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N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MO SEXTO. EL ABC JOSÉ SÁNCHEZ N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO W SEXTO. DÍA DE... DON GUERRA L Sr. Sánchez Guerra de siempre es persona sobrado conocida. E l S r Sánchez Guerra de hoy se describe a sí mismo con esta frase que, con dicción rápida y; viva, ianza en el transcurso de su conversación, mientras, sonriente, abre los brazos: -No se quieren convencer de que yo he ¡quitado la tienda... En su despacho de la calle de Claudio Coello, en esta casa donde D. José Sánchez Guerra vive con la modestia de un estudiante según el dictador dijo de él en los días de más cruda acometividad contra el régimen caído, nos recibe con su cortesía y su comprensiva condescendencia de gran señor. Nosotros vemos en el señor Sánchez Guerra, ante to do, un altivo espíritu aristocrático, pero al modo español: gustoso de la llaneza en- el trato y fácil a todo intento de llegar hasta él. Sentado en un sillón, ante una mesitá de su intimidad llena de libros- -y sobre la mesa la plegadera y un tom prendido en él atril- el Sr. Sánchez Guerra contesta a nuestras preguntas v nos habla del empleo que da a las veinticuatro lioras del día. -Siempre he creído- -nos dice- u con una distrije bución ordenada del trabajo hay tiempo para todo. Únicamente le falta a quien no tiene nada que hacer. Recuerda el señor Sánchez Guerra que durante las etapas parlamentarias, siendo ministro o jefe del Gobierno, no dejó de pasear a pie, durante una hora, por la carretera de El Pardo, antes de acudir al banco azul con puntualidad que era conocida y comentada por todos. Breves paseos, en los cuales el pensamiento vivaz esbozaba la frase, la respuesta y acotaba el fir- me terreno del orador... Hoy D. José Sánchez Guerra, cuando pasea solomo con sus nietecillos- -según su costumbre- lo hace sin el apremio de la puntualidad y observa cómo algunas veces, contestando a preguntas ingenuas de los niños, en charlas banales, por el Retiro y por la Casa de Fieras, se pasa rápidamente el tiempo y alguna vez se le hace tarde... -Me levanto temprano- -nos dice- A las siete, en pie; lo mis mo ahora que cuando fui ministro, sin relación con la hora de en E tregarme al sueño la noche anterior. A las ocho ya he desayunado y estoy abriendo las cartas y telegramas recibidos. Vuelve en estos días á aumentar la correspondencia, que había cedido bastante- -dice, con gesto que no revela agrado, antes altivo desdén- y lo atribuyo a la conversación con el presidente del Consejo, que los periódicos comentaron. Fe tradujo como una aproximación al Poder. Y ya es sabido: esto renueva repentinamente el cariño de personas que habíamos juzgado injustamente olvidadizas. Pero padecen un error profundo los que ¡f entienden que he rectificado, siquiera en parte. Yo no rectifico nunca... -dice con firmeza, pero con acento de gran naturalidad- pero algunas personas lo ignoran todavía. Mi estado de espíritu es el mismo que al salir del teatro de la Zarzuela. ¡No se quieren convencer de que yo he quitado la tienda! A d v i e rte un momento D. José Sánchez Guerra que se ha desviado de su narración, deslizándose por el declive de la política. L o justifica expresando su gran amor por ella: -Siempre he dicho que a mí me retirará de la política el mismo modesto coche fúnebre que me lleve al cementerio. Entonces es cuando los periódicos podrán publicar la verídica noticia: Ayer se retiró de la pol í t i ca... B i e n- -exclama d o n José S á n c h e z Guerra, agitando su mano derecha e incorporándose en el sillón- Despacho mi correspondencia c o n Fonsdeviela, que acude a las nueve y media a mi casa desde hace rriuches años. Como taquígrafo, como persona, como hombre callado, puntual e inteligente, no cabe más... Le dicto mis cartas. Pocas son ya las que redacto de mi puño y letra, porque, me he acostumbrado a dictar. Cuando era gobierne, llevaba, al acudir al ministerio; los. asunta oficiales a de- icbs eso a las doce podían ser auienas ¿ácidos grandes puertas del antedespacho de Gohe nación, por donde desfilaban cientos de person; une? me he negado a recibir a nadie. Todo el que ha. queridc íia llegado hasta mí... Y esto, en época de elección- era abrumador. Hoy recibo algunas visitas en mi casa. Natalio c t
 // Cambio Nodo4-Sevilla