander 4, 3 tarde. A las dos de la tarde llegaron a Santander unos automóviles polvorientos. Dentro venían unos hom- Lea u s t e d A B C