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las que quieren ser maestras. Cómo se aprende el difícil arte de enseñar. OMO los de los niños, los pájaros y las estrellas, un enjambre de muchachas es siempre un espectáculo de emoción ufana y sonriente. Estas informaciones, en las que interviene la atrayente v i vacidad de un público femenino, debieran filmarse mejor que describirse y fotografiarse. ¿Cómo dar la sensación del gracioso gesto innumerable de una multitud femenina: el parpadeo de tanta mirada, la claridad de tanta sonrisa, la expresividad de tanto rostro de muchachita madrileña... Y si al incentivo visual se añade la singular espiritualidad del carácter, tanto mejor. Cuando no lo endurece la presunción y la pedanter a, el gesto intelectual añade gracia a la mujer. Ante la grave lectora de una biblioteca se piensa en el cuello inclinado de las madonnas y no es posible dejar de sonreír con simpatía ante el afán, y el esfuerzo valeroso con que l a debilidad femenina afronta la lucha estudiantil. E l trabajo, el gesto intelec- C tual masculino es demasiado dramático y violento; asoma a los ojos hasta con el brillo siniestro de un arma de combate. En la mujer todavía es juego, gracia e ingenuidad. L a mayor parte estudian para ganarse modestamente la vida o por motivos familiares, cordiales y sentimentales. L a tentación de la sabiduría, en el sentido del orgullo intelectual y del avasallamiento de los demás por la inteligencia, no causa aún los estragos de la pasión en el alma femenina. L a Escuela Normal está sembrada de estos amables gestos intelectuales de mujer. Tras de cada esfuerzo mental late el buen deseo de atender humildes necesidades familiares o de seguir un buen consejo. U n ambiente de feminidad dulce, modosa y modesta embellece la Escuela Normal, perfuma con aroma de margarita la sombra del caserón de 1 a calle del Barco- -la galdosiana calle del Barco- donde se asienta. Otro emplazamiento más despejado, un nuevo edifi- cio más moderno serían, desde luego, muy convenientes a la Escuela Normal. Mas, para el gusto de una impresión literaria, el marco del viejo caserón madrileño, apacible y gris, no entona mal y ambienta la estampa suave de las maestritas. Tres eleriientos coadyuvan en aquel Centro a la formación profesional de las que quieren ser maestras: las niñas de una escuela de instrucción primaria adscrita a la Normal, las alumnas y las profesoras. Descontando las clases de cultura general, en las que se estudia Gramática, Geografía, Historia, Matemáticas, etc. es en la escuela de niñas donde las futuras maestras laboran en lo más substantivo de la profesión, porque en ella aprenden a enseñar, y prácticamente, instruyendo a las niñas y haciendo anticipadamente de maestras, van venciendo las dificultades del generoso oficio. Esta escueta viene a ser el laboratorio experimental y el jardín de aclimatación profesional. Cua- ¿i fl Ja v DONA ASUNCIÓN HINCÓN ALECCIONANDO A LAS FUTURAS MAESTRAS E N E L DIFÍCIL A R T E D E CAUTIVAR LA ATENCIÓN D E LAS NIÑAS CON UNA LECCIÓN D E BOTÁNICA
 // Cambio Nodo4-Sevilla