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voy sino par excepción. N o me place descubrir continentes; M e gustan los toreros hechos, formados, y lo mismo p o d r í a decir de otras actividades en distintos ó r d e n e s de l a vida. A h o r a en estos ú l t i m o s tiempos, me entrego a otra afición: suelo llevar a los nietecillos a l a Casa de Fieras. Paseamos por aquellos jardines, nos paramos delante de las jaulas y procuro contestar a esas d i f íci es preguntas que a veces suelen hacer los n i ñ o s A h o r a todos ellos e s t á n fuera inmensas fauces, en las cuales c a b r í a n holgadamente tres pequeñuelos. E l animal, fuera del estanque, es un monstruo gigantesco, pero pacífico... Funciona l a m á q u i n a fotográfica, y, como premio a la buena conducta derPipo, él mozo le entrega la gran brazada de heno, que el paquidermo va a acabar de injerir dentro del agua, levantando al entrar u n oleaje. L a i n f o r m a c i ó n ha terminado: esta r á p i d a i n f o r m a c i ó n que no admite considerac ones DON JOSÉ ACOSTUMBRA A IR D E CAZA LOS DOMINGOS, A CABALLO, COMO E N SUS AÑOS JUVENILES E L SR. SÁNCHEZ GUERRA ACOMPAÑADO DE ALGUNAS PERSONAS D E SU LAS NAVAS, D Ó N D E VERANEA UNO D E SUS HIJOS FAMILIA, EN de Madrid- -dice, c o n f o r m á n d o s e con estas imposiciones de la vida- -y no h a b r á visitas a Pipo hasta los días del o t o ñ ó Pipo- -aclara, riendo- -es l a fiera de m o d a el h i p o p ó tamo del Retiro. D o n Cecilio R o d r í g u e z persona que está cariñosísima conmigo y a quien hasta hace poco tiempo no tuve el gusto de conocer, aunque yo sabia muy bien todo lo que vale, me distrae a los nietos m o s t r á n d o les el enorme m a m í f e r o al que es difícil ver fuera del agua, P o r cierto que, estando y o en P a r í s escribí una postal con estos dos pareados a p r o p ó s i t o del oso blanco que don C e c i l i o se vio obligado a matar a t i r o s Gracias a usted resulta peligroso dedicarse en Madrid a hacer el oso. ííjue sirva de lección, a... mucha gente! Le felicito cariñosamente. ¿N o podíamos, don J o s é hacer alguna f o t o g r a f í a de l a escena del h i p o p ó t a m o? E s t á n en M a d r i d Rosarito y Paquito, los dos n i ñ o s de su hijo R a f a e l ¿Por q u é no? -responde, después de un momento- Vamos allá. N o me molesta mucho el calor... Y a v e r á n ustedes. E s curioso. D o n CeciHo tiene a los ejemplares en muy buenas condiciones de aclimatación. E l b a ñ o de Pipo es de agua caliente en i n vierno. E animal conoce a don Cecilio y le sigue, obediente... E n el Retiro, D J o s é Sánchez Guerra se olvida de todo, y con sus nietecillos de l a mano acude a l a j a u l a de Pipo. Paquito le sigue con terror. -Este no es el m á s osado- -exclama el abuelo- Tengo otro nietecillo que ha llegado a tirar a Pipa de las orejas... U n mozo ofrece una brazada de hierba al gran Pipo, que sale del agua y abre sus ni c r í t i c a s de orden político, que sólo muestra esa línea, ligeramente ondulada, sin mont a ñ a s n i abismos, de l a vida í n t i m a de las grandes figuras, hoy l a de D J o s é S á n c h e z Guerra, que sabe c ó m o se dirige y se gobierna a un pueblo. Y en el Retiro, frente al gran h i p o p ó t a m o pensamos que el pueblo es como Pipo. Monstruoso, enorme y de fauces espantables, se deja conducir d ó c i l m e n t e pero no puede faltarle la gran brazada de heno, n i eJ estanque, ni los cuidados de su g u a r d i á n- -a quien teme- porque, de lo contrario, se torna peligroso. Sólo cuando ha satisfecho sus irreprimibles deseos se deja tirar de las orejas por un n i ñ o vuelve a su estanque y, durante horas y horas, duerme bajo el agua voluptuosamente. JUAN M M A T A (Fotos Pórtela. EL E X PRESIDENTE D E L CONSEJO ACOSTUMBRA A L L E V A R A SUS NIETECILLOS A CASA D E FIERAS PARA VER A P I P O LA