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MADRID- SEVILLA 6 D E AGOSTO D E 1930. NUMERO 10 C T S SUELTO REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ O L I V E E R C A N A A T E T U A N SE V I L L A ABC ciendo por medio de actos m á s simples, m á s generales, menos numerosos, el conocimiento de los ángeles señalando en ello un progreso sobre el de los hombres, hasta llegar al conocimiento propio de Dios, el cual es acto puro. Ciertamente, no estoy yo lejos de reclamar el nombre de conocimiento ang- élico como aplicable a ciertas formas de operación intelectual, que la impiedad corriente designa, con demasiada frecuencia, bajo el nombre de vulgarización ¿F i g u ra angélica no tiene acaso, a nuestros ojos, Sócrates comunicando el saber en plazas, mercados y festines, y bajo las formas de mayor vivacidad y diversión? ¿ü esos geómetras del XVII, qué, de ciudad a ciudad de la Europa sabia, andaban continua y j u guetonamente proponiéndose apuestas, concursos y acertijos? ¿O esos muchachos de hoy, salidos de O x f o r d y también de ciertas Universidades. americanas, que, en un par de viajes arqueológicos, han aprendido cuanto a nosotros nos ha costado vigilias, y v i g i lias, y vigilias de quemarnos los ojos, a la luz dudosa ide- las bibliotecas públicas, sobre volúmenes, y volúmenes, y volúmenes, impresos en letra g ó t i c a? DIARIO I L U S T R A DO. A Ñ O VIGÉS IM OS EXTO N: 8.615 a GLOSAS NUEVA N O T A SCBRE L A G A Y A C I E N j C I A -M e estorba, más que servirme de esclarecimiento, al hablar de la Gaya Ciencia el concepto de esta fórmula y las evocaciones a ella ligadas, cuando se trata de poesía trovadoresca antigua a modernos íélibrages, de Juegos Florales y Cortes de amor. Y m á s todavía, lo que suscita el nombre de Federico Nietszche y el título de una de sus obras... Se dirá entonces que por qué me valgo precisamente de una designación con tantos riesgos de equívoco, en vez de sacar a liza otra nueva; yo, que en punto a bautizar, apodar y rotular, no he pecado j a m á s de parsimonioso. Pero l a verdad es que, en la ocasión presente, por m á s que he buscado, no he podido nada i n ventar que satisficiera tanto como lo de G a y a Ciencia el. deseo de caracterizar una manera de saber que reúne las dos condiciones de- concebirse sintéticamente y ser entusiásticamente vivido. U n saber, para entendernos pronto; como el que inspiraba las experiencias de química biológica de Éavoisier. O en otro orden, las páginas his- j tóricas de Prescott, a cuyo propósito hemos t r a í d o precisamente a estas Glosas l a cues A S P E C T O y PROSPECTO -Cotión de la Gaya Ciencia. imo para la pintura, bien parece que ha lle H a y un saber de filosofía consagrado gado hoy para el saber la hora de que se sistemáticamente a los problemas supremos. tienda en Campo de cielos un A r c o de A l i a n H a y un saber de empiria, enriquecido por za... A l g o mucho del Cubismo pictórico l a información sobre las particularidades tiene la Erudición, tal como acabó por ennaturales. H a y un saber de erudición, her- tenderla, m á s al modo germánico que al l a mano de este último y atento a las parti- tino, el siglo x i x Tectónicamente, ciertas cularidades históricas. H a y un saber de téc- páginas eruditas, erizadas, atiborradas, emnica, que aplica l a ciencia a las necesida- butidas de citas y referencias en nota redes humanas. H a y un saber de curiosidad, producen, en. su aspecto óptico inclusive, l a que l a agita en un estético juego. H a y tam- estructura de aquellas composiciones que h i bién, si ise quiere, un saber vulgarizado o cieron, furor eitíEe. las. pintores de. hace- diez, una vulgarización del saber, cuya tarea es años, con la simultaneidad de los planos l a difusión social... Rehusamos incluir la múltiples y con lqs añálisis geométricos a la Gaya Ciencia tal como la vamos a en- vista. L a presencia de lo que Poussin llamó tender aquí, en ninguna de estas catego- el prospecto ele las- cosas destruye en rías. De todas tiene algo, de cada una de aquéllas todas las virtudes del aspecto ellas difiere en lo demás. L a Gaya Cien- Mas ya parece que va siendo hora de dec i a aunque sintética y general, no es su- volver al aspecto siquiera una parte de perior; aunque vivida, no s e c i ñ e a lo em- lo que es suyo. Y de reconocer que, después pírico únicamente; aunque informada no de todo, la tercedura con que vemos al bases minuciosa; aunque estética, no es frivo- tón sumergido en el agua es fenómeno que l a aunque socializada, no es vulgar. P r o- posee también una cierta, muy suya, objebemos de aplicar cualquiera de los epítetos tividad. que acaban de excluirse a las Memorias originales, donde se exponen los experimentos S i el arte, por otro lado, no rehusa entende L a v o i s i e r la justicia, inmediatamente, der de prospectos ¿cómo haría asco a sus en nosotros mismos, protestará. Hagamos aspectos la ciencia, la verdadera ciencia? casó a. l a protesta de ia justicia. N i cómo sc acantonaría en la erudición o en e l practieismo, renunciando a sus valoS A B E R A N G É L I C O -C r e o sobre todo res de- juego y vitalidad... P o r m i parte, que esta protesta estridiría, siempre que a cada vez que visito en Weimar l a casa de estos jardines del espíritu se les aplicara la Goethe, recibo l a misma impresión. L a que etiqueta de v u l g a r i z a c i ó n ¿Lavoisier, me hace peiísar que allí, cada día, a cada en tarea de vulgarización? ¿Sócrates, en ta- instante, las, Gracias y las Musas (y las darea de vulgarización? Poco, olfato tendrá mas de carne y hueso) tenían que equivoquien no huela que, en estos ejemplos- -como carse de rellano, pasando, en vez de a aquel en muchos otros de gaya ciencia dignos de entresuelo, en cuyos pupitres la Ifiqenia se definitoria recordación- se trata precisa- componía o en ante cuyos anaqueles el mente de lo contrario. Fausto se meditaba, a aquel segundo piso, N o olvidemos nunca l a teoría aristotéli- donde e s t a b á n y están- -las colecciones que ca y escolástica acerca de la jerarquía de servían paraí documentar la; doctrina de l a las mentes. E l animal, cuyp conocer es gro- metamorfosis de la s plantas y los aparatos sero, no se informa acerca de la realidad, de física donde se experimentaba J a teoría sino por medio de actos numerosos y parti cularísimos. A medida que se asciende en de los colores. RELIEVES D E ACCIÓN CATÓLICA Sobre la unión de las Iglesias Sabido es que, con el fin de acrecentar la atención y los cuidados cerca de las cristiandades de Oriente, organizó no ha mucho el Papa una Congregación romana, y más recientemente un Instituto de Estudios, el cual quiso enaltecer con el título de P o n tificio en prueba de personal afecto, cuya dirección puso en manos de un sabio orientalista, Mons. D Herbiny. E l alcance de estas preocupaciones, que consolidan el lazo de coherencias doctrinales y afectivas entre Roma y O r i e n t e contribuyendo además a la desarticulación, que avanza por días, en los antiguos cuadros de formación cismática, constituye hoy el tema preferente de los. escritores protestantes m á s leídos en Alemania y Norteamérica. E n documentada y serena réplica, contestante los publicistas católicos, y de esta suerte la discusión promovida, sin que alcanzase la formina y tono de polémica periodística, ha bastado a dar al tema una elevación crítica suficiente para mantener en v i l o l a curiosidad y el interés de los sectores m á s atentos a las directivas religiosas. ¿C u á l es l a posición del catolicismo con respecto al problema, cada vez más vivo, de l a u n i ó n de las Iglesias? ¿Cuál la actitud de los protestantes? ¿Cómo influyen los particularismos nacionales, el rito, la lengua, l a tradición y las costumbres litúrgicas en el planteamiento y resolución del problema? E l P Ibes de la B r i é r e analiza en l a revista Eludes l a c o n c e p c i ó n g e n e r a l de l a Iglesia católica a propósito de un restablecimiento efectivo de l a unidad cristiana dentro de un organismo jerárquico, a tenor de las normas contenidas en l a encíclica Mortaliitm aininos, fundamental para nosotros en este punto. H a y diferencia, mejor dicho, oposición notoria, entre el enunciado católico o protestante de los preliminares unionistas. S u puesta la primacía del principio, del libre examen, ninguna mediación de autoridad puede situarse entre l a conciencia protestante y Dios, que actúa por trazas y maneras invisibles. Las organizaciones eclesiásticas son puramente humanas, sin otra condición que l a instrumental y favorecedora de las virtudes evangélicas, así como medios para mantener el culto externo. G r a vitan sobre ellas, consiguientemente, las v i cisitudes y los cambios de las cosas y de los hombres, estando sometidas a la inexorable ley de l a evolución. ¿Q u é dificultad, pues, se opone a negociar alianza de afines, cuando la necesidad o las circunstancias así lo aconsejan? P o r el cor. tra. rio, el carácter esencial de la Iglesia católica- -escribe el P Ibes- -es l a concepción fundamental de una j e r a r q u í a de derecho divino positivo, constituida inmediatamente por Jesucristo; l a existencia de un poder, obra de la divina investidura, conferido, a Pedro y al Colegio Apostólico para que pueda legítimamente transmitirse. hasta el fin del mundo, por v í a de perpetua suce 1 la escala, empero, el conocer se va produ- i EUGENIO D ORS
 // Cambio Nodo4-Sevilla