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MADRID. E N L A CASA D E PRENSA ESPAÑOLA VISITA A X A S REDACCIONES, OFICINAS Y TALLERES D E BLANCO Y NEGRO Y A B C D E LOS ALUMNOS D E L CURSO PARA EXTRANJEROS, D E LA UNIVERSIDAD CENTRAL. (FOTO V. MURO) casi secreta, de propiedad particular. Adelante y alrededor de los sagrados vestigios que arriba quedan señalados, y alguno de los cuales, como ei de las Cortes, ya se restauraron con singular pericia; cambíense los telones según convenga, y no lamentemos la, desaparición de bastidores y iarolillos, aunque, según ha ocurrido ya, dejen de figurar en el plano calles en que nacieron ciudadanos a los que. no les queda ni siquiera el muro de las lamentaciones contra el que llorar, como los judíos. Las autoridades y el arquitecto que andan en la reforma rebosan de buena voluntad. P o r otro lado. Valencia estalla, se amontona, fluye, desparrámase en oro, en carne y en espíritu. Pueden excusarse improvisaciones y hasia los atropellos, que el momento suyo no. es de corrección de estilo y fe de erratas, sino de primera y febril escritura. L o que importa es que las gentes se despidan del inofensivo prurito fi? la europeización y que se apasionen por devolver a Valencia su dignidad mediterránea, rio lograda con ponerse en ringla? con otras capjtáles y uniformarse, sino siendo el resultado de asimilaciones y genialidades propias. N o hag á i s caso, ni vosotros, mis paisanos, ni vosotros, mis compatriotas, de los disecadores y herbolarios de ciudades y de hombres. L? pluralidad no excluye la unidad. Ahí tenéis el reloj, que cada hora lanza unas campanadas, sin que deje de ser perennemente la misma caja y el tiempo. s CRÓNICA VERANIEGA DE VER Y ANDAR Homenaje al mar Esta serranía per donde vagamos- -sin grandes sofocos por el día y tomando el iresco con capa por las noches- -siente, como Castilla, l a melancolía de no ver el mar que le enamora... N o ve el mar, pero ve y engulle sus peces, y aigo es algo; con lo cual realiza l a sierra desde que el mundo es mundo, y la ingestión piscívora forma parte de la nutrición humana, el debido homenaje al suspirado mar lejano. Hasta hace poco tiempo las dificultades del transporte impidieron que el pescado llegase fresco hasta estas alturas serrerías, y. para que no faltase, aunque fuese seco, se. r e c u r r i ó en las embarcaciones pesqueras al arbitrio de poner al sol, como un empavesado de fiesta, las especies susceptibles de desecación- -el sollo, la raya, la bermejuelai entre otras- que luego de bien curadas por los rayos solares y el aire salino, subían los arrieros a lomo de sus recuas y distribuían a buen precio entre los consumidores serranos. Algunas veces, cuando no hacía mucho calor en las veredas, solían llegar también el a t ú n de barriga, las caballas emparejadas y las sardinas de aguante, todo entre tandas de sal gorda de Bacuta, en tal abundancia, que no había posibilidad de eliminarla por m á s lavados y remojos que se practicasen a toda conciencia antes FEDERICO G A R C Í A SANCHIZ de cocinar. Luego, al freír era el reír y al comer era el beber, aparte los probables sarpullidos, granos o viruelas locas con que el mar le pagaba sus entusiasmos a lps admiradores heroicos. Y eso, que en las mesas serranas el lugar de honor se le reservaba al pescado, con desdén para los suculentos productos cárnicos del país... Las carreteras y su verdadero complemento los vehículos con motor de explosión, han cambiado de una manera radical el régimen de abasto de pescados, y la sierra puede ya rendirle al mar. de sus admiraciones el homenaje de sus fervores, por medio del pescado fresco. Insistimos en que la sierra ama sobremanera al mar; le complace mucho saber el buen agrado con que el mar se bebe- -sin duda para aliviar l a ardiente, sed que le produce su eterna ahitera de sal- las dulces aguas que, le envía por los cauces fluviales. Otro signo de ese tierno amor consiste en la frecuencia con que los serranos se hacen marinos. Alguna vez intentaremos demostrar la importancia de esta inclinación navegadora de la serranía con la publicación de la lista completa de los serranos que sirvieron en las Armadas Reales; algunos nos permiten gozar en las fiestas mayores el conmovedor espectáculo de los uniformes vistosos de jefes retirados o en situación de reserva, con. que, felizmente llega tierra adentro el prestigio de los departamentos marítimos. Pero la, verdad es que no se había celebrado con la importancia debida el hecho