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ARRIBA, UNA CLASE D E LA NORMAL. ABAJO, LA BIBLIOTECA tro cursos bien nutridos de asignaturas y de estos ejercicios pedagógicos confieren a las alumnas el título de maestra nacional, valedero para ejercer públicamente la enseñanza y para opositar a escuelas nacionales. No es mucho, pues el abrir una escuela por cuenta propia tiene sus riesgos y sus exigencias capitalistas, y no es tarfvfácil conseguir una escuela del Estado, a cuya oposición concurren a veces cien aspirantes para una sola? plaza. Pero ello no disminuye la matricula de la Normal, próxima al millar, en conjunto. A pesar del número, la relación y el trato entre profesoras y alumnas no es tan frío e impersonal como en los Centros de enseñanza masculinos. L a delicadeza, la solidaridad femenina acorta las distancias, y clases y lecciones tienen un carácter cordial, de tutela cariñosa por parte de las profesoras, y de respeto y filialidad por la de las alumnas. Realmente, la maledicencia masculina suele incurrir en- el tópico calumnioso de atribuir una malevolencia exagerada a laconvivencia y a las relaciones femeninas. Por fortuna para estos Centros en los que lio hay más que mujeres, la mujer no. odia tanto a la mujer como el hombre al hombre. A lo más que se llega en Institutos y Universidades es al respeto distanciado hacia el profesor, rara vez al afecto entusiasta y a
 // Cambio Nodo4-Sevilla