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CUENTOS DE HUMOR LA MENTIRA DEL AUTOR NOVEL LI. A iba el autor novel con su paquete de cuartillas, que no le pesaban en la mano, pero sí en el estómago, por la gran inquietud. De pronto dio con la puerta trasera del teatro. Le habían dicho que estaría abierta... y lo estaba. Toda la vida deseando que aquella puertecilla se le abriera... y hoy hubiera sido su tranquilidad si se la encuentra cerrada. L a puerta se le tragó por la garganta del pasillo obscuro. Los interiores de los teatros ¡qué obscuros son los días de sol! Parece que en las siestas las penumbras de la calle se refugian, asustadas por la claridad, en esos interiores y escenarios. E l novel siguió el pasillo. De pronto desembocó en otra obscuridad mucho más obscura, más amplia y más fresca. Oyó unas pisadas que se compadecían de su ceguera. ¿Es usted el autor. de la lectura? -Sí, señor- -dijo con la primera sonrisa de la tarde. -Siéntese- -le dijeron, moviendo una silla para orientarle- E l señor empresario no ha venido, pero no tardará. Se sentó como un ciego, pero notando en la silla la inclinación del escenario. E l telón estaba levantado, y al fondo de las butacas adivinó la primera claridad, en una puerta. Y por grados, vio la última, la penúltima, la antepenúltima fila; y ya llegó hasta a verse a sí mismo. Pasó una dama por la claridad, que era la- puerta por donde él entró. Conocía el terreno, pero también llevaba manos tentaculares, de ciega. Cruzó a otra puerta. Y él... A ¡quieto... p e r o su. spirando penumbra. Luego sonaron pasos de hombre, pasos muy de hombre... E l empresario seguramente. ¡Oh, si el novel hubiera sabido que el empresario pisaba tan fuerte... No hubiera pedido las recomendaciones, ¡c a E l azoramiénto, el servilismo y ¡a corrección le pusieron en pie, olvidándose de que no se le veía en absoluto viniendo de la calle. Eilema. ¿Acercárse e en la obscuridad? ¿No acercarse... Dejarle pasar cerca sin chistarle era una manifiesta cobardía insípida, una pamplina; pero acercarse en lo obscuro, atacarle ya, era manifestar antipática impaciencia... En fin... Otro suspiro lleno de sombras y otra ve 2 se sentó sobre la silla de la inquietud. Y allí, sobre sus rodillas, el paquete, su obra, tan llena de toda su alma, tan llena de él mismo, tan releída... y ahora, de pronto, tan desconocida para él, tan abarrotada, seguramente, de sorpresas ingratas... Unas veces se le encendían las luces del acierto en el bloque de! drama; pero las más veces le. temía lleno de vaciedades, de giros huecos como cacahuetes pochos. Y entonces venía una bocanada de penumbra densa y se le metía en el estómago. Eran suspiros de estómago... E n esto, en la puerta del interior apareció el empresario, que había cruzado el teatro antes. ¡P e r o está usted ahí? -Sí, señor- -segunda sonrisa. -Pero, hombre, ¿por qué no, me avisó al pasar? Entre, entre, que no. podemos perder tiempo... Cómo está usted... ¡Cuidado! Son tres escalones. Mal comienzo; tiene prisa el empresario, y el autor ha tropezado con tropezón de reírse a escondites los demás. Entraron en el saloncitq de autores, donde le presentaron a una dama y a un caballero. Tercera sonrisa, cuarta sonrisa. Eran el primer actor y la primera actriz. ¡Había una bombilla triste, medio ahogada por la sospecha del buen sol de las tres de la tarde; cretona con flores de esas que están mirando al que las mira, un diván desordenado de superficie, con dos o tres hoyos a la medida de los gatos, y un sillón con un brazo que se quitaba- -gracias a que siempre era antes de comenzar las lecturas- -y que luego se volvía a colocar, metiendo los pivotes- -Bueno, vamos- -dijo el empre sario- porque luego tengo que hacer. ¡Qué fastidio! Esto no quiere decir que usted se precipite. Y o tengo mucho gusto en oír su obra, porque su tío es uno de los hombres a quienes yo más quiero... ¿Vamos? E! novel no tenía palabras para ordenar los conceptos, ni siquiera conceptos. Antes, sonrisas; ahora, mal tino, temblores. Cayó el paquete sobre la mesa. ¡Qué grueso era, Dios santo! ¡Y tenía prisa ei empresario! E l autor mismo no Ip creía tan macizo, ciertamente... -Si usted no puede hoy... -insinuó, esperanzado... ¿Cómo no? Entre las muchas cosas que he de hacer esta tarde, está el escuchar su obra. ¡Adelante, pues! E l nove! se preparó, pasó la cuartilla del título en grande, carraspeó, se le echaron encima los ecos de las cuatro paredes y del techo, echó para atrás, a golpecitos, los puños de la camisa, que se salían también por el azoramiénto, y sonrió por última vez, como el buzo que se pone la escafandra para lanzarse al peligro. La lámpara de mesa, con un circo de luz en el techo y otro sobre el tapete, daba unas sombras de gesto extraño en los otros semblantes. Se le preparó el traidor silencio, como hace el cazador, y la serpiente de la palabrería comenzó a salir -Vengativo y leal, drama en. tres actos y en prosa, original de Vicente... Bueno, etc. Aquí: Acto primero. A! levantarse el telón... -Azorado: estaba azorado... Pero no levantó la cabeza, para no ver ios gestos de
 // Cambio Nodo4-Sevilla