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Triunfos, cogidas, apoteosis. -En pocos meses cuajó su fama, adquirió g r a c i a y soltara con los toros, anulando a sus compañeros. A n t o n i o R u i z (el Sombrerero) tuvo que retirarse: Juan León quedó eclipsado; el Mormiüo lo mismo, y tan solo andando el tiempo, Juan Y u s t Cuchares) y sü paisano y protegido, el Chiclanero, lograron emular al maestro sin igualarle jamás. Durante su ininterrumpida actuación de veinte años sufrió graves cogidas, cuyas cicatrices dejaron huella indeleble en su cuerpo, aunque las mismas no mermaran en mucho sus enormes facultades, tanto físicas como morales. Grandes triunfos logró en las corridas regias celebradas en la plaza M a y o r de M a d r i d los días 22, 23 y 25 de j u n i o de 1833, con ocasión de l a j u r a corno princesa de x sturias de Isabel TI, reverdeciendo tales laureles en las también fiestas reales el 16, 17 y 18 de octubre de 184 Í con ocasión de los matrimonios de l a Reina y su hermana, respectivamente, con D F r a n c i s c o de Asís y el duque de M o n t p t n s i e r P o r c i e r to, conviene tener presente que éstas fueron las últimas corridas celebradas en la plaza M a y o r y a que las autoridades, por existir plaza ad hoc, y por evitar molestias a l vecindario y comerciantes, acordaron suprimirlas, máxime desdé que se erigió en su centro la estatua ecuestre de Felipe I I I a quien se debió la construcción de l a misma. Montes, que en sus últimos años tuvo apartamientos de l a Corte, sin que los mismos obedecieran al público, que sentía igual predilección por él, volvió a M a d r i d en l a temporada de 1 S 50, constituyendo el hecho un acontecimiento memorable en los anales taurinos. S u toreo, fino y elegante, nada h a bía perdido con los años, pero su ligereza estaba entorpecida en tales términos que en l a primera corrida cayó al suelo, l i brándose d e segura. cornada por haber levantado mucho Jas piernas, por su g r a n P e r s p i c a c i a con l o que logró que el toro derrotase alto, evitando así al cuerpo un g r a v e percance. Señorío y noblesa. Cuánto podría escribirse sobre está m a t e r i a! Háganlo autores de biografías y libros, pero resuma en lo posible el articulista tan románticos recuerdos. Fuera de los cosos procuró rodearse de gente de viso, alternando con literatos y nobles que le adulaban, rifándose su amis- tad. M e r c e d a su g r a n talento natural adquirió una instrucción que le convirtió q u i zás en el primer torero señor. C o n D S a n tos López Pelegrín (Abenamar) escribió la Tauromaquia completa, obra la más m i nuciosa y bien entendida de cuantas se- han publicado en f o r m a ordenada, amena y clara, y que v i n o a substituir a l a de fepe- Illo. Mereció traducirse a varios idiomas y comentarse por notables autores extranjeros. También fueron famosos sus amoríos, aunque haya de insistirse en el ciego amor que profesó á su esposa, doña Ramona de A l b a también de C h i c l a n a con l a que contrajo matrimonio el día 11 de noviembre de 1837. Como dato curioso que evidencia el renombre y popularidad dé qué gozaba M o n tes, ha de mencionarse el propósito e i n clinación de Isabel I I de concederle un título nobiliario, de conde, en consideración a sus merecimientos. P a r a evitar la sonrisa excéptica de algunos lectores, no tenemos más remedio que hacer l a referencia de la cita, tomada del testimonio de Sicilia de Arenzana, que transcribió con toda puntualidad el conde de las Navas, en su obra notabilísima El espectáculo más- nacional. Consideramos que ambos nombres garantizan l a seriedad del aserto, aunque resulte completamente una españolada para el g r a n público tal posibilidad. Final de lina tragedia íntima. -Reaparece una mujer, l a suya... ¡Cuántas veces en l a historia los personajes y héroes l o son excepto en su casa! Quizá p a r a llegar a. esta conclusión se precisara bucear en l a psicoanálisis, recurso a l que se acude h o y día para explicar los móviles ocultos, torpes- o insospechados de las pasiones humanas cuando éstas reaccionan en contra de las leyes morales o escritas. ¡Hemos de anotar el hecho, que no detallaremos por no herir l a memoria- de nuestro personaje, comentando tan sólo el que por contrariedades y disgustos muy graves de índole doméstica. Montes- se entregó a muchos excesos amatorios y de bebida, que minaron su fuerte organismo. Toreó en M a d r i d por última vez el 21 de junio de 1850, resultando cogido por el toro Rumbón, dé la ganadería de T o r r e y Rauri, casta de J i j o n a dicho toro, que por haber sido fogueado estaba muy descompuesto, le causó una herida en un tobillo v otra en MAUSOLEO PRIMITIVO CHICLANA D E L DIESTRO, (CÁDIZ) EN la pantorrilla izquierda, de g r a n extensión. Alternaban con él Cayetano Sanz y e l Chiclanero. Durante el mucho tiempo que tardó en reponerse, hasta primeros de septiembre, fué objeto de- grandes testimonios de simpatía por el pueblo de M a d r i d marchando a Chiclana. Pocos meses después unas calenturas, sostenidas y muy fuertes acabaron con su vida el viernes 4 de abril de 1851, a los cuarenta y seis años y tres meses de edad y veinte años de matador de alternativa. Muerte y transfiguración. -N u n c a más apropiado que a nuestro objeto el título de este poema. P a r a que ye juzgue de l a i m portancia del Napoleón de la Tauromaquia, hasta después de muerto- es digno de. mención. C o m o se le notaran en la piel ciertas señales que. hicieran sospechar por su vida, se dejó depositado el cadáver durante dos días, con guardias de vista, por prescripción facultativa, en el cementerio de C h i clana, siendo inhumado por fin el doming o día 6. N o termina con- esto la vida y muerte de Montes, queda su transfiguración, cuya escueta exposición es como sigue. Parece ser que, al acordarse la destrucción del cementerio de Chiclana, trasladáronse algunos cadáveres a sepulturas definitivas y dignas ele su l a m a en vida, con l o que los restos del g r a n matador, según se susurra, no fueron quizá a parar donde debieran, pero sin que por ello desmereciera de lugar y en el que reposarán eternamente. Epitafio. -Para l a historia del toreo, cualquier sepultura, por importante que fuere, es digna de la fama y renombre de l a r o mántica figura de Montes. LORENZO ORTIZ- CAÑAVATE (F o t o s V. M u m MONTES MATANDO E N L A PLAZA MAYOR, D E M A D R I D
 // Cambio Nodo4-Sevilla