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El día de... El dibujante Joaquín Xaudaró. N día en casa de Xaudaró; un reportero meiido en dibujos un chiste por minuto; mil- cuatrocientos cuarenta chismes que suman una carcajada de veinticuatro horas; alegría, regocijo, amenidad... ¡Y el perro! el perro ofreciéndose a los ojos del informador dibujado en cuadros, modelado en escayo a, bordado en almohadones, calado en visillos... E l perro sentado, el perro echado, el perro zampándose en un descuido los chistes del hombre de la barba... Muchos perros, profusión de perros, lluvia de perros, y entre la humorística jauría la euforia triunfante de Xaudaró, siempre aleTta para lanzar el comentario jocoso que ha de unirse al cortejo de la actualidad. Este es el cuadro que sugiere la fantasía artte el proyecto de una visita a Xaudaró; la realidad... La realidad difiere un tanio de lo sonado, U MIENTRAS L E E LOS PERIÓDICOS DEVORA E L DESAYUNO CON LA AVIDEZ D E L QUE NO H A CENADO LA NOCHE ANTERIOR pero no sorprende al que sabe que nada hay más jocoso en su vida privada que un hombre serio, v nada hay más serio que un humorista. ¿Sazón? E l mismo Xaudaró nos la da respondiendo a una pregunta. -Los chistes- -dice- -son artículo de primera necesidad para el que de ellos vive, y no conviene desperdiciarlos en conversaciones particulares. Además, Xaudaró está muy malo; tam- XAUDARO SABE QUE A LA UNA V CUARENTA Y CÍNCO MINUTOS SURCI RA E L ASUNTO D E LA CARICATURA flHIll HIHÍlBifimil