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A B C. D O M I N G O io D E AGOSTO D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 25. pañías de ferrocarriles secundarios de E s paña- acordando elevar al ministro de F o mento la siguiente instancia: E x c m o señor: Las Compañías que los firmantes representan ingresaron en el régimen ferroviario, siendo la inmediata y fundamental consecuencia jurídica de ese hecho la novación de las concesiones que resultan desde este momento modificadas por un contrato con el Estado: el Estatuto ferroviario. Nuestras Empresas, al adherirse al nuevo régimen cedieron libres derechos al E s tado y adquirieron otros, el principal de los cuales fué el que reguló la disposición transitoria octava del Estatuto y otorgarle la percepción de los anticipos y del 15 por 100 de aumento en las tarifas hasta que se aplicasen las tarifas del período provisional a que se refiere la base 10 del repetido Estatuto. Llegó el principio cronológico del período provisional y como el auténtico y pleno no pudo ponerse en vigor, porque las tarifas estaban sin revisarse, vino el decreto de 8 de agosto de 1926 a llenar el vacío, estableciendo un régimen de compensación en forma de auxilio, que sustituye al de anticipo y que concluirá al comenzar el período definitivo, y concluirá en fecha determinada, no porque tuviera el carácter de una concesión graciosa, sino porque entonces se ofreció, pudiéndose dotar a cada Compañía de tarifas que le permitieran atender a todas las obligaciones especificadas en la base 10, entre las que figura el interés del capital accionista en las Empresas calificadas como de activo saneado o auxilios especiales para aquéllas en que el aumento de tarifas no fuese posible o no diera los rendimientos necesarios. Desde el primero de enero de 1929 empezó para las Compañías un período no previsto en el Estatuto ferroviario, que no es el definitivo, porque le falta su condición esencial: la implantación de las tarifas revisadas, y tampoco puede considerarse una prolongación del provisional, porque los auxilios regulados por el decreto de agosto de 1926 dejaron de abonarse. Esta situación insostenible, por lo- que tiene de injusta y porque de hecho ha colocado a muchas Compañías en estado de franca quiebra, no puede resolverse, si el Estado quiere hacer honor a sus compromisos, más que mediante el otorgamiento de auxilios en la cuantía precisa para tener el rendimiento obligado que les atribuía l a base 10 del tantas veces repetido Estatuto, hasta llegar a la implantación del régimen definitivo. L a medida del daño causado a cada E m presa por el incumplimiento por parte del Estado de los compromisos pactados en el Estatuto ferroviario, l a dieron el estudio de la liquidación del año 1929 y sucesivas en tanto que continúe esta anormal situación; estudio que demostrará claramente la situación de quiebra en que se encuentran actualmente muchas Empresas y próximamente la casi totalidad, si persiste el abandono por) el Estado y el incumplimiento de las obligaciones que con ello ha contraído en el Estatuto ferroviario. E n mérito de todo lo expuesto, en evitación de las consecuencias que pudieran tener esas suspensiones y declaraciones de quiebra por causa ajena completamente a las Empresas, suplicamos a V E que las insuficiencias de ingresos para tener el rendimiento previsto en la base 10 del Estatuto ferroviario, deducidas de las liquidaciones de los ejercicios de las Empresas en años 1929 y sucesivos, sean compensadas con auxilios en metálico, bien sea en el modo regulador por Real decreto de agosto de 1926 u otros análogos. Dios guarde a V E muchos años. San Sebastián 9 de agosto de 1 3- 30. i INFORMACIONES Y NOTICIAS D E LA VIDA VERANIEGA ABC en Santander. L a Fiesta de la F J o r E l príncipe de A s t u r i a s Sebastián. A B C en Santander na, para que nos ayude a vivir, porque l a Junta de Abastos se ha empeñado en que vendamos el pescao con el 20 por 100 de aumento sobre lo que nos cuesta, y con eso no tenemos para pagar el puesto y a las cargueras y mantener a nuestros hijucos. ¿Y que contestó la Reina? -N o s dijo que nos sentáramos a su lado, que ella nos ayudaría, diciéndoselo al jefe del Gobierno. Daba gusto oírla hablar con tanto cariño para nosotras, que estábamos allí como de prestao E n esto, uno. de los señorones de los calzonucos, que debía ser un marqués, puso una mesa en medio del salón y sacó unas bandejas con unas botellas, copa y pasteles, y nos dio una copa á cada una de un líquido muy rico, que hacía cosquillas de risa en la garganta. Bueno, que yo no pude disimular y que se 3o dije a la Reina, que se puso a reir con mucha simpatía. Y a quisieran muchas señofonas. ser como ella. Su Majestad es llana c? ¡mo nosotras, y no se anda con cumplidos, como otras que, cuando ven a una pobre, vuelveii la cabeza. E n vista de esto, le hablamos de nuestras pobres vidas y de nuestros hijucos, y ella se conmovió toda y nos dijo que ella también tenía hijos, y sufre por ellos como todas las madres. Y a todas se nos saltaron las lágrimas, y entonces el marqués, o el conde, o lo que fuera, nos dio otra copa, y a mí me empezó a dar sudores. E n vista de esto, nos guiñemos los ojos yo y las otras, y la Reina, comprendiendo que queríamos marcharnos, nos dio la mano una por una, como si fuéramos de su igual, y se retiró por una escalera muy lujosa que hay en medio de Palacio, cerca de una terraza que da sobre el mar. ¿Y qué mas? -Pues que el marqués nos quiso dar otra copa de licor, y yo entonces le d i j e P e r o hijuco, ¿es que quieres que ai salir de aquí digamos firol en vez de farol? L o cual que le hizo reir, y volvió a dejar la bandeja encima de la mesa: ¡Y qué cosas pasan en l a v i d a! P o r la noche soñé yo que aquel señorón se bebió nuestras copas detrás de una puerta, y que a mí me habían invitado a cenar con los Reyes. L o cual que a mí me pareció que iba a hacer mal papel entre tanta gente distinguida, y no f u i v en Lucerna. G r a v e accidente al marqués de Camarasa. A B C en San U n a pescadera en P a l a c i o Santander 9, 11 mañana. (Crónica telefónica. Esta mañana, mientras esperábamos la llegada del general Berenguer para abordarle, cumpliendo nuestra misión de i n formadores, tuvimos un encuentro, que reputamos de feliz, porque él nos dio ocasión de hacer una pequeña interviú a una mujeruca del pueblo, que nos hizo l a relación i n genua y simpatiquísima de su visita a P a lacio un feliz día en que tuvo el honor de ser recibida por la Reina. Se trata de una vendedora de pescado, parlanchina hasta la elocuencia, de las que siempre figuran a la cabeza de las comisiones de su gremio, que van a toda suerte de recibimientos y despedidas. -Pues, sí, hijuco- -comenzó diciéndonos lá buena m u j e r- entremos yo y otras cuatro en el portalón que hay a la banda de acá de Palacio, y un señorón muy encopételo nos hizo sentarnos en unos sillones de mimbre de vaivién, como las mecedoras. ¡Qué l u j o! ¡Qué elegancia! Había flores de todas clases metidas en unos cacharros de bronce, como esos que hay en las cocinas de los pueblos para ir a por agua, y unas palmeras altísimas con lazos en los troncos, igual que los que llevaban de antes las muchachas en el pelo. ¿Y qué pasó? -P u e s que al poco rato se abrió la puerta y otro, señorón, lleno de galones, con un pantalonuco y botones dorados en una casaca, nos hizo una reverencia, que parecía que se iba a tronchar, y va. y nos dice Que pasen ustedes, que S u Majestad, le? está esperando Y pasemos toda la comisión por un pasillo muy limpio y muy claro, donde había alfombras que casi se caía una al andar de finas que eran, y tenían a sus lados escupideras de oro macizo. A l llegar a un salón, con cuadros muy grandes y muy bien pintados, otro señorón como el de antes nos dijo que nos esperásemos y que hablásemos bajo, y que la Reina iba a salir. ¿Y salió? -C o m o el sol mismamente salió. Estaba vestida de azul, como la V i r g e n y tenía un collar de. brillantes que quitaba la vista de los ojos de. la cara, de tanto como. resplandecía. Todas nos inclinemos. Ninguna se atrevía a hablar. L o cual que ella se dio cuenta, y d i j o ¿Qué os trae por aquí? y yo, que soy la más atrevida, contesté: Pues que hemos venido a saludarle a usted, señora Reí- H e aquí un relato exacto de la visita a Palacio de una brava mujer del pueblo, recogida con la veracidad de un taquígrafo. De vez en cuando no está mal que a las páginas. de un periódico como A B C, donde a diario dirigen la palabra al público los hombres más ilustres de la nación, se asome una modesta pescadera, con su lenguaje ingenuo y pintoresco, para relatarnos un momento de emoción de su vida trabajadora y humilde. -Cuevas, L a jornada regia VIA PORTÁTIL- Y YAQ 0 ÜETAS Véndese importante partida usada en buen estado F E H E O V Ü S Y S I D E R U R G I A S. -A. M A D R I D Avenida- Conde Peñaíver, 11. L a Fiesta de la Flor. Regatas Santander 9, 2. tardé. H o y se ha celebrado la Fiesta de la. F l o r Los Reyes y los infantes recorrieron los puestos y luego Sus Majestades fueron al Club Marítimo, tomando parte en las de entrenamiento. Las infantas doña Cristina y doña Beatriz estuvieron en la playa del Sardinero y
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