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CUATRO ESTRELLAS D E L A P A N T A L L A E N MADRID NORMA TALMADGE, GILBERT ROLAND, NATALIA TALMADGE Y BUSlTER KEATON, E N UNA ROTATIVA D E A B C, DURANTE VISITA A LOS TALLERES D E PRENSA ESPAÑOLA. (FOTO V. MURO) SU der que se trataba de reivindicar a los gordos, a quienes se concedía la virtud de la apacibilidad y el privilegio irónico de un sentimentalismo fácil, empeorado por la voz de flauta jue suelen tener los varones de muchas libras. Quedamos en que, además, no les es ajena ninguna de las categorías humanas, ni la misma divinidad. Y acaso se haya comprendido ya la razón de la defensa que yo hago de ellos. Laboro por mi causa. Y no es que yo me encuentre en esa situación que obliga a res- pirar por la boca, a vestirse de obscuro, con que se afina la silueta, y a hacerse el distraído si a una señora se le cae el pañuelo, el bolso o el abanico, pues el agacharse ocasiona escandalosos arreboles faciales y tal vez la pérdida, con estallido, de un botón del chaleco. Yo me curo en salud. Pero así como el gentkman presume de viejo antes de que se lo llamen, permitidme daros mis excusas por la ampulosidad corpórea de que estoy expuesto a ser víctima. Porque es terrible lo que me sucede, mis bellas amigas. Voy a engordar por espiritualidad. Nunca fui comensal sino de sobremesa. Aceptaba y agradecía los banquetes en que 3 e huelen los vinos antes de beberlos, los manjares no ocultan la hermosura de la vajilla y todo se adereza con el diálogo discreto, la mejor salsa. Una comida de hombres a solas me parecía fatigosa, a no ser nostálgico yantar de condiscípulos o el hospitalario de un monasterio, como Santo Domingo de Silos, donde un benedictino sirve
 // Cambio Nodo4-Sevilla