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NO DEJE USTED D E LEER TODOS LOS DOMINGOS O U E ES U N P O R T F O L I O p o r l a d i v e r s i d a d de sus fotografías. U N L I B R O p o r l a a b u n d a n c i a de su texto. U N M U S E O p o r la b e l l e z a de sus planas artísticas; y U N R E G A L O p o r la baratura de su p r e c i o U N A P E S E T A E L E J E M P L A C E N T O D A ESPAÑA $7 E. RODRIGUEZ- SOLIS L O S G U E R R I L L E R O S D E 1808 371 su cuartel general en Puebla de Trives, ocupando el puente de Bibey, sobre el río S i l con ánimo de asegurar en parte la retirada si los imperiales continuaban persiguiéndole. Pero estos fracasos nuestros son nada, en comparación de los sufridos p o r las tropas de Moor, cuya. desmoralización y temor llegó hasta el punto de marchar por los caminos a su voluntad, de destrozar edificios, de maltratar a las gentes i y de saquear las casas. Napoleón, que al llegar a Astorga supo todo esto, impresionado por las malas noticias que recibía de Austria, encargó l a persecución de los ingleses a sus generales Soult, Loison y Hendelet, apoyados por un Cuerpo de reserva al mando del mariscal Ney (1. de enero) Soult d i o vista a las tropas de Moor en V i l l a íranca del Bi rzo, de cuya población salieron en precipitada fuga los ingleses, causando los mayores estragos en las personas y en las haciendas, sin que el castigo lograra imponerlos, encaminándose a Lugo, cuya distancia de 16 leguas recorrieron en una constante dispersión, llegando a confundirse bagajes y hombres sanos v enfermos... Pero, ¿qué más, si el pánico de Moor llegó al extremo de inutilizar un convoy de vestuario qu ¿halló en el camino y que l a Inglaterra enviaba a España, a desamparar los enfermos, a abandonar los cañones y a arrojar por un despeñadero la no despreciable suma de 120.000 duros? i Se concibe mayor ceguedad? Aliados nuestros y soldados valientes, no seremos nosotros los que manchen la reputación militar de los ingleses ni se ensañen, con ellcs, por más- que s u conducta. no fuera la que debíamos esperar de una nación amiga, ni sus hechos se ajusten a la moral y a la justicia: v para dar una idea siquiera aproximada de aquella retirada, a ninguna otra comparable, ños bastará copiar este solo juicio: P o r sombrías v horrorosas que sean las relaciones que de aquella retirada se hagan, aún no se acercarán a la realidad (1) (1) Marqués ae Lonflonderry. -Narraciones Guerra de la Independencia en España, de la Esto dice un escritor, inglés, ¡ellos, tan amantes de su país y tan orgullosos de su ejército! A l llegar a Lugo pareció que Moor se había serenado y que resolvía hacer frente al enemigo, por cuanto se posesionó de unas alturas, desde las cuales podía fácilmente, y con ventaja, rechazar a los i m periales; pero no era así, y sus disposiciones sólo tendían a engañar a los. franceses y dar tiempo a la escuadra inglesa para llegar, a la Coruña, hasta cuya ciudad dispuso continuar la retirada, en. vista de la imposibilidad de realizar en V i g o el. anhelado embarque de sus tropas. Los días 6, 7 y 8 de enero transcurrieron con ligeras escaramuzas, no porque Soult no. desease empeñar la batalla, sino porque la mayor parte de sus fuerzas venía retrasada; descalabro que Moor pudo muy bien sospechar al ver que no le atacaba y obligarle a combatir, casi seguro del triunfo. Lejos de eso, el día 8 marchó para la Coruña, dejando encendidas las hogueras de su campamento, a fin de engañar a los imperiales. Apercibido Soult por la mañana del engaño, y al ver que Moor proseguía la retirada, continuó con mayor empeño su persecución. E l general Moor, que no halló en la Coruña los transportes que ya juzgaba en el puerto, tuvo al fin que aceptar aquella batalla por tantos días esquivada, quizá porque una voz secreta le decía que nada bueno podía esperar de ella, tomando posición en varias alturas, al abrigo de- la plaza. Aunque los franceses llegaron tras de Moor el día 12. se vieron detenidos en el Burgo, porque el general inglés tuvo la precaución de disponer la cortadura. del puente; de suerte que hasta el 14 no liegaron los imperiales. Sabedor Moor de la entrada el día 14 de los transportes, comenzó a embarcar los enfermos y la artillería el día 15, no quedándose más que con 12 piezas, esperanzado aún de no empeñar la batalla. Resuelto el mariscal Soult a no dejarle escapar sin combatir, comienza la acción a lasados de la tarde del 16. B i e n pronto cae herido el general Baird, s i guiéndole Moor tan gravemente que falleció a á pocas horas, IIIUMíiMHH
 // Cambio Nodo4-Sevilla