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A B C. MIÉRCOLES 20 D E A G O S T O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA, P A G 6 Parece a. primera vista que los que viaLA FIGURA D E LOYOLA jan por mar están libres de los efectos de un temblor de tierra. N o hay tal. L a sabia Naturaleza no tolera injusticias. E l naInterpretaciones vegante corre los mismos peligros que el teA l escribir mi libro Loyola bien sabía a rratranseúnte. ¡N o faltaba más! Cuando la qué especie de riesgo me entregaba, y así me sacudida sísmica se produce á través de una anticipé a confesarlo en el prólogo de esa gran masa de agua se forma una ola g i biografía, semblanza o retrato (nada más gantesca, que, sin desnivelar ostensiblemenque retrato probablemente) de aquel hombre te, l a superficie del océano, para que no haya excepcional. De l a derecha y de la izquierda desarmonías inestéticas, se traga los buques mé han salido comentadores e impugnadores, que lo surqan y destruye los pueblos del l i toral. y ahora, después de más de un año de l a aparición del libro, todavía viene un escritor a ¿Cómo se podría evitar todo eso? Los renovar la disputa, esta vez desde el lado geólogos no lo saben. Toda su ciencia no les francamente de la derecha y armado- además ha servido más que para medir la intenside los utensilios más poderosos para el atadad de las catástrofes. Todos ellos repiten que. Como que se trata de un jesuíta que la frase de P l i n i o el Joven, cuyo padre muaparenta poseer toda la erudición que a prorió víctima de una erupción del Vesubio: Donde la tierra ha temblado, temblará E s pósito de San Ignacio hoy existe. admirable que al simpático escritor confiE l padre Pedro Leturia, de la Compañía dente de Trajanó se le ocurriese hacer esa de Jesús, ha publicado en El Día, de San observación pater corpore in sepulto. Sebastián, nada menos que seis copiosos fo Recientemente un sabio francés, e l señor lletones bajo el título de El Loyola de SalaL a actitud; de los geólogos ante el terreNorman, negaba la conexión de los temverria, ¿es Loyola o Salaverría? Aquí, donmoto es idéntica a la del punto desplumado blores de tierra con el volcanismo. C est aller de los que escribimos parece que echásemos ante l a mesa de juego. Sabe lo ocurrido y un peu fort, maltre. Ciertos seísmos- -dice a volar las palabras al viento inútil; en un puede explicarlo científicamente, pero igno- el profesor Guéde, y- el, sabio español don país en que los libros pasan sin apenas cor a el modo de conjurarlo. E l que haya tenido, José Comas Sola lo confirma- -tienen cómo mentarios, o son comentarios de una vagocomo nosotros, la i precaución de leer lo que punto de partida un conato de erupción aborrosa frivolidad, el hecho de que un escritor se h a escrito sobre, l a terrible sacudida sístada. S i la lava se eleva hacia arriba- -y dedique un estudio tan largo, tan preocupado, mica que ha arruinado a varios pueblos del perdóneseme el pleonasmo- -su energía puea l a obra de otro escritor contemporáneo Sur de Nápolés, ha comprobado con dolor de manifestarse en explosiones internas, y merece toda la expresión dé una sincera graesta verdad: que no. se conoce el medio de horizontales. E l temblor de tierra de Ischia titud. P o r otra parte, -el padre Leturia emplea evitar un terremoto. Sus causas, como las coincidió con un momento de paroxismo del en su comentario un lenguaje lleno de resdel volcanismo, res. idert en el fuego central. Vesubio. Se admite, pues, científicamente, peto, que con frecuencia es muy amable (casi Nuestro planeta, frío- exteriormente, y de pese al Sr. Norman, que una cierta cateprotector) y éste también es un hecho digno ese enfriamiento proceden todas las formas goría de seísmos depende de la actividad de agradecerse en un país donde izquierdas de la vida, conserva ardientes las entrañas. volcánica o puede coexistir con- esa- activiy derechas suelen rivalizar en la práctica L o s geólogos todos coinciden en que los dad. S u origen. arranca del esfuerzo de los gases y de los vapores por alcanzar la suestremecimientos sísmicos se- producen: verde la fanática invectiva. perficie. H a y también, a diferencia del seísticalmente, o sea de abajo arriba; horizonA los jesuítas se les concede el don de mo volcánico, el seísmo orogénico ¿que no se talmente, o sea por choques laterales, y en estar extraordinariamente bien enterados. ha descrito aún con precisión, pues s e h a ondulación, como las oscilaciones marítimas. Sus mismos adversarios, los más feroces, adreconocido en ambos idéntico origen. RefiParece una- descripción del tango argentijudican a los jesuítas una temible listeza y riéndose a los terremotos de Andalucía, ocuno, ¿verdad? A iguales ritmos se someten las la cualidad de poder manejar todos los elerridos en 1884 y 1885, hace notar el ilustre parejas. H a y a veces, como en el baile, simentos de l a cultura moderna. E l Sr. L e t u geólogo Guéde que no causó modificación multaneidad de movimientos, sacudidas en el alguna en la altura de las montañas. Los ria tiene que ser de los más avisados jesuícentro y movimiento ondulatorio. L a duratas, y como se mueve con tal desembarazo temblores de tierre vienen a ser, pues, con ción de un temblor de tierra es variable. dentro del campo de la literatura, necesitará relación a los volcanes, lo que los estremeCiertas sacudidas no se prolongan más de conocer los pormenores de, la vida literaria cimientos- febriles con relación. a un. ántrax una fracción de segundo; otras duran muen los tiempos actuales. E l título con que enque en muchos casos es mortal. Peroro más cho más. Hace dos años, estando yo en B a r cabeza su trabajo me. pone, sin embargo, un terrible parece, ser ¡que la Hierra, aun en sus celona, tembló l a tierra, sin otras consecuenpoco en duda, ¡i Loyola de Salaverría, ¿es momentos de aparente; reposo, í sufre ¡pequecias que desplazar algunos muebles de su Loyola. o Salaverría? U n escritor agudo y ñas sacudidas, que comprueba el i sismógrasitio. Y o estaba escribiendo en un cuarto del fo y pasan inadvertidas para nosófros. muy avisado y actual, como supone la gente hotel, y v i de pronto que l a lámpara colgada que ha de ser un jesuíta, no debiera hacerse del techo empezaba a moverse, como si re ¿Defensa contra los terremotos? No; exisesa pregunta. Porque, naturalmente, ese Locibiera una lección dé baile. E n aquel mote más que u n a alejarse de las z. ouas, vol- yola que yo he retratado es mío. U n retrato cánicas, y a eso se opone nuestro; egoísmo El mento me entraban l a nota de l a semana, y (mientras no se trate de fotografía. siempre que tiene fincas al pie del Vesubioíofcérca la impresión aritmética borró l a emoción del es de aquel que lo concibe y lo traza. del Etna no abandona sus tierras i porque peligro. ¡Y: para ello, naturalmente, el autor de una. tiemblen. Espera, si le da tiempo, a qúe se Los seísmos pueden tener efectos muy cirbiografía literaria necesita, cargar, desde luetranquilice. el íplaneta- y vuelve a instalarse cunscritos y muy- extensos. U n geólogo congo, con todas las responsabilidades. Y o no como s. i no hubiera pasado nada: L o intetemporáneo, el profesor Guéde, hace conslas eludo, y desde el principio, como dije resante desde, el- punto desvista práctico setar que el temblor de tierra ocurrido en j u antes, sabía a lo que me exponía. Y o no duría que se pudieran prever esos fenómenos. lio de 1855 en el cantón suizo de Valáis redaba que hubiera, de faltar algún padre L e Pero, como las alteraciones de nuestra salud, percutió en París. E l de Mentón de febrero son imprevisibles. ¿Cuándo nos ya a aco- turia que encontrase rrii trabajo imperfecto de rS 86 se produjo en tres tiempos, habieno arbitrario. E l padre Pedro L e t u r i a afirma meter una neumonía o una hemiplejía? no do durado la última sacudida minuto y meque mi impresión de Iñigo, de Loyola es falhay médico que lo sepa. ¿Llegará el día en dio! Las consecuencias de un movimiento sa, porque es demasiado personal; es decir, que un terremoto se anuncie- con la relatisísmico pueden ser diversas: se abren enorporque yo he pintado a L o y o l a tal. como yo va exactitud con que se pronostica una tormes grietas, en la tierra, y hasta puede darse he querido que sea. P e r o yo le pediría a mi menta? E s posible. E l hombre, quedes. un el caso de, que, el delta de un río, como ocusemidiós, pues ha, transformado la -caverna respetable contradictor que me confesase rrió en el Indus en 1819, se transforme en terrestre en paraíso, puede vencer todos los lealmente si la figura que ellos, los jesuítas, un gojfo. E n aquella catástrofe, un distrito obstáculos, y, si no el de la muerte, la podrá suelen hacer de Sari Ignacio para uso. de los de más de m i l kilómetros cuadrados se hunretrasar... ingenuos devotos, se parece- a la realidad mudió en el mar. P e r o como l a Naturaleza, cho más que ¡a figura que yo he pretendido Entre tanto, no sabemos a estas horas si cuando quiere lucirse, no hace, las cosas a construir. Ellos ofrecen a sus fieles una imaun terremoto me v a a interrumpir a mí el medias, al mismo tiempo que agita, las capas gen de hombre modosito, humildito, resigtratamiento termal en el balneario en quedesiri i- nas del planeta, desencadena otros fe- cribo estas cuartillas, indiferente al estrépinado, paciente... Y porque yo he visto a L o v ios, igualmente imponentes y desastroyola como otro hombre, como un hombre de to del jass- band que suena en l a terraza del so- uidos subterráneos, desprendimiento de cuerpo entero y de otra especie de profundihotel... Y. -como yo estoyrinstalado en el- prigases y de vapores, brumas, tempestades y mer piso, me sería difícil comunicar mis dad, el p. adre L e t u r i a se incomoda conmigo. huracanes. E n esas circunstancias puede haimpresiones al- lector d e A B C P e r o como Si es cierto que yo he pecado por demasiado ber erupciones de lodo y de arena hirvientes, final de una vida, -es- realmente tentador, personal, quienes entregan a las ingenuas sin duda para que esa ducha se lleve por beatas una imagen, de, sólito modosito y acaMANUEL B U E N O delante a los rezagados que no tuvieron j ramelado pecan de lo mismo. Todo el que tiempo de partir. Chatel Luzon, agesto, 1930. Pero al ocurrir un terremoto los ¡Gobiernos se limitan a convocar a l a Cruz Roja, a los arquitectos y a l a caridad privada. Los geólogos, que serían los obligados a intervenir en este caso, 110 tiene, n nada que hacer. Su papel es tan poco airoso como el del jugador que llega a la sala de treinta y cuarenta y de la ruleta cuando las partidas están ya empeñadas; mirar en los tableros el juego que se ha dado, sin poder predecir el que se dará. Toda l a previsión del punto es impotente para, sorprender las combinaciones de, l azar. N o importa el que las E m presas de los Casinos inscriban las alternativas de rojos y negros, de pares y nones, de color y contra. Ese homenaje a la cautela del jugador- no garantiza nada. C o n el tablero y sin él nuestro destino es el mismo: levantarnos de l a mesa con los bolsillos vacíos, los nervios rotos y a menudo con un conflicto en perspectiva, pues casi siempre el que juega necesita reparar por un préstamo subsiguiente su descalabro. f v
 // Cambio Nodo4-Sevilla