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ABC. V I E R N E S 15 D E A G O S T O D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 7 Dablemente irresoluble polémica que llevamos dentro todos los que estamos formados de una irreconciliable duplicidad de tendencias todos los que, casi a partes iguales, estamos hechos de nostalgias del pasado y de anhelos del pon enir. Polémica que queda sintetizada en esta interrogación: ¿Debe aspirar el hombre a la vida tal como ella se nos ofrece en la realidad concreta, o debe, por el contrario, perseguir y obedecer al anhelo inefable e íntimo de una vida ideal, dudosa, excepcionalmente alta? L a Edad Media resolvió el conflicto de una manera categórica; para los espíritus superiores de aquel tiempo no había lugar a dudas de ningún género: nuestra vida es un tránsito que conduce a alguna otra parte que no está precisamente en este mundo que atravesamos. Los hombres de aquel tiempo no se detenían en ese punto de la interrogación, sino que saltaban por sobre las últimas d u das y terminaban representándose de modo auténtico, en una forma totalmente material, la categoría del mundo celeste y eterno hacia donde. se figuraban que iban marchando. E l Dante, por ejemplo, deja dibujado ese mundo espiritual a que aspira en términos de una asombrosa concreción y sin que falle el menor detalle. L o mismo hacían los pintores. Y es precisamente en Brujas donde se nos ofrecen los más puros y geniales documentos de ese arte exquisito, profundo y a la vez encantador de los artistas primitivos. Aquí, en él hospital de San Juan, reina Memling con su genio insuperado. Contemplarlo aquí en sus obras maestras equivale a sumirse en una región de fantasía, de ensueño, de fascinador encanto. Ahí está el hombre de la Edad M e d i a ahí está el artista manifestándose ante nosotros como el intérprete veraz del sentimiento y la ideología de su época. Vedle con qué tranquila seguridad traduce en el lienzo las creencias y las emociones de sus contemporáneos. Su minucioso pincel no o l vida la más pequeña arruga de los vestidos de las. Vírgenes v de los ángeles, ni tampoco se descuida en colocar todas las hojas, las flores, las avecillas o las nubes que componen esos divinos paisajes que sirven de fondo a los místicos cuadros. Los ángeles son personas auténticas, que respiran y se mueven como nosotros mismos bajo su envoltura completamente corporal, y tanto la V i r g e n como el propio Dios aparecen representados en carne y hueso, en mantos y en sandalias de irreprochable autenticidad. Y en esos paisajes y esos cielos que se divisan desde las ventanas luce la misma luz que a nosotros nos alumbra cotidianamente, y no hay forma ni pormenor que no hayan visto con frecuencia nuestros oios. Para el artista primitivo, el cielo y las personas santas, por estar por encima de toda duda, adquieren una ingenua y desconcertante familiaridad. E s lo que precisamente otorga tan delicioso encanto a sus obras. Pero, además de ese sabor ingenuo, hay algo en el arte de los primitivos que nos conmueve y preocupa: la fe absoluta, la convicción más cerrada, l a profunda unción con que están concebidas y trabajadas unas obras que, en su prolija familiaridad v en su inocente y como bonachón culto de los detalles, consiguen alcanzar el término más elevado de la inspiración mística. De este espíritu medieval está llena ahora mismo la ciudad de Brujas. Prodigio de permanencia, esoecie de plaza fuerte asediada por los poderosos v multiplicados elementos de la civilización mo- d rna. Brujas se abre al viaiero como un? ingu! r refugio en el que todavía se puede vasrar ñor las calles solitarias, por las plazuelas silenciosas, escuchando incesantemente l a música, que bien merece llamarse divina, d e j o s ca 1 rillones y de las innumerables campanas. E n donde es posible aún detenerse a pensar y soñar junto al pretil de un puente, contemplando cómo el agua negra y espesa del canal transcurre con lentitud, mientras a lo lejos y en el aire gris de la atmósfera nebulosa se difumina la figura ojival de una alta y aislada torre. U n a impresión inexpresable nos acomete y nos deja meditabundos cuando sorprendemos el paso tácito de una beguina de cofia alba, que sale de la iglesia y se sume en el interior de una casa misteriosa. L a plaza yace en un silencio y una soledad de muerte. Todas las casitas del Béguinage están cerradas herméticamente. Todas están rezando. Se siente l a oración ANÍS SAN ISIDRO Francisco Alvares. Constantina. NAVIGAZIONE GENÉRALE ITALIANA en el mismo aire que nos rodea. L a plegaria de que está embargado el ambiente se nos filtra en el ser y llega al fondo de nuestra alma. Y en ese instante puede ocurrir que ahí cerca, retumbando con sú habilidad y grosera despreocupación, cruce uno de esos magníficos autobuses que las Agencias de viaje ponen al servicio de los turistas norteamericanos. E l contraste es n pronunciado, que por mucho tiempo me quedo sumido en la mayor perplejidad, con la mirada fija en el alegre carruaje, que se aleja entre estrépito de hierro y clamores de bocina. Son dos concepciones de la vida que han chocado por azar en un mismo sitio. L a una mira a lo alto y a lo eterno; l a otra, a lo bajo y a lo actual. U n a es la vida transformada en anhelo; otra es la vida que exige al instante que pasa todo su rendimiento de perfecciones ciertas. ¿Y no habrá existido siempre en el hombre un propósito de placeres ciertos y de alegrías terrenales? S í en 3 a misma Edad Media la materia tenia sus exigencias, y la vida real tiraba del hombre con fuerte imperativo en los momentos de más grande exaltación religiosa. 1 Expresos de gran lujo para América DUILIO (VIA PANAMÁ) BARCELONA- BRASIL- PLATA 22 A G O S T O BARCELONA- VALPARAÍSO O RAZIO K s c a l a en C á d i z e l 6 s e p t i e m b r e 4 SEPTIEMBRE GIBRALTAR- NEW VORK 25 A G O S T O ROMA Agentes generales: S D A D ITALIA AMERICA Porque en realidad la historia del hombre no ha sido otra cosa que una batalla entre los dos opuestos conceptos de l a vida. Unas veces ha vencido una de las dos i n terpretaciones; en la alta Edad Media triunfó la interpretación católica del mundo; más tarde, en Inglaterra, Cromwell y el puritanismo ganaron la victoria del fanatismo protestante. Después de tantas contingencias en la batalla, derrotado el sensualismo dieciochesco por el romanticismo, suplantado éste por la autoridad cientifista y n a turalista de l a segunda mitad del siglo x i x triunfante un momento la frivolidad del llamado fin de siécle, para caer en el ascetismo heroico de la guerra europea, ahora vuelve a vencer el sentido de la vida terrenal, pero con una fuerza que parece incontrastable. E n ese autobús que ha pasado está comprendido todo el espíritu de l a época moderna. Máquina y confort. Norteamericanismo. Higiene y saludo. Alegría. L a vida por sólo la vida. És decir, la terminante negación del concepto que tenía del mundo el hombre medieval. L a vida no es un tránsito corrió opinaban los primitivos; la vida no es un vago episodio y una mera contingencia, sino l o definitivo E l mundo que pisamos es lo único verdadero, y el hombre tiene el deber de hacer lo más habitable, cómodo y alegre posible ese mundo ñor i n termedio de la única filosofía, y política, y moral que razonablemente cabe: por intermedio del confort. U n repentino tañido de campanas me saca de este complicado fondo de reflexiones. M e alejo del puente solitario que da acceso al Béguinage llevando la interrogación sin respuesta. A l alejarme, al tender l a mirada hacia el cielo, en un claro entre las nubes descubro el primor de unas estrellas parpadeantes, viva imagen de la más fascinadora pi ofundidad. Y he pensado entonces, al encararme en el silencio nocturno con esa cósmica profundidad, que las beguinas nue oran al. í al lado pueden muy bien hallarse equivocadas en cuanto a su interpretación de la vida ultraterrena, semejante a la del ingenuo M e m l i n g pero al mismo tiempo pienso que el abismo del Cosmos que se abre sobre mi frente está revelándome, o sugiriéndome, que nuestra vida tiene una d i mensión y un sentido mucho más profundos y trascendentes que lo que nos quieren hacer creer esas gentes estandardizadas que han pasado, felices de confort, en el magnífico autobús resonante. JOSÉ M A B A R C E L O N A R a m b l a S t a M ó n l c a 1- 3. M A D R I D A l c a l á 45. feuso de no ser elegante, si no usa en su tocado el E X T R A C T O D 6 PÜ 5I TO GENERAL PARA ESPAÑA moa uaemi. i S. A L I C A N T OEST. LEI AS SALAiVERRIAi Brujas, julio, 1 9 3
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