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L A HORA D E COMER D É LAS NINAS EN L A CANTINA ESCOLAR la efusión cordial. Cuando terminamos nuestra licenciatura h u b i é r a m o s c r e í d o absurdo el correr a hacer partícipe d é nuestro j ú b i lo a i decano de l a Facultad, como esta buena muchacha que. ante nuestros ojos se precipita hacia una profesora con un ¡A b r á c e me, que y a soy maestra! E l espíritu de obediencia, l a docilidad y la disciplina escolar que reinan en la N o r m a l se nos han hecho patentes en cualquier detalle de nuestra visita. N o han podido alterarse ni siquiera- a la vista de la m á q u i n a fotográfica ni de revuelo femenino que supone casi indefectiblemente el reportaje g r á- fico. Y siempre, estudiando en l a biblioteca, practicando en la escuela y atendiendo en las clases, el mismo tipo simpático de rauchaohita seria e inteligente. U n tipo de muchacha poco diferenciable en la calle de las d e m á s pero que después, en un M u seo o ante un monumento, os s o r p r e n d e r á con un rasgo de cultura o una observación inteligente, que h a r á necesario explicar: E s que he estudiado para maestra. Realmente, aunque no falta en la N o r m a l una m i n o r í a que estudia por instruirse solamente y por salir del limbo intelectual en que suelen dejar a nuestras mujeres la mayor parte de los colegios privados, sería de desear verla ampliada. E n nada mejor podr ían emplearse esos a ñ o s baldíos entregados exclusivamente por tantas muchachas al ocio divagatorio dé la espera matrimonial. E n estos asuntos de cultura es difícil no sentirse un poco intransigentes y dictatoriales. L a instrucción debiera ser un servició nacional tan obligatorio como el servicio militar. Nos parece muy poco limitar a las primeras letras esta obligación. N a d a se perdería con exigir a la juventud femenina de las clases medias y elevadas este u otro g r a do oficial de estudios superiores. S i n querer se nos ha contagiado el fervor pedagógico de las distinguidas profesoras de la Normal. S é a n o s permitido rend i r desde estas columnas especial homenaje a d o ñ a Asunción Rincón, espíritu privilegiado, maestra de maestras y alma de aquella casa, a l a que debemos las mejores notas de este reportaje. RAFAEL V I L L A S E C A (Fotos V M u r o EL. SEVERO TITULO D E MAESTRA NACIONAL NO SE OPONE A QUE ESTE GRUPO D E F I N DÉ CARRERA OSTENTE SU ALEGRÍA Y SU JUVENTUD