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ABC. MARTES 19 D E AGOSTO DE 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 7 didos en igual deseo, poseídos del mismo, es píritu. ¿N o señalaban aquella solicitud, aquel fervor en responder al llamamiento pontificio un síntoma de la suspirada unidad, a la vez que un homenaje a la Iglesia que la encarna y personifica? Y no son menos de subrayar, las tendencias unitarias que se manifiestan en los diversos programas de reforma social, encaminados a una pacificación de clases, que fué siempre actividad fundamental en el catolicismo, y cuya sistematización culminó en la encíclica Rerum Novarum, reconocida por todas las religiones como supremo mensaje de la caridad y la justicia. T o d a v í a resuena el comentario de adhesión que intelectuales y políticos de países no católicos hicieron en torno al documento que acerca del problema educativo publicó recientemente el Sumo P o n tífice, el cual, con justicia se ha calificado de Carta Magna de la Educación. E l surco se ensancha y la mano sembradora encuentra menos asperezas y obstáculos en el terreno. Cabalmente en estos días acaba de celebrarse en muchos países la octava de plegarias por la unión de la Iglesia, obra que en escaso tiempo ha conseguido extensión y acogida sorprendentes. Desde Norteamérica, donde vino el proyecto a. felicísima realidad, llegó pronto a Inglaterra; recibiéronla con entusiasmo después los alemanes, g a n ó adeptos y propagandistas en Oriente, y, por fin, cpn el autorizado beneplácito de los Pontífices, ha llegado su celebración a cumbres de solemnidad en una de las iglesias consagradas a San Pablo en Roma. Es un deber primario la afiliación a esta cruzada, pues, como oportunamente dice el obispo de Lausana y Ginebra, no es justo que el católico se regocije en la fortuna de serió, limitando su actitud para con los disidentes a una. platónica y estéril compasión, postura de feroz egoísmo, a semejanza del fariseo de la parábola, quien daba gracias a Dios por ser mejor que los otros. E l nobilísimo intento de la unidad religiosa, que ardientemente, imploraba Jesucristo en la vigilia de su muerte redentora, y con vivos anhelos desea su representante en la tierra, exige una cooperación desinteresada y constante, que por igual atienda a las demandas de la caridad y de la justicia. Se acerca el tiempo- -escribía el profesor Hromad, de la Facultad de Teología protestante- -en que el Oriente pierde toda importancia y el Occidente católico se lanza a m á s gloriosa ascensión. Los sueños papales de un gobierno mundial se cumplen en la forma más sorprendente. E n la Santa. Sede romana se sientan a gobernar Sumos Pontífices, adornados de capacidad sobrenatural, de valer extraordinario y de una cultura maravillosa; la piedad resucita y se fomenta por nuevas Ordenes re- ligiosas. Es una era de hombres santos que saben negarse a sí mismos, dominar los sentidos y sus pasiones de una manera comnletamente heroica, de igual modo ciue saben combatir por la victoria de la Iglesia contra los ánimos revoltosos, desconfiados e indiferentes. L a teología católica está a la altura de su m i s i ó n demuestra al entendimiento las m á s excelsas verdades de la salvadora Revelación muestra la lógica i n conmovilidad de la fe cristiana y une en audaz síntesis el comoleio de las verdades reveladas con las de la razón, el orden de la gracia con el de la Naturaleza, el reino de los cielos con las instituciones naturales de la tierra. N o hay ejemplo semejante en la historia de las religiones ni aun en la misma Edad Media, en la que los ideales religiosos lograron tanta importancia, tanto poder interno y externo. J. P O L O B E N I T O J; r R E A L! D A D ES El gran divorcio En estos tiempos de barullo político, día a día se va acentuando el gran divorcio que existe entre el pueblo y los que en otras é p o c a s fueron jefes de núcleos ciudadanos. Juan Español está cansado, y su fatiga la exterioriza con un gesto de desencantó y de desgana. Juan Español desconfía, recela, se abrocha la americana p o r icnuír que le quiten los cuartos que guarda i cartera y cuyo posesión le costó reued sudores, y vuelve las espaldas al leader que vocifera unos cuantos tópicos, e. por o manidos, ya no. se llevan Por el agro pasaron muchos charlatanes, que, con el objeto de sumar votos, ofrecieron el oro y el moro, y el importe de ios jornales sigue, aterradoramente exiguo, y un aguado gazpacho es el único alimento de muchos hombres que trabajan de sol a sol por las cálidas tierras de Andalucía y Extremadura. L a tragedia del hombre de campo extremeño es muy intensa: le obligan a v e l a r y no le dan de comer. P o r tierras. de Castilla y de Cataluña, por lo menos. cuando vota, le dan de beber. Con esa ecuanimidad insuperable que inspira la Dirección de este periódico, días p a sados, en estas columnas, ya se dio l a voz de alerta al narrar las últimas huelgas de Andalucía, porque los confiicfns oc ¡a dul porvenir vendrán por ahí. Y o que v i v o a mayor parte del año en el campo, lo sé m u y bien. L a atmósfera está muy densa, se m a s ca el descontento. E l día que la gente d e l agro se organice o se desmande- -la finalidad puede ser la misma- -peligrará la pa: interior del país. S i el conflicto todavía o ha estallado ha sido por carencia de h a bilidad en los inductores y por miseria rooral y material en los colaboradores, pero el nHÍRTO subsiste y se agudiza. Si u n- a el labrador se cruza de brazos, el país se h u n dirá, porque las construcciones l o- m h m o pueden efectuarse en enero que en afros! o. pero la siembra tiene un mes determinado y la recolección también. E n España, que oficialmente sobran muchas cosas y f a l t a n otras, sería muy necesario crear el ministerio de Agricultura, porque el jornalero del campo tiene hambre, y el hambre es mala consejera. E l hombre de las grandes urbes conoce todo eso, y por ello se encoge de hombros con indiferencia faquiriana. cuando oye h a blar de política y de políticos, v porque se. e que aquélla fué la única culpable de que no se contuviera antes la caudalosa hemorragia de Marruecos, que desangró y arruinó a l a nación. Aunque Aristóteles dijo: E l hombre es un animal político hoy en E s p a ñ a la definición del filósofo griego está fuera de todo su alcance. Aquel político del siglo pasadía, qué peroraba y actuaba en las Redacciones de los periódicos y en las tertulias de c a f é y de Casino, ha pasado a la Historia, y de él, todo lo m á s queda únicamente u n o que otro nietezuelo que en la terraza de algún bar de moda se entretiene, mientras chupa l a paja del cock- taü, en hacer un chiste a costa de las declaraciones de cualquier señor de esos que periódicamente nos comunican todas las recetas que poseen para hacer felices a sus compatriotas. L a indiferencia ciudadana, contra lo que creen algunos, es la característica actual ele las masas, porque perdieron la fe en sus directores, porque han podido palpar lo que tienen de. versátiles. D i j o Víctor H w c o- -cómo me va a agradecer los comienzos de esta cita el Sr. Alcalá Zamora- M a l elogio es de un hombre decir que su opinión política no ha variado desde hace cuarenta a ñ o s esto vale tanto como decir que para él no ha habido ni la experiencia de cada día, ni reflexión, n i repliegue del pensamiento sobre los hechos. Es alabar el agua por estar estancada, un árbol por estar muerto; es preferir la ostra al águila. Torio es variable, por el contrario, en la opinión; TERMAS DE MONTEMAYOR REUMA, Gran Hotel. 140 habitaciones CATARROS, CAOERES ARTRITISMO El automóvil americano perfecto. MARIANO SANCHO. S. A. Martínez Campos, 9. Tel. 32023, Madrid.
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