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MADRID- SEVILLA 22 D E A G O S T O D E 1930. N U M E R O S U E L T O 10 C T S REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. ABC CERCANA A TETUAN, SEVILLA versa que les atribuye el público. E l lenguaje, severo, justo, honrado, admite equivocadamente el trato con expresiones de germanía, y hasta distinguidas señoritas no se desdeñan en coger del arroyo giros gramaticales innobles, enaltecidos al ponerse en sus labios. Eso en cuanto se refiere al sentido equívoco de las palabras. E n lo que atañe a los chistes de, abolengo pornográfico, crece cada vez m á s l a dolencia; sabemos que no es exclusiva del teatro, ni tampoco nueva. Suele andar por libros y semanarios que se venden, pregonando con su inmerecida suerte, cómo premia la masa general extravíos de escritores con talento para ser admirados mediante procedimientos lícitos. Pero repito que ciertas ocurrencias y palabrotas son m á s peligrosas en la escena que estampadas en el papel, porque adquieren una superior fuerza difusiva, y, entrando por los oídos, dijérase que su multiplicación es doblemente intensa y peligrosa. E n sus obras postumas, y hablando de l a escena inglesa, refiere M o r a t í n un caso, que viene ahora como anillo al dedo. D i j o el autor de La comedia nueva, que el teatro Drury Lañe, de Londres, padecía graves daños allá por el siglo x v n i a causa de los malos escritores y cómicos. Estos- -son las mismas palabras del poeta español- faltos de habilidad y de talento, estropeaban lastimosamente las mejores piezas, y para suplir tal defecto llamaron en su auxilio volatines, bufones y otras extravagancias, que redujeron al teatro al m á s ínfimo grado de desprecio. A este tiempo apareció el célebre Jeremías Collier, varón docto y de gran talento, el cual, lleno de las severas m á x i m a s del puritanismo, combatió con la mayor vehemencia al teatro, en razón de sus profanidades y rebajada moral. Publicó su obra en 1670, a l a cual respondieron Congreve, Vanbrugh, D r y den, Dennis y otros con ingenio y gracia; pero sin destruir los argumentos enn que su enemigo los había combatido a ellos d i rectamente o al teatro en general. N o nuede negarse que muchos de los más célebres autores de aquel tiempo habían escrito de un modo que justificaba la censura de cualquiera iue profesase algún respeto a l a honestidad y a la virtud. Esta controversia produjo saludables efectos. T r a t ó s e formalmente de reformar los abusos del teatro; se castigó a algunos cómicos que, se atrevieron a decir en él expresiones indecentes; los poetas empezaron a escribir con la debida modestia, y a esta época puede fijarse la introducción de aquel gusto delicado que ha dado tanto crédito al teatro inglés. Como se ve, el mal ni es nuevo ni sólo español. E s antiguo y de todos los países, y tiene su remedio principalmente eñ los que representan, la escena como autores y como actores. Nos quejamos en ocasiones de apartamientos del público, y acaso en esos desdenes tiene influjo positivo el empeño de dar libre acceso- en la escena a tendencias que deben proscribirse, no sólo en la acción, sino en la dicción de las obras teatrales. También ahora se sufre que algunos cómicos, quieran suplir deficiencias artísticas con bufonadas. T a m b i é n ahora se dicen a l- DIARIO ILUSTRA- DO. A Ñ O V 1 GÉSIMOSEXTO N. 8.629. -Vtf J MUÑOZ OLIVE, SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: TEMAS ACTUALES Para bien del lenguaje Los tiempos presentas son en E s p a ñ a de fecunda actividad literaria. N o podemos quejarnos- por escasez de autores; en todos los órdenes menudean; tal vez lamentemos que la abundantísima producción no responda siempre, por su calidad, a cuanto codicia o satisface al público. Hemos de advertir también que nuestras manifestaciones no están inspiradas por el desdén hacia las producciones del pensamiento de otros pueblos. ¿Q u i é n cometió con nosotros la injusticia de achacarnos tan grande y patriótico orgullo, que nos conduciría a la exageración de desdeñar al extranjero? ¿Q u i é n fué, si hubo tal loco, quien dijo que en E s p a ñ a nos era grato únicamente lo propio y enviábamos noramala cuanto no tuviese la marca de nuestro origen? S i realmente, alguno o algunos incurrieron en tamaños desafueros, pue, den volver a los obligados arrepentimientos, porque E s p a ñ a está dando ahora pruebas irrebatibles de que su generosidad artística tiene tales amplitudes, que el m á s desamparado de la tierra e n c o n t r a r á en la nuestra el albergue que apetezca a su deseo o exija el doloroso apremio de las propias necesidades. E s en efecto, cierta l a abundancia de obras ajenas literarias entre nosotros, pero a la vez se decuplicó el n ú m e r o de, cultivadores de las bellas letras en la Patria a que pertenecemos. P a r a todos debiera ser la literatura medio de noble, culto y hasta instructivo entretenimiento; pero, suele ser en algunos casos vehículo destinado a l a expresión chocarrera, al concepto ruin o a la locución descarada, que difunden por ciertas esferas sociales vocablos que no debieran admitirse. L a crónica sentirá, bueno es advertirlo, temores de que sus indicaciones sean enteramente baldías. Ademas, la gacetilla y aun la crítica, que con una comedia o drama, por ejemplo, suelen mostrarse ariscas e implacables, con las piececillas corrientes derraman, por lo común, tarros de benevolencia. E r r o r profundo, pues precisamente para los públicos menos selectos hay que, reservar las m á s escrupulosas advertencias contra lo atrevido. L a masa popular acoge con facilidad cuanto se le dice, y suele no tener discernimiento suficiente para separar lo malo de lo bueno; por lo mismo, hay que considerarla con mayor cautela, ahorrando el entregarle frases chocarreras, que causan hondo d a ñ o en la masa social. E n el teatro menudean las producciones, no solamente flojas por sus condiciones l i terarias, sino, además, fáciles para dejar que se difunda en la masa común una decadencia notoria del lenguaje. N o he, de atribuir a todos los autores lo que es achaque parcial o circunscrito. Poco a poco, y teniendo en ello mucha parte el teatro malo, vamos encanallando al idioma. Todas las gentes suelen usar lo de dar la lata, ser brutal, tomar el pelo, traerse cosas, tener pupila y análogas locuciones. Palabras que debieran ser sencillas y honradas, han adquirido un doble sentido, que las hace rechazable: y no se pueden usar sin que carcajadas sonoras subrayen la intención per- igunas palabras con- tal intención, que las trueca de honradas en licenciosas. Como ciertos autores, ciertos cómicos deben ser advertidos para que interrumpan sus torpes empeños. N o es preciso, de seguro, que n i n g ú n como Collier emprenda una cruzada artística para salvar l a Jerusalén del buen gusto de manos infieles capaces de afearla. E l p ú blico y l a Prensa por un lado, y por otro escritores y actores de honrosa nombradla, pueden realizar el milagro, impidiendo así que cuajen en realidades los propósitos de ciertos enemigos de la literatura, en la que ven medio de cultura que estorba a sus afanes de perpetuar la ignorancia. E l ingenio auténtico, el verdadero, no necesita i r acompañado de la desvergüenza. E l lado ridículo de las cosas, de los. hechos humanos, de los acontecimientos d e l a- v i d a ninguna relación tiene con l a procacidad. N o se saque ahora a plaza que en nuestros clásicos hay innumerables ejemplos de palabras atrevidas y conceptos descarados. I m í tese a los, clásicos en lo extraordinario de las invenciones, en lo supremamente hermoso del lenguaje, en la fina, perspicaz visión de la realidad, y ño en, pormenores que v a n o son tolerables en los tiempos presentes. Querer hombrearse con Cervantes, Quevedo y Lope, sin tener su genio, sólo por decir- alguna chocarrería, es pecado intolerable. J. FRANJÓOS RODRÍGUEZ TALK 1 ES Ante un gran peligro ...Desde luego, la. obesidad no es saludable ni estética... Odiémosla y compadezcamos al obeso... Reconozcamos, en- cambio, que venimos siendo injustos con dos gordos no sinfónicamente desarrollados, sino que ofrecen ese volumen del trío, del cuarteto... Son los que n o s u f r e n de adiposidad, prematura, habiéndose ido redondeando seg ú n la edad o la posición social recomendaban mayor empaque en el ciudadano... Las anteriores palabras han sido pronunciadas por mí, que todavía he llevado m á s lejos la disculpa de l a gordura, pues terminé por hacer su elogio: -L o s japoneses- -he dicho también- -celebran la ampulosidad carnal, quizá por sella mayoría de ellos tan livianos, y yo he visto a las nmsmés acercarse a dar palmaditas en la barriga d e u n gordo adormilado, como si jugasen en el baño con u n a pelota... E l propio Buda, ¿n o tiene la beatitud de su panza? Y a vemos, por tanto, que ésta no es incompatible con la divinidad... N i con la elegancia... Recuérdese a los sultanes y los jalifas, m á s respetables, cuanto más henchidos, que no es lo mismo. que hinchados, y algunos, con l a ayuda de su c h i laba, comparables a nubes lentas... Pero sobre todo recuérdese a Eduardo V I I con su vientre, y sin embargo, alcanzando el título de Rey de P a r í s o sea de la distinción, l a galantería y la espiritualidad... U n a pausa, y l a observación final: -Tampoco el h e r o í s m o repele la gordura... Y al decir esto pienso en Napoleón, de piernas flacas y abdomen, saliente, que Caricaturizaban los estirados calzones... Basta con lo que antecede para; compren:
 // Cambio Nodo4-Sevilla