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LOS CASTILLOS DE FRANCIA CHA M BO R D L absolutismo, que como doctrina p o idea y a l a contraria, ¿n o será u n a predislítica nos parece execrable, se ha h e posición morbosa? H a y momentos en que cho perdonar siglos de excesos por me parece que la duda es l a ímica postura lo que h a embellecido l a v i d a y por humilde de 3 a inteligencia. Entré ser F r a n su generosidad con el arte. D e él nos v i e cisco I de F r a n c i a que fué u n gran señor, nen todas las grandezas que h a dejado el esclavo de todos los sibaritismos, o S a n V i tiempo en pie. A ser F r a n c i s c o I de F r a n cente de Paúl, que anduvo piadosamente a cia u n M o n a r c a constitucional; ¿hubiera cela zaga de todas las miserias, ¿qué hubiera dido al noble atrevimiento de construir el usted preferido ser? nos preguntó u n día castillo de Ghambord? Solamente l a pleniuna bella señorita española en u n balneario tud del poder hace de 5 a voluntad u n a sierva de l a A u v e r n i a P u e s mire usted: de jpven, de la fantasía. E l déspota inteligente h a sido Francisco I, y más tarde, el gran limosnero necesario a la cultura del espíritu, porque fundador dé l a caritativa O r d e n E l ideal al satisfacer el propio capricho suscitaba l a es llegar a l a virtud al través del placer. emulación. Todavía hay personas que no N o pocos de I O S L santos varones que venecreen ponerse en ridículo prefiriendo la obra ramos en los altares harr hecho ese trayecde u n Alejandro de Médicis a toda l a geto, que el cielo n o debe reprobar, porque, al nerosa arquitectura política de Juan Tacobo fin. el que v a del placer al dolor voluntaRousseau, padre de l a democracia. Y sin riamente hace u n sacrificio, pues sabe el embargo, ¿hay nada tan inmoral como el valor de l o que renuncia, emoción ignorada placer de pocos logrado a expensas del s u del que pasa de üá privación a l a abstinenfrimiento de muchos? E n t r e las dos tesis, cia. E s t e último, en puridad, no se sacrifica. la que h a enriquecido el arte y la que l o ha Se limita a poner u n nombre nuevo a una aplebeyado, ¿por cuál optar? D i c h o s o el situación v i e j a considera penitencia la n o r que puede asegurar c o n l a ufanía del que malidad. P o r eso l a v i r t u d de las) mujeres publica sus derechos de propiedad sobre algo bonitas tiene que parecer a D i o s más m e r i concreto, que él tiene u n criterio. Y o a d m i toria que l a castidad de las feas. Estas son, r o y envidio al que es dueño de u n criterio como decía L a Bruyere, tesoros escondidos como el que m e enseña sus títulos de poseque nadie se toma l a molestia de buscar. sión de u n a casa. L a historia del castillo de Chambord es tan interesante como l a de uno de aquellos Todas las mañanas, al ponerme de h i n o gloriosos aventureros de l a época feudal jos ante l a D i v i n i d a d añado u n apéndice que fundaron las aristocracias actuales de al Padre nuestro y pido a l cielo que, c o n terratenientes ociosos, de deportistas y de el alimento, me conceda u n criterio. E s t a clubmen, que componen el estado mayor de facilidad de aclimatación espiritual a una E nuestra sociedad. iStr primer mofador fué, según parece, u n g r a n señor, que ha sobre v i v i d o históricamente con el mote de el F u llero, porque, no contento c o n ejercer, entre otros derechos que confiere la fuerza, el de pernada, hacía trampas en él juego, para demostrar a sus amigos que, además de i n trépido, era habilidoso. Hombre de gustos poco exigentes, el c o n de T i b a l d o de Champagne no podía ser el animador de estas magnificencias arquitectónicas que tanto admiramos. Comía copiosamente, honrando a B a c o c o n puntualidad; dormía doce horas, para recuperar las energías prodigadas en los combates c o n v a r o nes y hembras, y repartía las ¡horas libres entre los placeres cinegéticos y las cartas. T o d o esto ocurría allá por el año de 1230, en pleno apogeo del feudalismo. Muerto sin sucesión directa Tibaíldo, el dominio de sus tierras pasó a los señores de Ühatillón, miembros cercanos de su familia, y que tenían de su pintoresco antepasado l a afición a las mujeres, al buen vino, a las armas y a las emociones del arte venatorio. N o se sabe si c o n las cartas en la mano jugaban con más limpieza que su pariente. E x t i n g u i d a la rama de los Chatillón, bajo el reinado de Carlos V I c o n etl fallecimiento de G u y I I sus bienes territoriales, y c o n ellos el Castillo famoso, fueron a poder, del duque de Orleáns, que los conservó poco tiempo, pues murió asesinado por los borgoñones. L o s grandes solían acabar a veces así, pues l a incultura general n o permitía que loa bajos LA GRAN LINTERNA ALA D E ENRIQUE II
 // Cambio Nodo4-Sevilla