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NO DEJE USTED D E LEER TODOS LOS DOMINGOS OUE ES U N P O R T F O L I O por la diversidad de sus fotografías. U N L I B R O por la abundancia de su texto. U N M U S E O por la belleza de sus planas artísticas; y U N R E G A L O por la baratura de su precio. UNA PESETA E L EJEMPLAR E N TODA ESPAÑA E. RODRIGUEZ- SOLIS Doña (Teresa, que educaba a su hijo con el mayor esmero, quería hacer de su Carlos un sabio, un héroe, honra de España y admiración del mundo, cosa natural en una tan amante madre, y los franceses habían venido a segar en flor sus doradas ilusiones. E l odio que los profesaba era uno de esos odios a muerte, y no transigía, no ya con ellos, que esto le parecía un crimen, pero n i siquiera con aquel que tratase con ellos, al que motejaba de afrancesado, de renegado peor que los judíos, de mal español. Cuando supo la llegada de Napoleón a Bayona y que se disponía a entrar en España, aceptó los ofrecimientos de sus queridos hermanos y se vino a M a drid, resuelta a no. contemplar la entrada de los franceses en Burgos y la profanación del sepulcro de su idolatrado hijo por sus inhumanos verdugos. Valiente como las antiguas matronas, heroica como las mujeres de Cantabria, que ahogaban contra su pecho a los hijos de sus entrañas para que no cayesen bajo el poder de los romanos, doña Teresa Miranda era una de aquellas mujeres que infunden a la vez respeto, admiración y cariño. a L O S G U E R R I L L E R O S D E 1808 disponiendo un alistamiento general de iodos los. hombres útiles de dieciséis a cuarenta años, le llenó, de ardor bélico y de patriótico entusiasmo. A l a venida del general Moncey contra Valencia, se presentó al frente de 2.000 hombres armados, del partido de Murviedro, en defensa de la ciudad. Antes de partir les d i j o Volemos al campo del honor, hijos de Sagunto; preso nuestro Rey, hollada nuestra Patria, juremos no doblar la frente ante los advenedizos que, so color de amistad, pretenden tiranizarnos, i T a l sea. el juramento de la división saguntina! Durante el ataque de Valencia Romeu dio pruebas de su grande valor, y una vez libertada l a ciudad regresó a Murviedro, orgulloso de la bizarría con que se habían portado los saguntinos que iban a sus órdenes. Seguro de que la lucha se renovaría, les exhortó á prepararse, y él, por su parte, se dedicó a l estudio del arte militar, bajo la dirección de un jefe distinguido, a fin de contrarrestar con alguna nociones del arte de la guerra los grandes conocimientos de los generales franceses. Muchas e importantes comisiones desempeñó R o imeu por algún tiempo, costeándose todos los gastos, sin querer percibir l a menor cantidad, y equipando y manteniendo varios soldados a su costa. Para no alarmar a su esposa, y pretextando tener que resolver ciertos asuntos en las oficinas del Estado, en lo cual había un fondo de verdad, se dirigió a Madrid con don Luis Peñaranda, deseoso de tomar parte en la defensa de la capital contra! 5o s ejércitos de Napoleón. Su amistad con don Luís databa sólo de algunos meses; pero como nacida al calor de los peligros, era firme, leal, y tan duradera, que sólo debía acá- bar con la vida. Apenas llegado a Madrid escribía a sus amigos de Valencia, don Manuel Clavero y don José Soler, ¡sus impresiones en esta forma: S i v o y por las calles me parece ver a los heroicos patricios del memorable 2 de mayo. S i recorro el Prado me parece oír los gritos de aquellos valientes tari inhumjinarfleníe fusilados... r 1 E l otro nuevo personaje que hallamos en casa del señor Miranda es don José Romeu, uno de los p r i meros guerrilleros de Valencia, cuyas hazañas encontrará el lector más adelante, pero del cual nos creemos obligados a decir algo que sirva como de presentación a un hombre de tan extraordinaria valía. Don José Romeu nació en la importante villa de Murviedro (Valencia) en donde radicaban sus cuantiosos bienes, y pertenecía a una de las familias de más brillante representación en la historia de Sos antiguos reinos de Aragón y Valencia. A I estallar el movimiento popular de 1808, se o l vidó de su familia, compuesta de su esposa, doña María Correa y Navarro, natural de San Roque, en la provincia de Cádiz, y de sus hijos José, a la sazón de cuatro años, A n a Matilde, de tres, y María, de diecisiete meses, resuelto a dar su vida por la ¡Patria. L a orden de la Junta de Valencia de 25 de mayo
 // Cambio Nodo4-Sevilla