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A B C. M A R T E S ig D E A G O S T O D E 193.0. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 10 LITERATURA CINEMATOGRÁFICA Un pleito curioso La voracidad cinematográfica es tal que para satisfacerla va a ser preciso, no solamente que los dramaturgos dejen el teatro, sino que los novelistas abandonen ese género, aplicándose los unos y los otros a servir las exigencias del nuevo arte. No me sorprende, pues, el que algunas Empresas se hayan decidido a reponer en la pantalla obras que hemos visto hace años. E l film tiene, como el teatro, derecho a sobrevivir al momento presente, que era toda su vida, si su riqueza o exuberancia de sugestiones estéticas lo justifica. E l destino de una obra no tiene nada que ver con el del género a que pertenece. Hay comedias que alcanzaron brillante éxito en su tiempo y que, sin embargo, sería peligroso resucitar. ¿Qué compañías de teatro llevan en su repertorio obras de Echegaray? Como Rodríguez Rubí, como Tamayo y tantos otros de su. altura profesional, el eminente autor de Mariana dejó de interesar. Sus intrigas románticas no atraen la atención, del espectador ni sus altisonancias caballerescas conmueven a nadie. E l gusto actual está orientado en otro sentido. Ahora bien; pasar no es morir. E n arte, casi todo vuelve, si no con el empuje primitivo, con ciertas probabilidades de no aburrir. Es natural, pues, que- el cine se beneficie de esa ley del retorno que nos parece aceptable en el, teatro. De lo contrario, ¿cómo podría nutrir sus necesidades? Si una obra no permanece en la pantalla más que una semana, y ál desaparecer de nuestra vista vuelve a la nada, impone a, la. producción un ritmo acelerado imposible de resistir. Sobre todo ahora que el cine requiere el concurso del escritor, su. derecho a perdurar es muy legítimo. Ya hemos dicho que a la hora presente el séptimo arte nos parece, como intérprete de la vida, inferior al teatro. Tiene el movimiento escénico un no sé qué de vivo y de sanguíneo que no ha conseguido- darnos todavía el cine. Pero hay demasiados elementos empeñados en ennoblecer fisiológicamente al nuevo arte para que aquella inferioridad se prolongue. La Empresa Paramount, por ejemplo, está logrando tales éxitos dé sincronización entre la imagen y la voz humanas, que aproximan, cuando no las igualan, la realidad fUntada a la realidad escénica. Un esfuerzo más y el público sentirá én el cine las mismas emociones que en el teatro, lo cual no implica, como temen algunos pesimistas, que la dramaturgia periclite y caduque. Lo que puede ocurrir, y ya está produciéndose, es que todo escritor dotado de ímpetus creadores se traslade de un campo al otro. En España hay en este momento más de un literato pendiente de los progresos de la cinematografía. E n Francia, los americanos procederán cuerdamente á dop- tando ciertas precauciones al tratar con los escritores que viven del teatro y se aprestan a desplazar su talento de ese género, localizándolo en la pantalla. Francia es un país complejísimo. No hay ninguno en el cual la inteligencia esté más extendida. E l espíritu crítico francés es el más penetrante, sin que esa superioridad aminoré el vuelo de su entusiasmo por las grandes causas! Hay en todo momento en el ambiente moral de este país una gran idea de aprovecha- miento universal. Su lugar en la civilización es preeminente. Pero este pueblo, que tanto ha hecho y tanto hace por la cultura del mundo, adolece de un defecto, en el cual quieren ver los optimistas una cualidad: su amor desenfrenado al dinero. Si en todas partes el deseo de ganar parece, por su l i citud, respetable, Vapreté du gani del francés rebasa a menudo los términos de lo decente. En ninguna parte del mundo hay que tomar tantas precauciones como aquí al tratar de negocios, porque en ninguna parte el respeto a lo pactado verbalmente ofrece menos garantías. L a avaricia, que es- un vicio general, reviste en Francia formas repugnantes escribe, el psiquiatra Rogues de Foursac. Ese afán de ahorro del trances es casi patológico. La frecuencia de las defraudaciones bancarias no tiene otro origen. E l francés, atraído y alucinado por el señuelo del interés, da sus ahorros al banquero sin informarse de su moral, y al poco tiempo éste se levanta con los capitales y desaparece. Como el francés es, además de avaro, de una vanidad ridicula por lo exagerada- -hay excepciones a millares, claro está- -cuantío se habla públicamente de sus defectos se considera ofendido. E l en desquite, se reserva el derecho de burlarse de nuestras cosas. y encuentra ese placer natural. Ahora, con ocasión del cine verbal, los americanos van a tener más de una dificultad con los literatos franceses. E l origen del malestar francés es uno: haber perdido desde la guerra la hegemonía cinematográfica, que está ahora en manos americanas. No es inferioridad del talento francés, sino poquedad financiera. E l francés como el español es en negocios de una pusilanimidad EL TOURING CLUB ESP A ha acordado la admisión de socios. Domicilio en Madrid, Serrano, 31. Es la Sociedad española más importante de carácter internacional y es miembro de la Alianza Internacional de Turismo. ¿Q u i e r e usted frípticos para e l pase de Aduanas sin g a r a n t í a as guras; ¿Q u i e r e usted viajar abonando a plazos su veraneo? ¿Q u i e r e usted tener la m á x i m a p r o t e c c i ó n y los mayores beneficios e n sai provincia y propia localidad, con m é d i c o abogado y esfoblecimieíates comerciales de teda í n d o l e q u e le concedan descuentes especiales? 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