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S E V I L L A (PRÓXIMA INAUGURACIÓN INAUGURARA E D I F I C I O D E S T I N A D O A CASA D E O B S E R V A C I Ó N D E L T R I B U N A L T U T E L A R D E M E N O R E S D E S E V I L L A Q U É S E E L P R Ó X I M O J) IA I. D E S E P T I E M B R E (F O T O CARMONA) mo pocilio de consommé, ese líquido ritual con que está establecido que tienen forzosamente que comenzar todas las comidas dé vagón en. todas las líneas ferroviarias de Europa, Los checoeslovacos y los alemanes, los holandeses y los belgas, los británicos y los galos, todos cuantos en la geografía política europea disienten tín los puntos capi tales de su celoso y vigilante personalismo, aquí, balanceándose al traqueteo del tren, se hacen por un instante compañeros en la misma aventura del yantar dificultoso. E l hambre los une, a todos. H a y dificultad para beber sin que el vino se. vierta por las comisuras de los labios; los codos tropiezan en la obligada estrechez del sitio; la incomodidad es grande, y resalta, sin embargo, una simpática alegría que anima los rostros y desencadena las conversaciones, como entre muchachos que acabasen de ser liberta- dos de la opresión de la escuela. Sólo con mirar y oír a todos esos tipos tiene uno diversión bastante. Los campos modosos y fértiles- de Bélgica pasan con monótona perfección por el cristal de la ventanilla pero ahora, tal vez resulta más i n teresante l a contemplación de lá humanidad belga que no el paisaje belga. E n el vagón- restaurante hay varios belgas; tres de ellos son oficiales del Ejército. ¿T r e s? ¿Son mucho tres oficiales para un solo vagón? E n Francia, no. áerían demasiados, ni tampoco en l a Alemania de antes de la guerra. Pero reparemos en que Bélgica nunca se había distinguido por su entusiasmo m i litar, y que antes de 1914 los mozos belgas se resistían a. ser soldados. A l g o tía ocurrido en poco tiempo en esa nación de ingenieros, agricultores, mercaderes, orfeonistas y bebedores de cerveza. S í algo de trascendente ha sucedido en Bélgica en estos últimos años; le han metido dentro el demonio del nacionalismo. HUELVA. E N EL MUELLE NIÑOS D E L A C O L O N I A E S C O L A R D E B A D A J O Z Q U E V A N A V E R A N E A R A L A P L A Y A D E P U N Í A- U M B R I A E S P E S A N D O LOS VAPORCITOS E N Q U E F U E R O N L L E V A D O S (FOTO CALLE) P e r o no es el nacionalismo a la manera suiza, sino al modo francés. Con todas las consecuencias obligadas: con patrioterismo, con himno nacional tocado y cantado fieramente, con desfile de batallones en traje de
 // Cambio Nodo4-Sevilla