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VELAZQUEZ. L A MARGARITA INFANTA MARÍA VAN DYCK. RETRATO DESCONOCIDO DE NIÑO guida, luciendo un lujoso traje de tejido de plata, inmensos encajes, l a z o s bordados, soberbio b r che de diamantes y otro. signos de regia opulencia. U n a de sus manos, deliciosa, Ikriita de carnes, redonduela, blanca y fina, sujeta un largo abanico, mientras la otra se a p o y a negligente en el lujoso tapete de una mesa. -L a cabeza, i n m o r t a l trozo de pintura, se destaca sobre el fondo obscuro de un rico cortinaje. E l cabello blondo, l i gero como u n plumón de ave. suelto, sedoso, r e cuadra en a m p l i o s m e chones, ointados m a g i s tralinente, el rostro de la augusta niña, reproducido asimismo de m a n e r a portentosa, con sus c a r r i llos mofletudos, su boquita fresca, la e x p r e s i ó n i n o c e n t e y deleitosa dé sus ojos infantiles, todos pureza y asombro. Velázquez dejó en este cuadro LA CONDESA D E MONTIJ 0 una prueba más de la perf e c c i ó n absoluta de su arte admirable, de su retentiva óptica, de la f u e r z a vital de su pincel. U n autor anónimo retrató a D Ginés de Castro, decimocuarto conde de Lemos, cuando v o l vía de la caza, portador de un c o n e j o m u e r t o probablemente la primera víctima del joven c a zador. E l muchacho parécese muy elegante con su traje pomposo, donde sobre un fondo de seda, se entrecruzan estrechas c i n tas de terciopelo. P a r a rñayor bizarría de e s t e vestido, áureos galones, botones numerosísimos, un lujoso cinturón y unas enormes cocas de encaje io adornan v enriquecen aún más, dejando al joven D Ginés hecho un prodigio de elegancia. L a escopeta es asimismo arma de precio, y, aunque, parece algo desproporcio-
 // Cambio Nodo4-Sevilla